Cuatro poetas palestinos

El asedio, la devastación y la muerte son experiencias que suelen proyectarse en la escritura. Cercados durante años por la guerra, estos escritores han volcado algo de su angustia en la poesía. ...
Poetas
(Cortesía)

Ciudad de México

El hombre ahorcado

Salim Yubrán

Un hombre ahorcado

es el mejor juguete,

la mejor distracción para los niños

que se ofrece en los zocos.

Pero no… No es en el zoco

donde se vende ya…

Se terminó hace días… No lo busquéis.

Que lo comprendan vuestros hijos:

Se terminó hace días.

¡Ay, almas de los muertos

en los presidios nazis!

No es un judío en Berlín

ese hombre ahorcado.

Es un árabe de mi pueblo, como yo,

ese hombre ahorcado,

al que ahorcan vuestros hermanos…

Perdón… Al que ahorcan las sombras de los nazis

en Sión

¡Ay, almas de los muertos

En los presidios nazis!...

¡Si supierais, vosotras!... ¡Si supieras!...

Salim Yubrán. Nació en 1938. Tiene una obra extensa de la que destaca Poemas sin residencia definida (1970), que concentra las señas de su estilo: la frase directa, el desdén por la retórica y todo artificio. Fue director de la revista Al–Gad, una referencia para comprender el pasado y el presente de Hayfa.


Carnet de identidad

Mahmud Darwish

Escribe

que soy árabe,

y el número de mi carnet es el cincuenta mil;

que tengo ya ocho hijos,

y llegará el noveno al final del verano.

¿Te enfadarás por ello?

Escribe

que soy árabe,

y con mis camaradas de infortunio

trabajo en la cantera.

Para mis ocho hijos

arranco, de las rocas,

el mendrugo de pan,

el vestido y los libros.

No mendigo limosnas a tu puerta, ni me rebajo

ante tus escalones.

¿Te enfadarás por ello?

Escribe

que soy árabe.

Soy nombre sin apodo.

Espero, pacientero, en un país

en el que todo lo que hay

existe airadamente.

Mis raíces,

se hundieron antes del nacimiento

de los tiempos,

antes de la apertura de las eras,

del ciprés y el olivo,

antes de la primicia de la yerba.

Mi padre...

De la familia del arado,

no de nobles señores.

Mi abuelo era un labriego

sin títulos ni nombres.

Mi casa es una choza campesina

de cañas y maderos,

¿te complace?...

Soy nombre sin apodo.

Escribe

que soy árabe

que tengo el pelo negro

y los ojos castaños;

que, para más detalles,

me cubro la cabeza con un velo;

que son mis palmas duras como la roca

y pinchan al tocarlas.

Y me gusta el aceite y el tomillo.

Que vivo

en una aldea perdida, abandonada,

sin nombres en las calles.

Y cuyos hombres todos

están en la cantera o en el campo...

¿Te enfadarás por ello?

Escribe

que soy árabe;

que robaste las viñas de mi abuelo

y una tierra que araba,

yo, con todos mis hijos.

Que solo nos dejaste

estas rocas...

¿No va a quitármelas tu gobierno también,

como se dice...?

Escribe, pues...

Escribe

en el comienzo de la primera página

que no aborrezco a nadie,

ni a nadie robo nada.

Mas que, si tengo hambre,

devoraré la carne de quien a mí me robe.

¡Cuidado, pues!...

¡Cuidado con mi hambre y con mi ira!

Mahmud Darwish. Nació en 1941. Sus libros no solo contienen referencias del mundo islámico sino también del imaginario cristiano. Once astros (1992), uno de sus poemarios más celebrados, funde lo nacional con lo universal hasta convertir el presente en una suma de la experiencia humana.


Con los dientes

Tawfiq Zayyad

Con los dientes.

Defenderé cada palmo de tierra de mi patria.

Con los dientes.

Y no aceptaré otro en su lugar.

Aunque me dejen

Colgando de las venas de mis venas.

Aquí sigo.

Esclavo de mi afecto… A la cerca de mi casa.

Al rocío… Y a la frágil azucena.

Aquí sigo.

No podrán derribarme

todas mis cruces.

Aquí sigo.

Teniéndoos… Teniéndoos… Teniéndoos…

En mi regazo

Con los dientes.

Defenderé cada palmo de tierra de mi patria.

Tawfiq Zayyad. Nació en 1922 y murió en 1994. Comunista en su juventud, fue alcalde de Nazareth. Su informe sobre las condiciones miserables en las que vivían los presos árabes en Israel sacudió al Consejo de Seguridad de la ONU en la década de los ochenta.


Mil

Ibrahim Tuqán

Hay un número negro que no es trece,

pero que le supera en fechorías:

Es el número mil. Nunca se ha golpeado

con tanta y tanta saña a Palestina.

Hay un millar que emigra... Otros mil que se

escapan...

Y mil turistas que entran, sin retorno.

Hay mil salvoconductos, y también mil maneras

de aliviarles todos los obstáculos

Y en la mar hay millares... Parece que sus olas

están todas cargadas de navíos.

¡Ay, hijos de mi pueblo!

¿Tal vez después del sueño se despierta?

¿En esta densa sombra habrá algún rayo?

¡Por Dios, que no lo sé! Y así, desesperado,

¿clamaré por Amín o invoco a Rágueb?

Ibrahim Tuqán. Nació en 1905 y murió en 1941. Conocedor de la tradición clásica de la literatura árabe, que se refleja ampliamente en su obra, durante la década de 1930 llamó al pueblo palestino a oponerse a la inminente creación del Estado de Israel.

*Recopilación de C. Ma. Thomas