Tiro con arco, el largo camino del kyudo

Aumentan los practicantes mexicanos de esta disciplina, una de las más elevadas en la formación de los antiguos guerreros japoneses, pero en la cual lo importante no es ganar.

México

Ataviados a la usanza samurái, los kyudokas mexicanos reviven un arte marcial japonés tradicional que busca el desarrollo mental y espiritual del practicante. Acertar con la flecha en el mato o diana no es el objetivo principal, sino el último de todos, y se consigue después de la práctica constante de una especie de danza, que transforma el interior de quien la realiza pero también de quien lo observa.

"Para practicar el Kyudo hay que soltar el anhelo del objetivo concreto y, en su lugar disfrutar del proceso de los movimientos, este proceso implica aprender a ser consciente de tu cuerpo, de tu mente y tu respiración. Despertar para poder conocerte; es un camino de conocimiento y desarrollo personal", explica el maestro fundador de la escuela de este deporte en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ali Zolfaghari.

En este Zendo Teotihuacán se practican Chi kung, Za-zeng, acupuntura y esta técnica

Este iraní nacionalizado mexicano, quien practica kyudo desde hace 20 años, dice que se calcula que en el mundo hay medio millón de practicantes, hombres y mujeres, que comienzan a partir de los 12 años edad, mientras que en México son aproximadamente 100 ejecutantes, un número que va en aumento.

Leodegario Vera González, es uno de ellos, los últimos ocho años de los 73 que tiene de vida, los ha dedicado a esta práctica: "Siempre quise hacer algún arte marcial de jovencillo, pero nunca me fue posible. Al lugar donde hago meditación Zen llegó un maestro y se ofreció a enseñarnos. Decidí practicarlo porque me gustó, porque le he encontrado que hay algo espiritual en él y cuando a uno se le acumulan las décadas, uno empieza a buscar otras formas de vida, otros caminos. Yo he ido encontrando el mío, bueno eso creo, pero si no es así, tengo aproximadamente hasta el 2040 para encontrarlo, ¿no?", dice entre risas.

Aunque jubilado ya, don Leo trabaja toda la semana en su negocio y los domingos "como reloj inglés" —dice su yerno Alejandro Márquez García— se levanta a las 5 de la mañana y se prepara para su entrenamiento; revisa su uniforme perfectamente planchado, su arco y sus flechas. Sale a las 6 de la mañana de su casa en Ciudad Azteca y maneja su auto hasta San Juan Teotihuacán, donde hace ocho años se fundó uno de los pocos kyudojos o lugar de práctica que hay en el país.

Esta mañana, el ritual de todos los domingos ha variado un poco, se salpimienta con un poco de ansiedad y adrenalina porque don Leo participará en el Torneo de Primavera 2015, que organizó Zendo Teotihuacán, "son sentimientos encontrados, por un lado me emociona la competencia, por otro lado debo ser consciente de que lo importante en realidad radica en mi propio avance", dice el practicante mientras revisa sus aditamentos.

EL CAMINO

El sonido de la campana estilo japonés de media tonelada de peso se difumina en el valle como una bienvenida simbólica que el Dojo brinda a este guerrero, el más grande de edad de los que practican en el Zendo Teotihuacán, y uno de los más disciplinados también.

Zendo Teotihuacán es un sitio fundado por el doctor Sergio López Ramos. Aquí se practica Chi kung y Za-zen, se enseña y se aplica acupuntura, también se practica kyudo. Todas estas son vías hacia una vida menos caótica y desequilibrada, con lo que se busca que sea sin enfermedad.

A la convocatoria lanzada por la senpai de este kyudojo, Tania López, asistieron 21 kyudokas provenientes de lugares como la UNAM, Pachuca y Teotihuacán; hombres y mujeres de diferentes edades, profesiones e intereses, pero todos trabajan desde temprano en equipo para alistar el Shajo (zona de disparo) así como el Matoba o azuchi, el sitio donde están las dianas a las que deben acertar los tiradores; a lo lejos se alcanzan a distinguir las pirámides del Sol y la Luna.

El origen de esta disciplina en Japón es milenario, pero fue en el siglo XVII, en tiempos de paz en aquellas tierras, cuando la arquería pasó de una técnica marcial a una disciplina de desarrollo personal, una vez que las armas de fuego desplazaron a los arcos y los samuráis perdieron presencia convirtiéndose, muchos de ellos, en místicos. Después de la Segunda Guerra Mundial, éstas y otras artes marciales fueron prohibidas por las fuerzas de ocupación estadunidenses, pero se volvieron a autorizar en 1949, entonces se fundó la Federación Japonesa de Kyudo. A México llegó en el año 2000.

Dice el maestro Eduardo Tapia que "el arco es muy singular, en el sentido de que es el más largo con el que se practica en el mundo. Dicen algunos maestros que representa nuestra columna vertebral y también se dice que el mato, o diana como le llaman en español, es un espejo de nosotros, de cómo estamos en el momento que tiramos".

Don Leo confiesa que "cuando me gana mi mente de principiante me siento un samurái, pero no, yo soy una orgullosa mescolanza muy rica entre totonaco y mexica. Soy un guerrero mexicano en busca de su camino".

En algún momento de la mañana y sin que nadie haya dado orden alguna, todos comienzan a vestirse: "El uniforme —dice el maestro Ali Zolfaghari— forma parte de la disciplina, del respeto a las cosas que realizas. ¿Sales a la calle con un pijama?, ¿no verdad? Pues aquí es lo mismo y con este traje respetamos el ritual de todos, al equipo, porque todos estamos vestidos de la misma manera".

La competencia se califica de manera individual y también por equipos, por lo que esta mañana habrá siete equipos de tres tiradores. El trabajo en conjunto implica un respeto profundo por el otro, de tal manera que un arquero debe darse cuenta del equilibrio en su grupo, entonces su tarea personal implica desafiar y cambiarse a sí mismo, en lugar de pretender modificar al equipo.

"No sé si me quieras creer, pero no me importa ganar o perder, de verdad. Sí me da un poco de nervios, pero lo que me interesa es poder observar mi propio avance. Cada año, por ejemplo, hacemos una práctica de 100 tiros o cinco horas seguidas de práctica, para mí es muy difícil y sé qué lugar ocupo entre todos, pero me propongo hacerlo, no por aguantar o ganar, sino porque es importante para mi disciplina y mi avance muy personal.

"Aquí lo importante no es ganar. Fíjate, se cuenta que en el Japón antiguo los samuráis realizaban una competencia de hasta 10 mil tiros, se daba el caso de algunos que en algún momento de la competencia necesitaban ser desangrados en la parte de los hombros por el dolor e hinchazón que tenían. Se cuenta de un par de guerreros que estaban haciendo esto, uno de ellos era más hábil que el otro, su contrincante llevaba menos tiros y ya estaba muy mal, el primero paró, sacó su daga y le hizo una incisión para aliviar el dolor del otro para que juntos completaran su práctica".

LA DANZA

La senpai Tania López se proyecta desde el momento en que se para, alista su arco y se concentra para tirar: se puede observar en ella una admirable quietud interna, pero a la vez una ilimitada fortaleza en sus ojos que parecen guiar el trayecto de sus flechas.

Los ocho movimientos básicos que se realizan para tirar la flecha con el yumi o arco son: 1) Ashibumi o pararse con las piernas abiertas y las puntas de los pies ligeramente hacia afuera. 2) Dozukuri, la espalda bien erguida y el arco apoyado sobre la rodilla. 3) Yugamae o preparación del arco, que consta de otros tres movimientos: Torikake o tomar la flecha; Tenouchi o alistar el agarre del arco, y Monomi o revisar con los ojos que la cuerda y la flecha se encuentre en optima condición para realizar el disparo, seguir con la vista la flecha y después observar el mato o diana.

Le siguen el 4) Uchiokoshi, elevar el arco. 5) Hikiwake, apertura del arco. 6) Kai, mantener la tensión. 7) Hanare (soltar la flecha) o tiro, y 8) Zanshin, observar el lugar en el que cayó la flecha, sintiendo la expansión de los brazos.

"Estos pasos —dice López— los vamos a hacer siempre, de lo que se trata es de perfeccionarlos y hacerlos naturales, pues reflejan el estado mental y emocional del kyudoka o arquero y se considera que el Kyudo es una danza —dice López— porque hay que mantener la elegancia y la precisión de los movimientos; para esto se requiere concentración y entrenamiento.

"Se entiende como una danza por su elegancia, para que quien ve al kyudoka y escuche el sonido (tusurne) de la cuerda del arco, escuche y vea algo ameno, sienta paz y tranquilidad. Muchas veces, por el sonido de la cuerda, que cuando suena mal le llamamos chanclazo, uno se da cuenta que quizá está apretando mucho la mano derecha o está muy tenso al hacer los movimientos".

Una de las cosas que más ha aprendido Leodegario Vera es precisamente la suavidad de este arte. "Si se observa la mayoría de los movimientos son lentos, suaves, y esto yo lo llevo a la práctica con las personas y en la vida cotidiana. Trato de que mi forma de ser con ellas sea de tal manera que ellas tengan confianza, trato de aplicar la suavidad, casi con todas, incluso con las que son calascalosas. Siento que me ha dado resultado porque aunque quizá no soy una persona exitosa, sí soy feliz".

"Esa forma de conducirme me ha dado muchas cosas positivas, menos estrés, salud y hasta creo que me ha salvado la vida. Una vez me asaltaron, me quitaron el coche pero no la vida. Los asaltantes me sacaron una pistola y me golpearon, uno me dijo que me bajara el otro que me recorriera, me pegaron, pero yo les hablé con suavidad. No recuerdo qué les dije, pero sí que les hablé con suavidad y que no me resistí, cuando me di cuenta ya estaba abajo del coche y ellos se fueron huyendo. Todavía decidí caminar varias cuadras hasta llegar al trabajo para tranquilizar el susto. Cuando llegué, mi esposa me vio tan tranquilo: 'No, no te creo ¿cómo es que estás como si nada?', me dijo".

Cada uno de los 21 practicantes ha hecho cuatro tiros en cada una de sus tres rondas, lo que da un total de 252 tiros en cuatro horas aproximadamente. Al final de la competencia se coloca una sola diana, se le conoce como Kin mato o mato de oro, y es considerablemente más pequeño que los anteriores. Cada persona hace un tiro hasta que alguien acierte. Pero ni en la competencia ni en este último tiro don Leo acertó una sola vez.

Atrás se hace el reconocimiento a los ganadores y mientras don Leo felicita a sus compañeros responde: "No importa. Un diamante se forja a base de golpes, yo como una de estas piedras preciosas me siento más duro cada vez. A lo mejor cada que no lo pego es un golpe para mí, pero vamos, lo aprovecho para hacerme más duro, bueno entre comillas porque ya dije que procuro ser suave ¿no?