El poder de la paradoja

La paradoja nos confronta con una parte abyecta de nosotros mismos que la sátira no necesariamente nos conduce a ver.
Forrest Gander.
Forrest Gander. (Sexto Piso)

México

Para Forrest Gander

 

Durante el pasado Hay Festival de Xalapa, el escritor Forrest Gander me realizó una pregunta sobre la diferencia literaria entre la sátira, presente por ejemplo en la obra de Jonathan Swift, y la paradoja. Ante mi silencio perplejo, elaboró con lucidez y expuso que si bien la sátira sirve para deformar un elemento de la realidad y mostrarlo en su aspecto ridículo, la paradoja pertenece a otro registro, pues lleva al límite la tensión que le es inherente al contraponer dos elementos aparentemente opuestos. En ese momento no supe bien qué responder y ofrecí una pequeña perorata donde le daba la razón sin entender bien por qué lo hacía, pues su planteamiento superaba con creces mi capacidad de procesarlo en ese instante.

Aun así, la pregunta permaneció dándome vueltas, y me hubiera gustado responderle que, en efecto, tenía toda la razón, pero por razones distintas a las que en ese momento alcancé a esbozar: la sátira es sumamente poderosa como artificio literario, pues al mostrar la ridiculez de algún aspecto de nuestra realidad que por lo común consideramos solemne, apela al espíritu de ligereza y a la risa. En ese sentido, nos recuerda que todo lo humano es efímero, y que no vale la pena abordarlo con una gravedad pomposa que a menudo le quita todo el goce a la lectura (o a la existencia). Sin embargo, quizá la paradoja contenga un mayor número de dimensiones, pues además de mostrarnos el carácter banal de algo que consideramos sagrado, nos confronta con una parte abyecta de nosotros mismos que la sátira no necesariamente nos conduce a ver. Al revelarnos la tensión que se produce cuando dos contrarios coexisten, se asemeja más a los bajos fondos del alma humana, en donde si bien existe la risa, lo hace en coexistencia con la envidia, la melancolía, los celos y otras pasiones que solo los escritores menos condescendientes son capaces de plasmar.

Durante su charla en el festival, el propio Forrest ofreció una visión paradójica de algo que comúnmente es considerado uno de los rasgos superiores de la existencia: la amistad. Sin quitarle ese carácter en ningún sentido, Forrest explicó que sus amistades también suelen tener una fuerte carga erótica, una dosis de envidia, y otro tipo de complejidades y contradicciones que atentan contra una visión puramente positiva de ese vínculo entre dos personas. No en balde ha escrito una pequeña obra maestra sobre este esquivo tema: Como amigo, novela donde esa otra paradoja llamada amor solo encuentra su redención a través de lo que quizá sea su gran némesis: la muerte del ser amado.