ENTREVISTA | POR REDACCIÓN

Alberto Ruy Sánchez Escritor

Alberto Ruy Sánchez, editor de Artes de México, estuvo de visita en Guadalajara dentro del marco de un encuentro de Humanismo organizado por el Iteso, en donde presentó su más reciente libro Quinteto de Mogador editado por Alfaguara.

“Mi principal preocupación es encontrar mi voz narrativa”

Alberto Ruy Sánchez, escritor
Alberto Ruy Sánchez, escritor (Especial)

Guadalajara

¿Cómo deben entender los lectores su nuevo libro Quinteto de Mogador?

Como un libro en cinco partes, cuatro capítulos y uno complementario. El libro lo fui publicando en mi blog, poco a poco y con el tiempo el público se fue metiendo en su elaboración. Al ver el volumen todo junto ofrece un panorama distinto, además de que tiene textos que no vienen en las partes anteriores, se hace más evidente la perspectiva y la progresión que hay de un concentrado muy poético, como en Los nombres del aire, que es casi un ensayo sobre el amor, una novela sobre el tacto con la que termina el libro.

Usted ha mencionado que parte del libro está inspirado en sus experiencias personales

Sí son más de 40 años en los que he trabajado este proyecto, durante todos los días. La primera impresión salió en el 1987 y esta última parte en 2007. Aparecen anécdotas del viaje que hice a África, en la modalidad que los franceses llamaban cuarta clase. Eso te da la oportunidad de vivir muchas cosas inesperadas. Después fue muy impactante escuchar a los cuentacuentos tradicionales en las plazas de Marruecos o ver las cabras negras sobre los árboles, son cosas que realmente me produjeron asombro. Una de mis principales preocupaciones es enriquecer la experiencia de escritor, el reto principal es encontrar mi propia voz narrativa.

Algunos han cuestionado en su obra cuál es el concepto o idea que hay entre ética y estética

Yo creo que la vida no está hecha de reglas que se obedecen, sino que está hecha de paradojas. No me gusta que me clasifiquen. Por ejemplo no me gusta que me inviten a esos foros de literatura erótica, porque creo que yo no escribo sobre placer, sino que trato de realizar una búsqueda y una exploración sobre el deseo.

El quinteto de Mogador plantea la pregunta ¿Es posible el paraíso?... ¿Cuál es la respuesta a esta pregunta? 

En las cuestiones morales, lo que regla que se debe aplicar es  que debes crear para hacer lo mejor posible en cada una de las circunstancias, pero eso lo ganas y lo pierdes. Hay otra dimensión que tiene que ver con el relato: mi abuelo que era un hombre muy religioso nunca me obligo a nada, él se despertaba, iba a misa, regresaba con un ramo de flores para mi abuela, le preparaba un café. Cuando estaba enfermo a punto de morir, todos los recuerdos que le llegaban, no eran episodios dolorosos, ¿cómo haces para que cuando lleguen este momento, si tienes el privilegio de recordar, no sientes tormento? Yo creo que ese es el paraíso.

¿En qué proyectos está trabajando actualmente y cuál es su plan de difusión?

Respecto a la difusión vendré a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara a presentar Quinteto de Mogador. En relación a otros proyectos recién publiqué también el Elogio del insomnio y tengo un libro de poemas que es una exploración que he hecho durante tres año sobre el placer de “despertar juntos”, de investigación de lo que esto significa se llama La luz del colibrí, que hace referencia a un verso de José Ángel Valente que dice: La pequeña luz/ de los colibríes en las ramas/ del amanecer. Bebían la flor, bebían/ su naturaleza en ella. Y la flor despertaba, súbita/ en el aire/ encendida/ incendiada, embebida en alas

Quinteto de Mogador

Seis. Torbellino en el vacío

Después de Maimuna cuando la felicidad de conocerla fue vencida por la certeza de su ausencia, quedé en un estado de gran vacío que todavía me domina. Más de una vez también vino sin que la invocara.
Iba caminando por la calle y de golpe se instalaba ante mis ojos, desnuda, empapada, como cuando nos bañamos juntos. Y si cualquier tarde hacía un poco de viento, su respiración alterada en mi oído, mientras nos amábamos, era más real que yo mismo. Y con el frío me llegaba la imagen de Maimuna desnuda, sentada en el mármol del baño del primer hotel en el que estuvimos juntos.

Maimuna me había dejado hundido en un delirio por ella. En todo y en todos quería encontrarla. Y fue así como entré en un torbellino de posesiones que a ratos parecía completamente caótico y a ratos obedecía a una geometría perfecta. Entre un extremo y el otro me vi aceptando una buena cantidad de tentaciones. El erotismo y su posición parecían ayudarme a conjurar la melancolía, cuando no me hundía un poco más en ella. 

Hacer el amor con Maimuna, que en ciertos momentos era como hacer el amor con la luz más intensa del universo, me dejó con la sensibilidad alterada hacia la luz del día. Un pequeño rayo de sol se me volvía todo un relámpago. Todo lo que sucedía en el cielo era el lenguaje de mis deseos, las nubes mis tatuajes al viento. 

También es cierto que los Sonámbulos se convierten algunas veces en pararrayos de los deseos dispersos en el mundo. Porque la tierra está cubierta por una atmósfera caprichosa de deseos. Hay grandes corrientes de deseo que recorren el mundo, tormentas, ciclones, torbellinos, precipitaciones escasas o exageradas. Hay algunas veces una gran clama en los deseos. Pero nunca dura.