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Domingo , 22.07.2018 / 19:32 Hoy

Personajes iguales

Un personaje es un ser vivo, de carne y hueso, y aunque vague por el mundo como ánima en pena es un ser que debe tener arbitrio.

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Jorge Gallardo de la Peña

El planteamiento de Los muertos da la impresión de una película que nos va a dejar pasmados porque muestra la vida de los juniors. Tiene un arranque atractivo: en una fiesta los personajes se comportan de manera anodina, visceral y sin sentido, pero percibimos que el drama subyace en la conducta de los principales y los secundarios. Es el gancho que nos atrapa para conectarnos y envolvernos en una narración que avanza creando encabalgamientos que funcionan como leitmotiv durante toda la película, lo que le otorga un juego formal interesante sin que dejemos de sentir que la tragedia está latente.

A estos jóvenes, hijos de la alta burguesía, no les importa nada y están hartos de México; los acontecimientos están imbricados para que funcione la sinrazón del grupo, que se conduce como una caterva que se divierte cargando un mueble hasta la terraza para luego dejarlo caer.

El conflicto se sostiene en la medida que la historia avanza: parece que su condición de personajes es no tener motivación y por eso hasta son incapaces de amar. Vagan por la mansión, que se va deteriorando como sus maneras, y andan por las calles como ánimas en pena que arrastran la cruda absorbiéndola en instilación. Su vida no va a ningún lado; fuman mota, beben hasta ahogarse y parece que cogen.

Pero llega el momento fatídico, cuando la urdimbre empieza a deshilacharse, cuando vemos que esta runfla de ricos malvivientes son demasiado viciosos, harto traidores y falsamente libertinos (esto último tratado con lamentable autocensura). El conflicto se hace plano pues los personajes están creados con el mismo molde y falla en la construcción del personaje: todos son iguales, se quedan chatos para quedarse en el estereotipo y hacen que la historia dé un giro a la inverosimilitud y se viene abajo.

La narración se queda en pausa, deja de avanzar y a la mitad de la historia da la impresión de una película producida con la única intención de apantallar. Por eso el autor se esmeró más en conseguir la locación perfecta, en citar al ex gobernador de Guanajuato y en gritar que los jóvenes ricos están hartos del país, en lugar de escribir un guión con personajes complejos, con capacidad tridimensional para establecer una diferencia sustancial entre cada uno de ellos.

Un autor plantea los acontecimientos y los coloca en el lugar que a él le parece, pero debe saber que un personaje es un ser vivo, de carne y hueso, y aunque vague por el mundo como ánima en pena es un ser que debe tener arbitrio y que, en la historia, manda.

Los muertos (México, 2014), dirigida por Santiago Mohar Volkow, con Ignacio Beteta y Jorge Caballero.

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