Otra ceremonia de culto a Octavio Paz

[Poesía en segundos]

Ciudad de México

En el alud de libros publicados desde hace más de un año alrededor de la obra de Octavio Paz sobresale El río reflexivo (FCE) de Anthony Stanton. El volumen es una revisión, si no poema a poema, sí muy precisa de lo que podríamos considerar la mitad de la vida literaria del autor de Piedra de sol. Con una claridad notable, Stanton aborda la difícil tarea de desenredar la escritura compleja y el tejido de referencias del periodo 1931–1958. No cabe duda de que El río reflexivo es y será, junto a la biografía elaborada por Christopher Domínguez, un texto indispensable para cualquiera que desee tener una opinión de nuestro premio Nobel de Literatura. Sin embargo, desde el punto de vista de la discusión crítica, el texto ofrece un problema: es de nuevo, frente a la figura fundamental del poeta, una idealización innecesaria. De aquí derivan dos problemas: por un lado, la torsión de la escritura de Paz para encajarla en un armónico desarrollo perfecto; y, por el otro, un enfoque académico "ermitaño". Stanton es cuidadoso en su trabajo, no toma la distancia necesaria y cae en las ceremonias de un culto que no admite fallas y caídas. En su lectura, Paz es el gigante que desde pequeño ya era enorme. Eso lo lleva a pensar que la primera versión de Libertad bajo palabra es el camino natural hacia los libros excepcionales de los años cincuenta y no nos explica debidamente la profunda mutación que implican estos últimos. Asimismo, en la elección de sus fuentes e interlocutores, Stanton solo habla con académicos o con escritores muertos que el prestigio universitario consagró e ignora, en términos reales, el diálogo con la literatura viva. De la ilusión del Hércules literario y del solipsismo académico derivan otras anomalías: no ver, en la dimensión justa, el diálogo esencial entre verso y prosa que surge a partir del primer gran libro de poesía de Paz, ¿Águila o sol?; no justipreciar la recuperación arqueológica precolombina en los poetas mexicanos; y no enfocar cabalmente la acción profunda y frecuente de Góngora, no solo de Quevedo. El primer verso de "Piedra de sol" es igual, en forma y en espíritu, a otro del Polifemo...: "En carros de cristal, campos de plata". El diálogo riguroso no solo ocurre en la academia. También puede suceder en la literatura real.

A propósito de perseverancia en la crónica e información de las fuentes, acaba de aparecer un título apasionante: El largo descubrimiento del Opera medicinalia de Francisco Bravo (FCE) escrito por Rodrigo Martínez Baracs. Es un libro sobre historia literaria y sobre historia bibliográfica, pero es también una revista sobre las bromas y las pasiones "feas" de los investigadores o de los escritores y, de un modo simultáneo, una suerte de novela real, perdida y recuperada. En 1865, nos cuenta Martínez, se estableció una comunicación epistolar entre el bibliógrafo franco–estadunidense Henry Harrisse y el erudito mexicano Joaquín García Icazbalceta. Tras varias cartas, el primero le informó al segundo de la existencia de un "libro raro": la primera obra de medicina impresa en la Ciudad de México en 1549, Opera medicinalia. Icazbalceta inmediatamente se interesó, pero pronto advirtió, gracias a su amigo y asesor Carl Hermann Berendt, inconsistencias en la datación del volumen. A partir de este momento comienza un auténtico cuento de detectives. Algunos bibliómanos se convierten en sutiles embusteros que inventan referencias bibliográficas, ocultan fuentes y alteran originales; otros juegan el rol de tenaces y desesperados investigadores. A lo largo del relato, Martínez nos reaproxima al hechizo que produce la posesión de claves extraviadas y al laberinto de enredos, decepciones y descubrimientos de la historia bibliográfica del siglo XVI recuperada en el siglo XIX y ahora en el XX.

La piedra del poema (Ediciones Monte Carmelo) del poeta portugués Nuno Júdice —traducción de Marco Antonio Campos— nos regresa a una peculiar poesía de la música de la idea. Júdice atempera los sentimientos a través de una conversación pausada, reticente, pura y, sobre todo, reflexiva. En sus poemas, la intensidad y las imágenes buscan las palabras exactas "que dan con el centro de las cosas" y, al proceder de este modo, ocurre "como si las cosas salieran desde dentro de ellas". Júdice nos recuerda a veces la hondura pensativa de Eliseo Diego o de Eugenio Montejo. En medio del populismo del "verso libre" y del aburrido lirismo abstracto, la contenida y tenaz cavilación de Júdice vuelve, en sus hermosos poemas, al sendero menos transitado al que aludiera Robert Frost en "The Road Not Taken".