La poesía no vende

Ese género enfrenta diversos problemas para su difusión: desde su escasa promoción en las escuelas hasta su poca presencia en el circuito comercial.

México

La poesía no vende, porque la poesía No se vende”: la frase la escuchó Eduardo Langagne, director de la Fundación para las Letras Mexicanas, durante un encuentro con jóvenes autores de Colombia. Quizá más una metáfora sobre el sentido que tiene la poesía en nuestro tiempo, aun cuando en el mercado editorial la realidad sea mucho más práctica.

“El territorio que tiene la poesía es de libertad, muy pleno: el espacio más libre que tiene una persona es el territorio donde vas a escribir un poema, no importa si es a mano o en la computadora. Es el tipo de texto que no obedece más que a tu libertad, a tu intención”, cuenta el también poeta.

Pocas son las editoriales dedicadas a publicar poesía, como Ediciones Sin Nombre, El Tucán de Virginia, Ediciones Era, incluso Almadía, además de los esfuerzos que se desarrollan desde ámbitos públicos como el Fondo de Cultura Económica (FCE) o la Dirección General de Publicaciones (DGP) del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta); los grupos apenas si le dan entrada a algunos títulos, pero siempre son marginales.

Desde la perspectiva del poeta Juan Domingo Argüelles, no se trata solo de un asunto de falta de lectores, sino que la poesía fue expulsada del ámbito de la lectura cotidiana y de las aulas: “Cuando la gente dice que va a leer en la escuela piensa en cuentos, no en poesía; cuando se hace la promoción de la lectura se piensa en cuento y en novela, a veces en teatro, pero casi no en poesía.

“El mayor problema que tiene la poesía es que no está en el circuito comercial: los sellos editoriales que la publican son los independientes, como Almadía, Ediciones Sin Nombre o ERA, y el mismo FCE, que, si bien ha integrado a algunos escritores recientes, en general publica a los clásicos mexicanos. Pero la mayor parte de las editoriales, las más significativas, las que forman parte de consorcios, difícilmente publican poesía”.

Un género subversivo

El promedio del tiraje de libros de poesía es de mil ejemplares, pero en ocasiones llegan a ser 500, si bien la diferencia con la narrativa tampoco es tan amplia: una primera edición suele salir con tres mil ejemplares. Cuando aparecen con cinco mil es porque las expectativas son altas, y si llegan a 15 mil ya casi es un best seller.

Para Langagne, otra de las dificultades es el acceso que tienen los lectores a los libros de poemas, algo que va más allá de los precios: en la actualidad no se encuentra una obra completa de Amado Nervo, un autor que durante los primeros años del siglo XX fue muy leído.

“Sí es un género poco favorecido por el lector, pero también hay otra cosa: el siglo XX trajo muchas novedades y muchos ismos, ejercicios que evolucionaron el trabajo de la literatura, especialmente en la poesía; las vanguardias experimentan mucho y creo que favorecen la creación literaria, pero se alejan del gran público, que al final es un público que está en un sector confortable al que no le interesa ver las luchas estilísticas de la vanguardia”.

Sin embargo, Luis Jorge Boone, poeta y editor en Almadía, está convencido de que lo que siempre falta son oportunidades para acercar a los jóvenes al género: se puede decir que la poesía pasó de moda, pero en realidad está en el fondo de todos los géneros literarios, se convierte en “la gran madre que nos enseña a entrar a todos los géneros literarios, por lo menos ese fue mi caso.

“Como lector uno siempre está en deuda con la poesía, porque es la que nos da la entrada a todo lo demás. Como editor diría que aun cuando la poesía nunca iguala las ventas y el glamur de la novela, el cuento o la crónica, la poesía es una lectura que resulta altamente subversiva: se desmarca de las modas y no le importa el mercado”.

A partir de su experiencia como editor, Boone reconoce que, comparada con otros géneros, la poesía no vende tanto, como tampoco resulta glamoroso decir “soy poeta”.

“Estoy perfectamente seguro que si los libros de poesía no se consumieran, se hubiesen dejado de hacer hace mucho tiempo”.

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La riqueza de la poesía mexicana

Juan Domingo Argüelles se encargó de elaborar la Antología general de la poesía mexicana (Editorial Océano), cuyo segundo volumen apareció en semanas recientes, lo que le permite valorar la riqueza y diversidad del género en nuestro país, de ahí incluso la dificultad para definir sus ejes, “porque lo mismo nos encontramos con poesía social, de la forma, emotiva, experimental, coloquial y otra muy rigurosa de la forma y los contenidos”.

“A partir del ejercicio, lo que encuentro es que de la gente que produce poesía en la actualidad, gente ya muy conocida o muy joven, podemos hablar de un millar de poetas en plena producción, de los cuales en el segundo volumen recojo apenas 167 autores: si uno se va a Zacatecas se encuentra a 100 poetas por allá, en Nayarit otros 30. El gran problema es que los poetas están publicando para los propios poetas”.

Para él, uno de los grandes problemas es que no hay un ejercicio de retroalimentación con los lectores y se publican muchos libros que solo se conocen en el circuito de los propios poetas, porque no existe un circuito amplio para la distribución. Sin embargo, está convencido de que “la poesía seguirá más allá de las publicaciones: nunca faltarán los lectores de poesía”.

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