“Me preocupa el infierno de la repetición”: Juan Villoro

“Mi discurso de ingreso es sobre la influencia de Ramón López Velarde en la narrativa”, dijo el escritor y periodista.
Será miembro de la institución junto a su padre, don Luis Villoro.
Será miembro de la institución junto a su padre, don Luis Villoro. (Claudia Guadarrama)

México

Desde sus años preparatorianos, Juan Villoro tiene una relación muy estrecha con El Colegio Nacional, cuando tuvo la oportunidad de escuchar a personajes como Salvador Elizondo, Octavio Paz, Jaime García Terrés y, por supuesto, el filósofo Luis Villoro, su padre, a quien se unirá a partir de hoy como miembro de la institución.

“Por primera vez hay un padre y un hijo, gracias a que los dos hemos vivido bastante. El otro día, mi padre estaba sumamente burlón respecto a tener un hijo de la tercera edad, puesto que estoy a punto de entrar en esa categoría, lo que ha permitido que se dé esta circunstancia: hubo hermanos o esposos, pero es la primera vez que hay un padre y un hijo, lo que desde luego es significativo por el cariño que le tengo a mi padre, por lo mucho que admiro su trayectoria.”

Don Luis Villoro ya se encuentra un tanto alejado de la institución, por su misma edad, sin embargo, más allá del honor que representa el pertenecer a El Colegio Nacional, el escritor y periodista no deja de reconocer que se trata de un espacio de trabajo centrado en el género de la conferencia, “uno de los más ricos y no siempre reconocidos de la cultura.”

“La gente suele pensar que lo que se escucha en una conferencia perece de inmediato, pero yo recuerdo cosas oídas hace 20 años en conferencias que marcaron mi vida”, asegura el escritor, quien fue propuesto por Rubén Bonifaz Nuño, Antonio Alatorre y Ramón Xirau para ingresar a la institución, inaugurada el 15 de mayo de 1943.

Para el autor de títulos como El disparo de Argón, Arrecife o El testigo, una de las características de la institución es que permite adelantar o presentar los asombros, los enigmas y los desafíos de su propia disciplina, pero en especial el tratar de meter en circulación ciertas ideas que forman parte de una mesa de trabajo, pero que ahora pueden llegar al público que lo escuche.

“Mi discurso de ingreso es sobre la influencia de Ramón López Velarde en la narrativa: se sabe de manera amplia de sus contribuciones a la poesía, es el autor más leído y discutido de México, pero se ha reparado menos en su impacto en la narrativa.  “Escribí la novela El testigo, que tiene que ver con la figura de López Velarde, pero también me interesa reivindicar a la prosa como una forma del discurso poético; algunas de las mejores páginas del idioma se han escrito en prosa, si pensamos en Onetti, en Rulfo, en Borges o en Cervantes mismo.”

Para Juan Villoro la literatura y el periodismo son actividades indisociables, de ahí su interés por abrirle un espacio de reflexión a la crónica desde El Colegio Nacional, donde se aborde desde los Evangelios hasta cronistas contemporáneos, porque se trata de un espacio que también debe contribuir a la reflexión “sobre esa forma tan angustiada y presionada del arte que es el periodismo”.

“Me preocupan algunas cosas, una muy marcada es el infierno de la repetición. A todo autor le sucede, por prolífico que sea, que de pronto se le empieza a acabar la fuente: las fuentes no son inagotables.

“Surge el fantasma de copiarnos a nosotros mismos. Un desafío muy grande es el de evitar esa reiteración... Recientemente incursioné en el teatro, un riesgo diferente, y es también una manera de ponerme a salvo de decir lo mismo”, confiesa Juan Villoro.

Pero si de géneros se trata, también hay algunas decisiones que se convirtieron en dogma en el desarrollo profesional del escritor, como “no escribirás poemas”: es un lector permanente, porque no se siente con facultades para escribir poesía: “no se puede escribir de todo, ya bastante disperso soy”.

Ceremonia de ingreso de Juan Villoro a El Colegio Nacional: hoy, a las 19:00 horas, en el Aula Mayor de la institución. El discurso de ingreso será contestado por Eduardo Matos Moctezuma.