Leen último poema de Gutiérrez Vega en Bellas Artes

“Niño en la arena” fue leído por la viuda de Hugo Gutiérrez Vega en Bellas Artes.

Ciudad de México

En una emotiva ceremonia de celebración y homenaje en el Palacio de Bellas Artes a Hugo Gutiérrez Vega, su viuda, Lucinda Ruiz Posada, leyó lo que fue su último poema, el cual surgió al ver la fotografía del niño sirio que apareció muerto en una playa de Turquía, titulado “Niño en la arena”:

Esa mañana, tu madre te vistió con especial cuidado, como para el primer día de escuela. Tus botitas lustradas, el pantalón y la playera sin una sola arruga. Veo tu cuerpecito tendido en la playa, pareces dormido, pero no lo estás. Estás muerto, te has ido, porque este mundo de fronteras y garrotes no te merecía. Te ves tan tranquilo, pequeño niño en la arena. Estás dormido, vive Dios. Dormido.

La cita se había hecho ya con anterioridad. El propósito era celebrar el 50 aniversario de la publicación de su primer libro de poemas, Buscado amor, pero don Hugo Gutiérrez Vega ya no alcanzó al acto, porque la muerte de los justos lo alcanzó la noche del pasado viernes.

“No tuvo una larga enfermedad como se dijo”, contó en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Lucinda Ruiz, su viuda: “Estuvo en el hospital una semana, aunque en las últimas estuvo muy cansado. Mi abuelita siempre pedía ‘poco mal y buena muerte’. A él se le concedió y a mí ser quien le cerrara los ojos, rodeado de sus hijas y nietos, y oyendo las oraciones, la carta de Bruno, las canciones de Rita y los mensajes que le escribieron sus tres nietos ausentes y acongojados”.

En el acto, recordó que don Hugo había permanecido lúcido hasta sus últimos momentos, preguntando si habían entregado el suplemento que dirigía, La Jornada Semanal, pidiendo que lo comunicaran para dar su voto al Premio Nacional de Literatura, “que él recibió el año pasado y sorprendió a todos, pues asumían que lo tenía”.

“Agradezco tu paciencia y los cuidados, la ternura, tu generosidad y el apoyo irrestricto para todos. Tus piropos y nuestros enojos. Te agradezco la libertad que has respetado en todos los órdenes y que a tu familia das con generosidad sin límites. Pido a Dios que nos dé a todos su luz, su paz, su amor: hoy te digo, con Miguel Hernández, ‘… del almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas. Compañero del alma, compañero’”.

Antes, la directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), María Cristina García Cepeda, recordó que los poetas no se van del todo, “nos dejan el calor de sus palabras y su memoria perdura mientras alguien recuerda su voz: las palabras de Hugo nos confortan y nos iluminan”.

Por ello, dijo la funcionaria en el acto, es necesario leerlo y, en especial, compartir en voz alta la emoción del verso, porque no hay mejor manera de honrar su memoria, que gozar y comentar su obra: “no hay mejor manera de mantenerla vida que celebrar su poesía, como lo hacemos esta noche”.