La pesadora de perlas: Circe Maia

“Me parece que lo que hacen las metáforas, en realidad, es hacernos sentir más profundamente una realidad”, dice la poeta.
Circe Maia, "La pesadora de perlas. Obra poética", Viento de fondo, Uruguay, 2013, 223 pp.
Circe Maia, "La pesadora de perlas. Obra poética", Viento de fondo, Uruguay, 2013, 223 pp. (Milenio)

México

Con la poeta uruguaya Circe Maia (1932) los lectores de la región y del mundo tenemos una deuda por saldar. Inmersos en el caudal creativo de los otros géneros de nuestras literaturas, la hemos olvidado, algo que a ella pareciera no importarle mayormente. Su humildad de poeta buena, de esas que lamentablemente no se dan en racimo, le ha permitido vivir y crear con serenidad. Por ello, el regocijo al acercarnos a su poesía, específicamente a La pesadora de perlas. Obra poética, libro que, como bien acota Eduardo Galeano, “ayuda a reparar una injusticia”.

Nacida en Montevideo, la poeta vive en la ciudad norteña de Tacuarembó, donde, vinculada a la enseñanza, viene proyectando una obra desde la década de los cincuenta del siglo pasado. Si hubiera que anotar una característica esencial de la misma, sería la claridad. “Siempre quiero claridad”, contesta la autora a María Teresa Andruetto en la obra referida. “Me parece que lo que hacen las metáforas, en realidad, es hacernos sentir más profundamente una realidad”.

Bloques de sombra contra el cielo claro

los montes de eucaliptos cortan en trozos

la remota línea

del horizonte.

Continuadora de obras como las de Idea Vilarino o Ida Vitale, y cercana a las de Washington Benavides o Walter Ortiz Ayala, Maia ha insistido en la importancia del tono en la poesía, el que descubriría en Antonio Machado y hasta en Federico García Lorca a partir de las lecturas iniciáticas al lado de su hermana.

En la obra de Maia, reconocido por ella misma, el habla juega un papel primordial: “Una lengua es un mundo de sonidos, que a veces no nos deja entrar mucho porque el lenguaje no se puede estudiar sin que alguien te introduzca, sin saber cómo va a sonar realmente la palabra”.

¿Sus libros? En el tiempo, El puente, Destrucciones, Superficies, De lo visible, Breve sol… En La pesadora de perlas… Maia asegura no tener ningún enojo por la exigua consideración de su obra. “No tiene ninguna importancia, por lo lento que es el tema de la penetración. Y si penetra muy rápidamente tampoco eso es garantía de que es bueno (…). Y si demora cien años o doscientos, o a veces más, puede ocurrir un renacer del interés después de mucho tiempo, eso ha pasado”.

Aquí hacia el sur ya no se ven más cerros

y detrás de los árboles va una línea rojiza

diciendo que se acaba una luz que no es suya

que nada tiene que ver con tus palabras.

“Es injusto, muy injusto, que tantos gustadores de la mejor poesía no hayan descubierto a Circe Maia”, abunda Galeano en este libro auspiciado por las bibliotecas nacionales de Uruguay y Argentina. “La revelación será una alta alegría. Yo les envidio ese momento mágico. Que dure, siempre”.

Enhorabuena, Circe Maia.