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Lunes , 18.06.2018 / 22:21 Hoy

Poe

Cronopio a quien se le debe el juicio aquel de que todos “en algún aspecto de nuestras personalidades somos Poe”.

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Mauricio Flores

Tan solo el listado de los escritores que en algún momento se ocuparon de leer y ponderar su obra, además de asomarse a su cotidianidad más personal, nos entrega la visión integral de un Edgar Allan Poe (1809-1849). Integral, que no exhaustiva, aclara Oscar Xavier Altamirano, autor de Poe. El trauma de una era, pero que bien representa una puesta dignísima de considerarse acerca del autor de “El cuervo”, “Los crímenes de la calle Morgue” y “Eureka” –de obligada cita– y que tiene también como virtudes ser el trabajo de varios años de un ensayista original y darse a la luz editorial como el resultado de un proyecto apoyado por el Estado de este país.

Ya en su arranque, el nuevo libro nos ayuda a mirar en Poe el nudo de contradicciones emocionales, históricas, literarias, culturales, civilizatorias… que representó. Las lecturas, no siempre acabadas, que del personaje tuvieron Mathiessen, Bloom, Baudelaire, Mallarmé, Valéry, Tennyson, Benjamin, Kenner, Pessoa, Dostoievski, Verne, Lampedusa, Lawrence, Kafka, Rilke, Jünger, James, Darío, Borges, Savater y Cortázar, cronopio a quien se le debe el juicio aquel de que todos “en algún aspecto de nuestras personalidades somos Poe” y sus estilizadas traducciones.

Extenso en reproducción de ejemplos de la diversificada obra de ese Poe temeroso, sufrido y luchador que no dista en nada con los seres vivos de nuestros días, y crítico al señalar la adolescencia de planteamientos de muchos quienes lo han ensayado, Poe. El trauma de una era aporta cuotas de polémica. En especial al recordar las “fuentes esotéricas” de las que bebió el personaje, en realidad un universo entero; la influencia en boga de la que no se pudo librar, el “fraternalismo masónico”; y la configuración de una nueva conciencia occidental, ¿no son la felicidad y la salvación “las metas últimas para cualquier mente sana?”.

(Fraternalismo –el masónico– que sería languidecido en todo Estados Unidos con el avance del siglo mediante una “cruzada moral” no solo por los ministros de la Iglesia y la ciudadanía creyente sino por las fuertes rupturas al interior de la Orden. El mismo padre adoptivo de Poe, escocés naturalizado norteamericano, pertenecía como masón a “una longeva organización fraternal” de Richmond).

Difícil hablar de Poe sin terminar hablando de sí mismo, leemos casi al final del libro de Oscar Xavier Altamirano. Una gran invitación –pese a todo– a volver al personaje “que nos enseña que nuestro corazón y nuestro espíritu no son negociables y que no hay autoridad ni grandeza que esté por encima del alma de cada individuo”.

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