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Proceso inmobiliario

La falta de uso intensivo de la tierra, una práctica muy común en barrios centrales de nuestra ciudad, es un mecanismo dañino para la economía de la metrópoli.

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Los proyectos arquitectónicos que se llevan a cabo en la Ciudad de México están relacionados directamente con el desarrollo inmobiliario. Incluso aquellos edificios o casas que no se construyen para ser vendidos o alquilados, forman parte inevitable del mercado de bienes raíces. El propietario de un terreno o de algún inmueble que pueda demolerse o adaptarse se verá inevitablemente envuelto, inconsciente o voluntariamente, en procesos inmobiliarios relacionados con la especulación urbanística.

Mantener cualquier casa o edificio cerrado, abandonado o utilizado al mínimo genera un mecanismo especulativo, debido a que atrae la atención de los promotores que se encuentran en busca de oportunidades para desarrollar sus proyectos inmobiliarios comerciales. Si ellos hacen una oferta de compra del inmueble o terreno, su intención eleva los precios de la tierra, independientemente de si el propietario la acepta o la rechaza. Al final, el propietario se posiciona cómodamente a esperar un nuevo plan urbano que recualifique su zona o la construcción de alguna obra de equipamiento o infraestructura que mejore las condiciones de su propiedad. Esto es especulación pura.

La falta de uso intensivo de la tierra, una práctica muy común en barrios centrales de nuestra ciudad, es un mecanismo dañino para la economía de la metrópoli. La tierra es un bien finito y limitado, y cuando hablamos de desarrollo inmobiliario es el insumo de mayor valor en toda operación de esta índole. Sin duda, es correcto que exista libertad para destinar la propiedad privada a lo que sus dueños decidan por el tiempo que deseen, pero debería de haber mayores incentivos de la autoridad en impuestos prediales y contribuciones al mejoramiento del espacio público para quienes decidan reactivar sus propiedades y no lo contrario.

Quien hoy emprende una operación inmobiliaria paga derechos por múltiples conceptos, como la factibilidad de la demanda de servicios, la mitigación ambiental por el potencial volumétrico de la construcción (la relación entre altura y áreas libres dentro del terreno), y compensaciones por impacto urbano.

Es sano para la ciudad que se cobren todos los derechos antes mencionados a quien planea hacer un negocio lucrativo, pero al mismo tiempo es inexplicable e injusto que se exente de dichos pagos a quienes deciden mantener ociosas sus propiedades. La política urbana de nuestra ciudad, que ha echado mano de mecanismos de desarrollo muy creativos como los polígonos de actuación, en los cuales se puede adquirir mayor potencial para un predio por parte de otro que no lo utilice, aún no tiene una postura clara para frenar la especulación y sus políticas actuales alientan a los propietarios a sentarse a esperar a que sus tierras aumenten de valor.

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