Un insólito museo en Perú invita a escudriñar el cerebro humano

Tiene más de 2 mil órganos, de los cuales 300 están a disposición de curiosos e investigadores.
Frasco donde se encuentra uno de los órganos que se pueden tocar.
Frasco donde se encuentra uno de los órganos que se pueden tocar. (Ernesto Benavides/AFP)

Lima

En el museo de un hospital de Lima se ofrece un insólito viaje por masas encefálicas para acercar a las personas al órgano más complejo del cuerpo.

La “cerebroteca” peruana es única en la región y exhibe sesos de pacientes fallecidos por lesiones cerebrales o enfermedades del sistema nervioso. Unos 290 cerebros de un total de 2 mil 912 recolectados están allí a disposición de curiosos e investigadores.

El Museo de Neuropatología se ubica en el Hospital Santo Toribio de Mogrovejo, fue fundado hace 316 años y es uno de los más antiguos de América Latina, al que se le conoció como “refugio de incurables” pues los enfermos iban ahí a morir. Actualmente el recinto da pistas para sanar.

Al cruzar el umbral de ingreso, un cartel invita a los visitantes a interactuar: “Toque un cráneo verdadero”. Palpar e imaginar cómo en esa estructura ósea hueca caben plegados los dos metros cuadrados que mide un cerebro, como un cartón corrugado, es un reto fantástico.

“Aquí hacemos las autopsias, yo misma las hago”, dijo la neuropatóloga Diana Rivas, al lado de una mesa de acero quirúrgico donde evalúa cada seso en función del grado de interés científico que pueda despertar para los fines pedagógicos del museo que dirige.

En sus manos protegidas por guantes, Rivas sostiene un cerebro humano. Lo acaba de extraer de un frasco de formol. Su tamaño se asemeja al de una pelota de futbol desinflada. Su consistencia, a la de una goma de borrar, explicó.

Manipular el cerebro exige toda una liturgia, una lección de anatomía. Ahí están, cual nuez gigante, los dos hemisferios cerebrales unidos por un estrecho puente.

Explorar un cerebro puede parecerse a pelar una cebolla. Esa es la primera impresión que asalta al ver a la neuropatóloga separar las tres delgadas meninges de la masa encefálica.

En el proceso, asoma una perturbadora geografía de surcos, cisuras, hendiduras y laberintos que esconden otro mundo desde donde se generan funciones como la del habla.

Primera lección: el cerebro del varón pesa más que el de la mujer, lo que no necesariamente es una ventaja. “Un cerebro humano pesa entre 1.2 y 1.4 kilos dependiendo de la altura/talla de la persona y del sexo”, explicó la doctora Rivas.

“El de la mujer es más evolucionado que el del hombre, porque lo que nos diferencia en el lenguaje y las mujeres lo usamos mucho más que los hombres”.

El museo posee una sala de neuroanatomía, otra de malformaciones congénitas y una de patologías del sistema nervioso donde se almacenan cerebros afectados por infecciones, tumores y otras enfermedades.

El museo recibe al año a 20 mil visitas, la mayoría son estudiantes, y tiene casi 3 mil casos documentados desde 1940: cerebros con adenomas, tumores y el pineocitoma, que afecta la glándula pinal (llamada “tercer ojo”) son algunos de los que colman esta sala.