El placer de editar

En su libro Cuestiones fundamentales de sociología, Georg Simmel explica que existen actividades como el arte, o incluso el cortejo, que alguna vez tuvieron alguna función concreta en términos ...
Nuestra época parece empeñada en volver a conducir cualquier actividad humana a la esfera de lo utilitario.
Nuestra época parece empeñada en volver a conducir cualquier actividad humana a la esfera de lo utilitario. (Especial)

México

En su libro Cuestiones fundamentales de sociología, Georg Simmel explica que existen actividades como el arte, o incluso el cortejo, que alguna vez tuvieron alguna función concreta en términos de la supervivencia, que con el paso del tiempo la perdieron y quedaron instaurados como gestos válidos en sí mismos, aunque siempre con una especie de trasfondo que rememora tenuemente sus orígenes. Sin embargo, nuestra época parece empeñada en volver a conducir cualquier actividad humana a la esfera de lo utilitario, pues es difícil ya encontrar algún aspecto de la vida en sociedad que no tienda a ser rentabilizado, con lo que a menudo se pierde el goce implicado en hacer las cosas por el puro placer que ofrecen en sí mismas. Por eso es muy refrescante conocer incluso someramente ecosistemas que, a menudo obligados por la precariedad, no se rigen por la ley de los beneficios, como me ocurrió en días recientes en una visita a la Feria del Libro de Casablanca, en Marruecos, para participar en un encuentro de editores de varios países occidentales con sus contrapartes de algunos países africanos.

Insisto en que quizá la necesidad no les ofrece a los editores de Marruecos, Algeria, Líbano, Costa de Marfil, Gabón, Senegal y Túnez (por nombrar a los que participaron en el encuentro) la opción de comportarse como si fueran un alto ejecutivo de una trasnacional editorial, pero aun así, las diferencias son notables. Aquí algunos ejemplos de los textos de presentación de estas editoriales: “Cada título es una ocasión para el lector de ‘revivir’ los espacios y los tiempos mágicos de Marruecos y del mundo, con una filosofía que reconoce lo común, ignora la exclusión y cree en la diferencia”; “[…] una deontología y una exigencia profesional de calidad, responsables hacia el lector, la patria y la comunidad árabe”; “[…] con el objetivo de reducir la frontera entre el centro y la periferia, y de invitar a los escritores a publicar en África y en Gabón”.

Contrario a la visión asistencialista, un tanto monolítica, que suele imperar en Occidente hacia los países africanos, un pequeño vistazo al mundo del libro africano muestra una enorme cantidad de matices y texturas, unidas por una concepción artesanal del oficio editorial, que pone por delante al libro y su circulación, por encima de las categorías predominantes en nuestros mundos del libro, como son el éxito, la competencia, el pavoneo. En cambio, cuando la rentabilidad no es el paradigma dominante, uno se topa con un espíritu combativo, alegre, con el disfrute de un oficio que tiene como meta principal perpetuarse, poder seguir jugando el juego, en un claro eco de la descripción que ha hecho Roberto Calasso del objetivo de la Librería de los Escritores, refugio de poetas y libros durante el caos y la destrucción de la Revolución rusa de comienzos del libro pasado: “Importante era mantener con vida ciertos gestos: continuar tratando a esos objetos rectangulares de papel, hojearlos, ordenarlos, hablar de ellos, leerlos en los recesos entre una tarea y otra, en fin, pasarlos a otros”.