Cuando la poesía resulta ser el reflejo de la vida misma

Carmen Villoro y Silvia Eugenia Castillero en el ámbito de la poesía local.

Guadalajara

Este Lid Cóctel se hizo con dos escritoras que coinciden en que en ocasiones la poesía es el reflejo de la vida misma. La similitud y la disparidad entre las dos poetas es la constante. Las dos nacieron en la Ciudad de México pero su trayectoria está sembrada en Guadalajara donde crecieron sus hijos y la poesía como  los rosales de esta ciudad. Silvia Eugenia Castillero, dirige la revista universitaria Luvina desde 2004. Carmen Villoro inmersa en las actividades del gremio más
que en la academia, es además de ser psicoterapeuta. Algunos años atrás coincidieron en un taller de expresión corporal de Lola Lince y se jactan de que las palabras le dieron permiso a sus pies para bailar.

Recientemente colaboraron juntas con textos en el libro Rastros y rostros que incluye fotografías de Julieta Marón y están consideradas en el programa literario del festival Entropía que comienza el 17 de marzo.

El ambiente familiar
SEC: Yo escribo porque no sé cantar. Crecí entre música, una familia musical, mis hermanos cantan muy bonito, pero yo no. De chicos teníamos una estudiantina con mi mamá y papá que era músico lírico porque sin estudiar tocaba todos los instrumentos, él les enseñó a tocar la mandolina. 
Mi papá me leía poemas en la Ciudad de México y recuerdo que hacíamos una hora a la escuela, ya cuando quedábamos los dos más pequeños, antes mi mamá aceleraba apurada con la hora exacta de México rezando a Santa Rita Dorada.

CV: Mi familia es una familia de letras, todos escriben. Mi papá fue un hombre racional y pensante y ahora estoy muy interesada leyendo sus artículos sobre todo La significación del silencio que de la poesía; y mi mamá estudió letras y es la figura sensible, es los cuentos, la poesía, la que nos sembró una semilla más artística.

Bueno, los tuyos eran traslados poéticos. En mi caso mi mamá nos llevaba a la escuela en esos trayectos largos en su Valiant Acapulco con sus tubos y su mascada con el radio a todo el volumen en la hora Haste con “entre el zapato y el pantalón está el detalle de distinción”…

El primer encuentro...
CV: Yo estaba tratando de hacer memoria y pienso que fue hace más de 20 años porque tus bebés estaban en el Kinder. Yo tengo una hija de 30 años y uno de 28 y nuestros hijos iban a la misma escuela, éramos mamás del colegio. Con Silvia hemos tenido momentos de encuentro. Uno de ellos es el cuento que yo escribí Amarina y el viejo pesadilla, que tú editaste y que quedó un cuento muy lindo. Ese fue un primer encuentro. Luego con Lola Lince, después en el taller
de Gabriela Sepúlveda.
SEC: Para mí el primer encuentro fue cuando hubo una lectura con muchas mujeres en el Museo Regional y yo estaba a un mes de haber parido a mis gemelos. Entre los recuerdos, tengo claro que estaban Dante Medina y Raúl Bañuelos entre todas las mujeres que coordinaban la mesa. A mí me tocó sentarme en el extremo y tú llegaste después. 
De alguna manera me dijiste que tu también habías tenido un bebé recientemente. Uno se siente frágil, es algo especial porque hay algo en el cuerpo que no cuadra y esa coincidencia fue muy bonita. Además yo ya sabía de ti, te conocía de nombre pero no en persona.

La inserción al remanso poético en Guadalajara
SEC: Yo llegué a los trece años en 1976 a esta ciudad cuando no sabía ni me importaban los poetas pero después empecé a escribir y Carmen era ya muy conocida. Llegué de adolescente y tuve dificultad para integrarme porque no me querían en la secundaria, era chilanga. En la prepa conocí a Vivian Blumenthal,
éramos íntimas, yo la acompañé a morir. Cuando nació Jimena estaba toda mi familia y Vivian, fue de lo bueno de la escuela antes de estudiar letras. Hice un taller con Arturo Suárez que llevaba libros de Carmen Villoro, Esquinca, Bañuelos y después te conocí en vivo. Adalberto Navarro Sánchez me animó a entrar al taller de Elías Nandino pero se le ocurrió hablar mal de Don Adalberto y no volví porque así soy. Si hablan mal de mis amigos me voy.

CV: A mí me recibió Guadalajara muy fácil, se me abrieron las puertas de una manera muy amable, no sé si porque venía de un taller con Vicente Quirarte. Antes de venirme, tenía 25 años, llegó Luis Alberto Navarro a llevar un libro llamado Enramada, que es una antología de poetas de Jalisco y ahí comenzó esa relación. Quirarte me recomendó que buscara a Jorge Esquinca y lo hice inmediatamente que llegué. Me integré entonces a un grupito muy simpático que tenía
Jorge en donde estaban Luis Alberto Navarro, Miguel Ángel Navarro, Gabriel Magaña, Adriana Díaz Enciso, “El Chaneque” Luis Fernando Ortega.

Fue muy padre llegar a una ciudad desconocida e integrarme con un grupo tan sensible, muchos de ellos venían del taller Elías Nandino, Jorge el favorito, por supuesto.

El desarrollo de su obra
SEC: Ricardo Yáñez me formó, salí más clara en mis intenciones poéticas. Hice un libro que no publiqué, después hice Como si despacio la noche y Entre dos silencios que escribí al mismo tiempo. Tu y yo nos fuimos encontrando, me recomendaste con Quirarte en la UNAM, pero no me publicó y años después me dijo que lo hizo porque yo era linda. Está bien sacar un primer libro decoroso pero lo que sigue es más difícil, mantenerse. Mi poesía se transformó cuando me fui a París a estudiar, con Chema, mi esposo y mi hijo de seis años. Dejé México a punto de salir Nudos de luz. Lo más duro fue entrar en la precariedad, no entendía nada en francés y vivía en 45 metros cuadrados, teníamos poco dinero pero eso me dio otra relación conmigo misma y con la poesía.

CV: Siendo mujer con los roles. Escucho cómo le hiciste tú, y fue mucho saliendo de Guadalajara conectándote con un mundo más amplio, con ideas filosóficas de occidente y eso se refleja en tu poesía. En mi caso es diferente porque yo me quedé en casa y mi posibilidad fue resignificar a través de objetos y acciones simples, escenas y lo aparentemente trivial. Con el tiempo uno lee sus libros y reconoces tus temas de vida. Creo que son dos maneras diferentes de ser poeta en esta circunstancia de vida. Como si despacio la noche es de mucha sensualidad, en este me parece que hay una cuestión sensible, muy libre y suelta, fresca.

Había algunas escritoras, por ejemplo Lupita Morfín tenía presencia y poemas hermosos, como Patricia Medina pero no las tomaban muy en serio, a lo mejor para mí fue suerte llegar de fuera. Son coyunturas. Eran muy injustos con la mujer.