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Martes , 14.08.2018 / 23:31 Hoy

Poeta a deshoras

Opinión


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“El próximo 2 de agosto se cumplen 30 años del fallecimiento de mi papá”, me recuerda Patricia Leduc. Renato Leduc, periodista, narrador, poeta y crítico social militante, nació en el pueblo de Tlalpan el 16 de noviembre de 1895, y murió el 2 de agosto de 1986. Es uno de los grandes poetas mexicanos que fundan la modernidad, y mucho antes de morir ya era dueño de una pródiga leyenda.

Hijo del también escritor y periodista Alberto Leduc (Querétaro, 1867–Ciudad de México, 1908), de ascendencia francesa, Renato Leduc huyó del estereotipo literario. Carlos Monsiváis, uno de sus mejores y más devotos lectores, sintetizó sus virtudes poéticas y su afán antisolemne en un juicio crítico del todo exacto: “En Leduc la devoción por la musicalidad del idioma se enlaza con la (genuina) indiferencia por el prestigio, y el desdén hacia el tótem cultural de su infancia y adolescencia, el Poeta, con las mayúsculas de la obligación”.

Fue un prosista excelente (Los banquetes, El corsario beige, Historia de lo inmediato, Cuando éramos menos) y un periodista crítico que se opuso al poder.

Paradójicamente, es su poesía, por la que jamás hizo autopromoción, la que lo mantiene vivo entre los lectores: El auta, etc...; Algunos poemas deliberadamente románticos y un prólogo en cierto modo innecesario; Prometeo; Breve glosa al Libro de buen amor; La odisea; Poemas desde París; XV fabulillas de animales, niños y espantos y Catorce poemas burocráticos y un corrido reaccionario para solaz y esparcimiento de las clases económicamente débiles. Su no tomarse demasiado en serio fue siempre auténtico. “Yo soy turiferario en los altares/ de la Santísima Trivialidad”, escribe en un poema de 1944, y antes, en 1939, sentenció: “Y como aquel que ejerce el onanismo/ del éxtasis desciendo hasta el abismo/ y emprendo el viaje huyendo de mí mismo”.

Cierta tarde de noviembre, Patricia Leduc abrió el archivo de su padre y me mostró la forma en que éste conservó los manuscritos e impresos de su obra periodística y literaria, pero especialmente periodística, pues fue en el periodismo donde libró mil y una batallas, y fue en la poesía donde nunca quiso “profesionalizarse”. Hace unos días le pregunté a la hija del escritor si considera que ha habido una revaloración del poeta. Me respondió:

―Pienso que la poesía de Renato Leduc se ha revalorado de su muerte a esta fecha. En primer lugar, está la aparición de la Obra literaria, publicada por el Fondo de Cultura Económica (2000), compilada por la doctora Edith Negrín, que reunió la obra poética hasta entonces dispersa. Hasta donde tengo información, se han presentado dos tesis, una de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, titulada El humor en la poesía de Renato Leduc o cómo peinarle el cuello a la jirafa (2003), de Ximena Sánchez Echenique, y otra de Doctorado en Literatura Hispánica, en el Colegio de México, titulada Espacio, emoción y poesía. Ritmo urbano y versificación en la Ciudad de México 1888–1945 (2009), en cuyo capítulo 4, titulado “Renato Leduc peregrino del asfalto”, Juan Leyva analiza la poesía de Leduc. En el Tercer Congreso del Ayuntamiento de Alcalá la Real, el Centro para la Edición de los Clásicos Españoles y el Instituto de Estudios Giennenses, celebrado en Alcalá la Real del 7 al 29 de mayo de 2011, en el que se rindió homenaje a Jacques Joset, Rodrigo Pardo Fernández de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo presentó su trabajo Lectura crítica de la Breve glosa al Libro de buen amor de Renato Leduc. Además, tú mismo incluiste algunos poemas en la Antología general de la poesía mexicana: De la época prehispánica a nuestros días (Océano, 2012) y en la Breve antología de poesía mexicana impúdica, procaz, satírica y burlesca (Océano, 2015). Sirva este breve recuento para consignar que, a pesar de que para Leduc “la poesía/ no fue madre, ni amante, sino tía”, todo lo que se ha escrito sobre él en los últimos años ha sido sobre su obra poética y se ha marginado su obra como periodista crítico y defensor de las clases más desprotegidas.

Al preguntarle cómo ve la obra poética de su padre, Patricia Leduc hace una muy precisa valoración cuyo sentido revela a la inmejorable lectora y heredera de Renato Leduc. Explica:

―La mayor parte de la obra poética de Leduc fue escrita en su juventud. El aula... y Breve glosa al Libro de buen amor se publicaron en 1929 y 1939, respectivamente; Algunos poemas deliberadamente románticos... aparecieron en 1933 y los escribió para Amalia Fernández Castillón, de quien estuvo profundamente enamorado. Poemas desde París data de 1940; en 1957 se publica XV fabulillas de animales, niños y espantos, con viñetas de Leonora Carrington; Catorce poemas burocráticos y un corrido reaccionario para solaz y esparcimiento de las clases económicamente débiles aparece en 1963; el famoso Prometeo aparece en 1934, y fue dramatizado en varias ocasiones por un grupo de teatro, dirigido por Ignacio Hernández, en el que figuraba Jaime Garza. En los últimos años escribió un grupo de poemas con los que anunció que se despedía de la poesía, pero también de la vida: “Una mujer me destrozó la vida/ y me tornó en servicial esclavo./ Otra mujer me restañó la herida; /un clavo, hasta en amor, saca otro clavo./ Una mañana llegará la muerte/ a mi casa paupérrima y sombría:/ chinga a tu madre, me complace verte,/ le diré con mi fina cortesía./ Brazo con brazo partiré con ella;/ como si fuera la mujer amada./ A una lejana, muy lejana estrella:/ oscura y sorda... donde no haya nada”. En los últimos poemas se percibe un dejo de amargura y la sensación de que el recuerdo del amor y la traición de Amalia Fernández Castillón siempre lo persiguieron. Renato Leduc fue premonitorio al escribir: “Cuando seamos clásicos y la gloriosa/ juventud nuestros nombres vitupere/ si algún maestro pronunciarlos osa;/ cuando la paz universal impere/ y la justicia pronta y oficiosa/ le dé a cada mortal cuanto él no quiere...”, pues hoy su obra es objeto de estudio en la academia y además es personaje de novela.

Tal es el exacto retrato de quien se hablaba de tú con la vida y con la muerte y que, fiel a su estilo (genio y figura), escribió esto en uno de sus poemas postreros: “Mientras los huevos se alargan,/ mientras se acorta la pinga,/ esta largura te embarga/ y esta cortedad te chinga./ [...]/ Y se te pican los dientes/ y el cráneo luce pelón./ ‘Ay, reata, no te revientes,/ que es el último jalón’.../ Y se presenta la muerte; un día tiene que llegar./ Y como ya no eres fuerte,/ ¡al carajo, a descansar!”.

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