El premio más importante del arte y sus episodios incómodos

De vacas congeladas en contenedores gigantes a cuadros hechos con excremento de elefante o habitaciones vacías, estos son algunos ganadores polémicos del premio Turner. 

Ciudad de México

En 32 años, el premio Turner se ha consolidado como el más importante —y popular— del arte contemporáneo. Su inventario de galardonados incluye a artistas que hoy exponen su obra en las galerías más importantes del mundo —en 1991, Anish Kapoor, cuya obra aún se expone en el MUAC, obtuvo el premio por A Wing at the Heart of Things, una pieza amorfa pero plana, cubierta con un pigmento azul intenso que sugería una profundidad infinita del espacio.

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Sin embargo, el Turner también se ha convertido en un escaparate de la controversia. Entre las obras que han sido reconocidas hay animales capturados en formaldehido, camas desaliñadas, cuadros hechos con excremento de elefante y culos gigantes.

El malestar tiene una razón: el premio consiste en 40 mil libras que se reparten entre el ganador —quien recibe 25 mil— y los tres finalistas restantes —5 mil cada uno— y una exhibición en la Tate Modern.

Estos son algunos de los ganadores y nominados más polémicos en la historia del premio Turner:

El arte también ¿se sueña?

Antes de terminar el milenio, la excéntrica Tracy Emin fue una de las finalistas de la edición de 1999. Fiel a su carácter, la artista presentó una instalación, atrevida y desconcertante: una cama deshecha, con cajetillas de cigarros, condones y botellas vacías de vodka en un costado. Créanlo o no, en 2015 la pieza se vendió en 2.2 millones de libras.


¿Y dónde está la obra?

En 2001, los espectadores se encontraron con una obra que parecía invisible. No era el caso. En realidad, Work No 227 The lights going on and off, de Martin Creed, consistía en una habitación vacía en la que las luces se apagaban y se encendían en intervalos de cinco segundos. Hubo quien consideró aquello un desperdicio de dinero.


Si uno no es suficiente, prueba con dos

Damien Hirst es, quizá, el artista británico más mediático. En 1992 había sido nominado al Turner por presentar a un tiburón inmóvil en una gran pecera llena de formaldehido. No ganó aquella vez, pero tres años después lo volvió a intentar con una pieza similar: en dos contenedores colocó a una vaca y a un ternero, del mismo modo que hizo con el tiburón. Esta vez, Mother and Child, Divide —como tituló a su obra— le valió el premio.



¿Si es una película, por qué no se mueven?

Originaria de Birmingham, Gillian Wearing ganó el premio en 1997 por una videoinstalación en la que filmó a 26 actores vestidos como policías, que posaron inmóviles ante la cámara durante una hora. 


Algo huele mal...

En 1998, el artista británico Chris Ofili  ganó el premio con una pintura y el jurado fue acusado de tradicionalista —en 12 años, no se había premiado al arte pictórico. No obstante, la aparente sencillez era el menor de los problemas. La obra de Ofili estaba hecha con excremento de elefante, lo que, obviamente, causó la repugnancia de los críticos.  Sus cuadros, por cierto,  se han llegado a subastar hasta en 2.9 millones de libras.


El camino a la gloria

En la edición más reciente, la londinense Anthea Hamilton fue nominada por su exposición Lichen! Libido! Chastity!, en el Sculpture Centre de New York. Entre las piezas que expone, llaman la atención dos manos que parecen abrir gloriosamente un par de nalgas que irrumpen en un muro de ladrillos.



Hablar de arte contemporáneo supone, siempre,  un debate ineludible. Pero eso es, quizá, lo más sano que puede suscitar. Después de todo, uno de sus estandartes es cuestionar al arte mismo.


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