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Jueves , 18.10.2018 / 22:07 Hoy

Pertenezco a un país imaginario: Alechinsky

En los años sesenta el artista plástico belga creó 'Central Park', obra a la que Octavio Paz le dedicó un poema.

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Octavio Paz decía de él que trazaba rectángulos imantados, trampas de líneas, corrales de tinta donde había bestias caídas y una rabia enroscada. Cortázar, por su parte, se aventuró en sus dibujos y grabados, examinando cada recodo y cada laberinto con atención sigilosa, "con un interminable palpar de antenas". El pintor y grabador belga, cuya obra fue motivo de esas palabras, dice, por su parte, que su trabajo artístico está definido "por una lógica de exploración que lleva a una situación de asombro, "una exaltación tumulto", como pensaba su amigo Christian Dotremont.

Alechinsky lleva con sobriedad sus 84 años. Guarda un modesto silencio ante la admiración que le profesa el público reunido en las salas Goya y Minerva del Círculo de Bellas Artes de esta ciudad, donde acaba de ser condecorado con la Medalla de Oro de esta institución, que celebra su visita con una exposición de su obra sobre papel.

"El lado lúdico de mi obra", afirma, "salta a la vista desde el primer trazo cuando se la observa. La pintura, en cierta forma, es una grafología, y, por tanto, ese lado lúdico y de sorpresa se ve en mi pincel, porque mi pincel soy yo, y tiene que saltar a la vista ese lado irónico, ese lado arriesgado, que si no se ve, es que uno no es especialmente visual".

Nacido en Bruselas en 1927, Alechinksy dice pertenecer "a un país imaginario", y recuerda un largo periplo vital, desde que en 1939 cavaba refugios antiaéreos en su escuela, hasta la ocupación nazi, cuando vivió en compañía de refugiados españoles.

"Yo siempre he dicho algo que es muy vivificante: todo viene de fuera, del exterior; son influencias, encuentros, suerte. Como la suerte que tuve en los años cincuenta de cruzarme con Wallace Ting, quien realmente tuvo una gran importancia en mi vida y en mi obra, porque me enseñó la manera de contar con el pincel. Yo he aprendido mucho de gente como Asger Jorn o Karel Appel, y espero, a la vez, poder ser inspiración para otros jóvenes artistas, más que nada para que encuentren su propia forma de contar, su lenguaje, con un lápiz y un papel".

Su obra recorre el siglo XX: su encuentro con los surrealistas, la ruptura al incorporar la caligrafía, el juego con la literatura en sus libros de artista, sus encuentros con Wifredo Lam, Roy Lichtenstein, Roberto Matta, Alberto Gironella.

En los años sesenta, Alechinsky crea sus "psicogeografías", como Central Park, a la que Octavio Paz dedica un poema homónimo. Es la primera de sus pinturas con anotaciones al margen, seleccionada por Breton para la última exposición del surrealismo. En 1976, John Lefebvre fotografía desde un rascacielos el parque neoyorquino y Alechinsky interviene esa imagen.

En los años ochenta, el artista sale a las calles para rebuscar en las ciudades imágenes. "Hay estampaciones de esos años hechas con tapas de alcantarilla", recuerda, "a las que ponía papel encima para frotarlas y ver aparecer una imagen. Así he recorrido las calles, que están llenas de imágenes muy interesantes. Lo que pasa es que están en el suelo, y como miramos de frente y no el suelo, nos pasan desapercibidas. Pero amigos ya me habían advertido que mirando al suelo se podía conseguir una obra fabulosa. Así concebí esa serie con alcantarillas, inspirándome también en el siglo XIX, cuando los obreros eran artesanos y tenían otra forma de trabajar".

RETOMAR EL LÁPIZ Y EL PINCEL

Cuando preguntamos a Pierre Alechinsky sobre la debacle del arte contemporáneo, por la crisis y la devaluación que experimenta la cultura en nuestros días, responde: "Yo creo simplemente que estamos saturados de tecnología. Pero creo también que volveremos al arte para ver qué queda en nuestras manos y en nuestra cabeza. Volveremos a retomar el lápiz y el pincel, y con un papel y colores, volveremos a algo más directo, trabajando a través de nuestras manos, y viendo qué nos enseña este trabajo, observando qué ocurre desde el primer trazo, cómo nos llama y qué nos dice, para lograr volver a ese lenguaje mudo que es el dibujo y la pintura".

Recuerda a su amigo Octavio Paz: "Lo conocí en México, sí. Y después le vi varias veces en París. He leído sus libros y me gustan. Pero un pintor es una persona que guarda silencio. La vida de un pintor es solitaria y hay que entender que es difícil guardar silencio. Yo prefiero callar y dejar que sea mi obra la que hable por mí".

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