En primera persona

El periodismo de Jorge Ibargüengoitia da siempre en el blanco y queda como ejemplo de contundencia y concisión, como se muestra en las páginas de este libro que le rinde homenaje en su trigésimo ...

Ciudad de México

El trabajo periodístico de Jorge Ibargüengoitia tiene dos escenarios fundamentales: el diario Excélsior y la revista Vuelta. Lo que en esos medios escribió entre 1968 y 1983 fue compilado por él mismo en los libros Viajes en la América ignota y Sálvese quien pueda; tiempo después Guillermo Sheridan tomó el relevo de la compilación en Autopsias rápidas, Instrucciones para vivir en México y La casa de usted y otros viajes y, por último, Aline Davidoff y Jesús Quintero reunieron sus materiales en Misterios de la vida diaria, ¿Olvida usted su equipaje? e Ideas en venta.

A partir de esos ocho libros, advierte una nota a pie de página, se ha hecho la antología Recuerdos de hace un cuarto de hora. Crónicas en primera persona (Universidad Diego Portales, 2013), una excelente vía de entrada al mundo de un escritor que todo lo vio con asombro y escepticismo, con ironía e indudable lucidez.

La selección es de Rafael López Giral y el prólogo de Álvaro Díaz, conocedor y entusiasta de la obra de Ibargüengoitia, a quien llama “un retratista eficiente y genial”.

En sus textos periodísticos, Ibargüengoitia se ocupa, sobre todo, de la cotidianidad circundante. “Alejado de los grandes temas —escribe Díaz—, contaba lo que veía con prolijidad, irreverencia, puntos de vista y ausencia de culpa, siempre en primera persona. La numeración arbitraria de las casas en urbanización descuidadamente planificada, la pillería de un mendigo desdentado, las cavilaciones de un conferencista, los patanes funcionarios del PRI, las conversaciones rituales y planas —claramente distinguidas en su clasificación— o las miserias de un viaje por invitación son la carne de su literatura. Todo heroísmo, vocación de servicio público y alta virtud eran fuentes de su absoluta sospecha. Las buenas intenciones expuestas en voz alta y con signos de exclamación no suponen en la escala de valores ibargüengoitiana más que una dimensión superior de la vanidad. Execraba las lecturas obligatorias, la literatura llamada ‘infantil’ —aunque escribió para niños, entre ellos el notable ‘Cuento de los hermanos Pinzones’— y al Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias por razones que presumo pero no puedo asegurar. Sus convicciones políticas eran limitadas y concretas, y no hay atisba de ideología en sus textos”.

El periodismo de Jorge Ibargüengoitia da siempre en el blanco y queda como ejemplo de contundencia y concisión, como se muestra en las páginas de este libro que le rinde homenaje en su trigésimo aniversario luctuoso.