Un poeta revolucionario en Mérida

La estancia de dos meses del joven literato en Yucatán produjo uno de los grandes textos sobre aquellas tierras.
Octavio Paz, secretario de una escuela secundaria.
Octavio Paz, secretario de una escuela secundaria. (Milenio Archivo/Fotoarte de Luis Morales)

México

No es una historia inédita sino, quizá, más bien poco difundida; si bien Guillermo Sheridan dedicó varias páginas del libro Poeta con paisaje (ensayos sobre la vida de Octavio Paz) a la estancia del joven Paz en Mérida, Yucatán, donde estuvo unos dos meses como "secretario de la Escuela Secundaria Federal que, dentro de poco y para atender a la educación de los hijos de los trabajadores, comenzará a funcionar en esta capital por disposición del ciudadano presidente de la República, Gral. Lázaro Cárdenas", según dio a conocer en una nota El Diario del Sureste.

"Pasé una temporada difícil aunque no por mucho tiempo: el gobierno había establecido en las provincias unas escuelas de educación secundaria para hijos de obreros y campesinos. Y en 1937 me ofrecieron un puesto en una de ellas. La escuela estaba en Mérida, en el lejano Yucatán. Acepté inmediatamente: me ahogaba en la Ciudad de México. Yucatán era México, pero también algo muy diferente. No solo por la lejanía del centro, sino por la influencia de los mayas. Aprendí algo que no he olvidado: México tiene otras tradiciones además de la del centro", escribió el poeta.

En el volumen 13 de las Obras Completas de Octavio Paz se recogen algunos textos publicados por el poeta durante su estadía en la capital yucateca, donde se enteró de la invitación para acudir al Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, y donde también comenzó la escritura de un poema, "Entre la piedra y la flor", en el que se reflejan algunos de los temas que habrían de acompañarlo a lo largo de su vida.

"La importancia de lo que visualizo de los días de Paz en Yucatán es tanto para el estado como para él: para Yucatán, él deja uno de los grandes poemas escritos en el siglo XX sobre Yucatán, sobre el conflicto social, sobre los mayas, la naturaleza. Una reflexión muy bella sobre Mérida, que se convierte en un patrimonio de los yucatecos", asegura el investigador Jorge Mantilla, de la Universidad Autónoma de Yucatán.

"Para Octavio Paz también fue fundamental: él viene a los 23 años de edad, como subdirector de una escuela para trabajadores. Tiene todo el espíritu revolucionario encima y aprende a comprender la complejidad de la sociedad mexicana en Yucatán, en una sociedad compleja, que tiene un problema fuerte de bilingüismo, donde hay una gran cultura maya y una cultura criolla muy racista y clasista, y él se enfrenta a esa sociedad como un chavo y un poeta."

Aprendizaje

El edificio donde se encontraba la Escuela Secundaria para Trabajadores ya no existe; estaba ubicada en la zona centro de Mérida, en la calle 60, casi esquina con la 53, donde se habían acondicionado espacios para que viviera en el lugar, junto a Octavio Novaro Fiora del Fabro y Ricardo Cortés Tamayo, quienes lo habían convencido de participar en el proyecto educativo del general Lázaro Cárdenas. Era una prestación para el trabajador en el que la escuela formaba parte de un conjunto, con parque, clínica y teatro.

"Más que nada se dedicó a dar conferencias; en la Casa del Pueblo, por ejemplo, dio una conferencia sobre el fascismo en España. Era más un trabajo político el que hacía, al difundir las ideas revolucionarias de México, porque de alguna manera estaba muy integrado al proyecto revolucionario y en contra del fascismo. Estaba intelectualmente metido en ese problema, a favor de que los escritores jóvenes tuvieran la voz y la palabra, hicieran periodismo libre. Es un momento de despegue del país muy importante en todos sentidos", asegura el estudioso.

Sin embargo, a decir de Jorge Mantilla, aún no se ha hecho una investigación completa de los dos meses de Octavio Paz en Mérida, que fueron fundamentales al conocer parte de una realidad social que, de muchas maneras, lo acompañó durante su existencia.

"A pesar de su edad, es un joven de 23 años, se porta con una madurez increíble y comienza a escribir ese poema, donde Yucatán es una laja de piedra y la flor del henequén."

Entre la piedra y la flor (1940)

En el alba de callados venenos
amanecemos serpientes
Amanecemos piedras,
raíces obstinadas,
sed descarnada, labios minerales.
La luz en estas horas es acero,
es el desierto labio del desprecio.
Si yo toco mi cuerpo soy herido
por rencorosas púas.
Fiebre y jadeo de lentas horas áridas,
miserables raíces atadas a las piedras.
Bajo esta luz de llanto congelado
el henequén, inmóvil y rabioso,
en sus índices verdes
hace visible lo que nos remueve,
el callado furor que nos devora.
En su cólera quieta,
en su tenaz verdor ensimismado,
la muerte en que crecemos se hace espada
y lo que crece y vive y muere
se hace lenta venganza de lo inmóvil.
Cuando la luz extiende su dominio
e inundan blancas olas a la tierra,
blancas olas temblantes que nos ciegan,
y el puño del calor nos niega labios,
un fuego verde cerca al henequén,
muralla viva que devora y quema
al otro fuego que en el aire habita.
Invisible cadena, mortal soplo
que aniquila la sed de que renace.
(Fragmento)