Contra la peste

Una adaptación muy libre de los ocho relatos del "Decamerón", en donde figuran la venganza, todas las formas de amor y deseo.
Mario Vargas Llosa. "Los cuentos de la peste". Alfaguara. México, 2015.
Mario Vargas Llosa. "Los cuentos de la peste". Alfaguara. México, 2015. (Especial)

México

Desde que Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) era joven le interesó leer a Boccaccio. Le pareció muy atractiva la idea que se plantea en el Decamerón, reunir a siete muchachas y tres jóvenes que tenían que vivir recluidos por la peste y que empezara a brotar de ellos la imaginación, acaso como único escape de la realidad atroz.

Cuando los barcos que traían especias de Oriente y, sin saberlo también ratas portadoras de la peste, arribaron a Florencia, Boccaccio tenía 35 años. Pronto la enfermedad se propagó en la ciudad y murieron más de 40 mil habitantes, casi la tercera parte de la población. Al experimentar esa sensación de que el mundo se iba a acabar y que en cualquier momento podría quedar contagiado por la epidemia, el escritor florentino decidió dedicarse a explorar los bajos fondos. “Gracias a esta inmersión en el mundanal ruido y la canalla con la que compartió aquellos meses de horror, pudo escribir el Decamerón, inventar la prosa narrativa italiana e inaugurar la riquísima tradición del cuento en Occidente, que prolongarían Chaucer, Rabelais, Poe, Chéjov, Conrad, Maupassant, Chesterton, Kipling, Borges y tantos otros hasta nuestros días”, refiere Mario Vargas Llosa en un artículo publicado en El País.

Tomando en cuenta el interés de Vargas Llosa por la obra de Boccaccio y que incluso pasó una temporada en Florencia intentando recorrer lo que queda de los lugares donde vivió el escritor, revivió su interés por escribir teatro. Pudo comprobar que todas las iglesias y lugares que se citan en el libro en verdad existen; incluso estuvo en Certaldo, pueblo donde nació Boccaccio (la casa donde nació su bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente fue reconstruida).

Los cuentos de la peste es, como él mismo define, una adaptación muy libre de los ocho relatos del Decamerón, en donde figuran la venganza, todas las formas de amor y deseo, la gula, la fiesta exacerbada, los ataques al clero, la locura la hipocresía y la belleza fugitiva en el arte.

En el proceso de escritura bajo el cual se ve inmerso Boccaccio (quien aparece como personaje en la obra de Vargas Llosa), reconoce que la vida de él y los demás que se hallan recluidos en Villa Palmieri se han salvado por las historias que se cuentan.

Los personajes de la dramaturgia son el duque Ugolino (que fue personificado por Vargas Llosa); Aminta, condesa de la Santa Croce, Giovanni Boccaccio, Filomena y Pánfilo, todos ellos convertidos en narradores y actores de otras historias que relatan y representan. Huyen de la peste, pero en cierta forma también escapan de la banalidad, el hartazgo, la soledad y el desasosiego que vienen inmersos con la realidad.