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Jueves , 21.06.2018 / 22:47 Hoy

Primeros auxilios para las abejas

El cuidado y protección de estos insectos himenópteros es vital en términos económicos y ecológicos; especialistas aseguran que más de 30% de lo que comemos es resultado de su labor polinizadora.

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Verónica Díaz

Los pacientes de estos especialistas se están muriendo. Bueno, en realidad, lo que sucede es que están desapareciendo, y con ellos se desintegra también la esperanza de que la especie humana permanezca por mucho tiempo más sobre la faz de la Tierra.

El panorama, aunque apocalíptico, brinda una dimensión especial a la labor de estos médicos, que por la emergencia que enfrentan parecen desarrollar su labor de manera similar a los que en las trincheras llevaban hasta el límite el juramento hipocrático, que en uno de sus fragmentos apunta: "En cuanto pueda y sepa, usaré las reglas dietéticas en provecho de los enfermos y apartaré de ellos todo daño e injusticia".

Los dolientes aquí son las abejas, y sus tratantes, médicos veterinarios de los mejor calificados en el mundo, porque al tratar a las abejas más agresivas que existen, las africanizadas, han desarrollado un sistema de revisión y manejo de una colmena en tan solo 30 segundos.

El diagnóstico es claro: además de las conocidas enfermedades propias de la especie, las abejas están experimentando algo que se conoce como Síndrome del Colapso de las Colonias, una problemática que ocurre por un conjunto de fenómenos sin que se haya detectado una causa en particular.

Vestida de blanco, con un traje que parece más de astronauta que de médico, la médico veterinaria zootecnista Adriana Correa, jefa del Departamento de Medicina y Zootecnia de abejas, conejos y organismos Acuáticos de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, explica que aunque se sigue estudiando el fenómeno, las causas más evidentes son: la contaminación medioambiental y el cambio climático, además de algunas enfermedades así como algunos parásitos que provocan varroasis y nosemosis, lo que genera estrés y muerte en las abejas.

"Se dice que desaparecen porque el cadáver no lo encuentras dentro de la colmena, no mueren ahí, abandonan reservas de alimento, cría, todo. Pero lo extraño es que tampoco las encuentras muertas en las áreas aledañas.

"Hay otra teoría medio loca que dice que los extraterrestres se las están llevando para estudiarlas por ser entes con una organización social muy específica...", dice la investigadora a quien la rareza del traje no le alcanza para adivinar los planes que se urden más allá de las estrellas.

I

Normalmente, cuando alguien dice veterinario, se imagina entre sus pacientes las especies básicas, como los animales de compañía: perro y gato, o los de granja: vacas, caballos y cerdos, acaso algún otro un tanto excéntrico como iguanas o serpientes. ¿Pero quién se encarga de curar a las abejas que son imprescindibles para el sustento humano?

"Las abejas son los mejores agentes polinizadores que existen. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) ha señalado que si la abejas llegaran a desaparecer, el hombre tendría problemas de subsistencia en un lapso tan corto como tres años, pues se estima que 30 por ciento de lo que comemos las personas es polinizado directa o indirectamente por ellas.

"Igualmente, son primordiales para la cadena alimenticia en México, pues más de 70 productos agrícolas son polinizados por ellas. No se tiene una estimación confiable del aporte económico por el concepto de polinización en nuestro país, pero me arriesgo a decir que tiene alrededor de unas nueve o 10 veces más que el valor económico de la propia producción de miel".

Habla el maestro en ciencias, médico veterinario y zootecnista, Daniel Prieto Merlos, responsable de la sección de la misma Facultad universitaria dentro del Centro de Educación Ambiental Acuexcomatl, ubicado en la zona lacustre de Xochimilco, un espacio abierto al público en general, donde también se realiza investigación científica.

Seductores como son, estos insectos han atraído la atención de célebres estudiosos, sea por su perfecta organización social y laboral o por la precisión geométrica de las celdas en que crían a sus larvas o almacenan la miel, que son de forma hexagonal y cuyos lados mantienen ángulos perfectos de 30 grados. Esto ya había llamado la atención de Pappus, el matemático de Alejandría que redactó el ensayo "La sagacidad de las abejas", o del mismo Charles Darwin, que menciona este texto en El origen de las especies.

Esta perfección fue estudiada por el naturalista Giacomo F. Maraldi, que fue el primero en medir los ángulos de los rombos de la base del panal, así como por otros renombrados estudiosos como René Reamur y Samuel Koenig.

Por donde quiera que se les mire son criaturas fascinantes: una abeja obrera vive en promedio 45 días, mientras una abeja reina dura hasta cinco o seis años y pone entre mil 500 y dos mil 500 huevos al día. Una colmena contiene una colonia con alrededor de 80 mil abejas, 10 por ciento de esa población son zánganos. Las colmenas de los apiarios como el de la UNAM, son tipo jumbo, están hechos de madera y contienen 10 bastidores, sobre los cuáles estos insectos fabrican sus celdas en las que realizan diversas tareas: depositan sus reservas de polen y miel, cuidan a sus crías (en sus diferentes fases: huevo, larva, prepupa y pupa).

Tardan poco menos de una semana en llenar un bastidor de miel, lo que equivale a dos kilos del también llamado oro líquido, la cosecha de este líquido se hace dos veces al año y en cada una de ellas producen de 27 a 30 kilos de miel por colmena en esta zona.

Durante la visita de Dominical MILENIO al apirario de Acuexcomatl, se pudo apreciar la más delicada muestra de comunicación entre las abejas. El maestro Daniel Prieto, vestido con su traje de apicultor para evitar picaduras, muestra una abeja obrera que en su tercer par de patas porta granos de polen y realiza una danza, una especie de vibración rítmica, mientras recorre el bastidor plagado de compañeras obreras.

"Esa danza implica la comunicación de las fuentes de polen a las demás abejas pecoleadoras o recolectoras", describe Prieto.

II

Cada año egresan poco más de 600 veterinarios de la Facultad de veterinaria de la UNAM y tres o cuatro de ellos están especializados en abejas, lo cual no es un asunto menor ante el hecho de que esta Facultad se ubica entre las primeras 22 escuelas de su tipo en el mundo.

Esta carrera profesional se cursa en cinco años, más uno de titulación. Alguien que se especialice en abejas, que pueda manejarlas, diagnosticarlas y tratarlas, requiere no menos de nueve años de estudio, como es el caso de Nadia Albor Juárez, quien después de haber terminado su carrera y por un lapso de hasta dos años, fungirá como ayudante en Acuexcomatl.

Ahí, entre otras actividades colabora en la divulgación al recibir a estudiantes desde el nivel kínder, pasando por universitarios y estudiantes de posgrado para mostrarles los secretos de una colmena detrás de un cristal.

Laura Yavarik Alvarado, una pasante de esta carrera, recientemente regresó de una estancia realizada en la Universidad de Guelph, en Ontario, Canadá, donde permaneció durante medio año en el peor invierno de aquél país con temperaturas de menos 37 grados centígrados. Trabajó realizando diagnóstico de enfermedades virales en abejas y dando capacitación en diferentes técnicas de diagnóstico en laboratorio.

Las líneas de investigación en la UNAM en torno a esta especie incluyen Mejoramiento genético, Patología apícola, Reproducción y Producción, así como comportamientos y resistencias a enfermedades. De esta labor se benefician al menos los 120 apicultores del Distrito Federal que se encuentran en delegaciones como Tláhuac, Milpa Alta, Tlalpan, Cuajimalpa y Xochimilco, que poseen en promedio 50 colmenas cada uno.

Explica la doctora Correa: "Nosotros tenemos contacto con los apicultores, en su mayoría campesinos y personas de pocos recursos económicos; trabajamos con ellos directamente para darles asesorías técnicas, pero a la vez tenemos la oportunidad de conocer los problemas que ellos enfrentan".

De este modo es posible determinar que además del Síndrome del Colapso de las Colonias, las enfermedades más comunes de las abejas se deben a parásitos, hongos y bacterias que las atacan, afectando profundamente la producción de miel.

"Cuando ya se tiene el diagnóstico de una enfermedad, se debe analizar qué tan afectada está la colonia para saber si tratas con medicamento o lo resuelves con manejo, es decir si cambias los bastidores, si controlas la temperatura y humedad, si relevas a la abeja reina, porque 80 por ciento de los padecimientos se pueden controlar así, lo que implica un mínimo de medicación de las abejas", explica la maestra Adriana Correa.

En caso de utilizar un medicamento, se puede aplicar por tiras (como el caso de Tao-fluvalinato para el ácaro conocido como varroa) que se dejan dentro de la colmena hasta por 60 días, entonces las abejas se medican por contacto. También se usan jarabes, mezclados con agua y azúcar, que ellas beben o con pastas que roen. Sin embargo, un químico puede afectar la calidad de la miel, por eso ahora se están usando tratamientos orgánicos como aceites, polvos o plantas naturales, que todavía requieren pruebas en campo.

De todos los males de las abejas, la africanización es lo que se considera el problema con más consecuencias para la apicultura mexicana. Antes de 1986 —en que se escaparon 27 enjambres de abejas africanas, durante un experimento en San Paulo, en Brasil—, México ocupaba el primer lugar en producción de miel, por aquel entonces las abejas eran solamente europeas, que por sus características tienen ser más dóciles y almacenan más producto.

Hoy, nuestro país todavía está posicionado entre los primeros lugares. Según datos de la División estadística de la FAO correspondientes a 2011 y 2012, México ocupa el séptimo lugar mundial en producción y el quinto en exportación de miel, superado por China, Argentina, India y Vietnam. La región de la Península de Yucatán produce 50 por ciento de la miel que se va al extranjero, y la Unión Europea compra 75 por ciento de nuestra producción.

Ante ello, la labor de estos paramédicos de las abejas es muy importante. La doctora Adriana Correa lo define así: "La gente piensa que nosotros producimos miel, yo no hago eso, yo soy el médico de las abejas, mi labor es darle al productor abejas que estén sanas, productivas y manejables, para que su miel, el polen, la jalea real y la cera que comercializa sean de calidad".

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