Los periodistas no somos fiscales ni defensores: Bernstein

“Todo el buen periodismo es de investigación, porque nuestro objetivo siempre es contar con la verdad de toda la información”, dijo el periodista.
El director de la revista Gatopardo, Guillermo Osorno, y el periodista estadunidense, durante su conversación.
El director de la revista Gatopardo, Guillermo Osorno, y el periodista estadunidense, durante su conversación. (Especial)

Xalapa

A Carl Bernstein se le considera una leyenda viva del periodismo estadunidense porque en los años 70, junto con Bob Woodward, se encargó de develar el caso Watergate, que produjo la caída de Richard Nixon; pero al mismo tiempo tiene la suficiente humildad para reconocer los cambios que ha sufrido el periodismo en las últimas décadas, los peligros que enfrenta en diversas regiones del mundo y, sobre todo, la imposibilidad de ofrecer recetas para transformar la situación.

Con ese ánimo se presentó el periodista estadunidense en el último día de actividades del Hay Festival Xalapa: una de las entidades donde el oficio periodístico ha enfrentado más dificultades, una situación que dice conocer cuando recuerda que en México se ha asesinado a 50 periodistas en los últimos años, 10 de ellos en el estado de Veracruz.

Temas que guiaron la conversación que sostuvo con el director de la revista Gatopardo, Guillermo Osorno, donde lo mismo se refirió a la situación del periodismo en Estados Unidos, que al eje que debería guiar cualquier trabajo periodístico en la actualidad, cuando existen miles de sitios en la red que se convierten en aliados o enemigos de los medios tradicionales.

“Todo el buen periodismo es de investigación, porque nuestro objetivo siempre es contar con la verdad de toda la información.

“Los periodistas no somos fiscales, tampoco somos defensores, sólo somos los defensores de la mejor versión de la verdad que se pueda obtener.

Bernstein, quien comenzó a trabajar para The Washington Post en 1966 y fue el primero en sospechar que Nixon hizo una parte central en el caso Watergate, es un periodista convencido de que muchas de sus opiniones se producen desde la comodidad de vivir en la Unión Americana.

Sin los peligros que enfrenta el oficio en cualquier otra parte del mundo, Carl Bernstein aseguró que mucho del periodismo contemporáneo se produce sin sentido común, se usan demasiados atajos, aun cuando la mayor parte de las ocasiones la historia acaba por ser distinta del concepto con el que habíamos empezado la investigación.

“Lo que nosotros creíamos que iba a ser un reportaje —el caso Watergate—, acabó por convertirse en una historia del presidente de Estados Unidos. El buen periodismo se hace desafiando a la alta dirección: por ejemplo, el editor nos pone cinco notas al día de lo que ocurre en diferentes ámbitos y tiene una razón bastante fuerte para esperar que se las presentemos, pero nosotros sabemos dónde están las historias profundas, nuestra intuición nos lleva a esos lugares. Nosotros no tenemos licencia más que para ejercer la libertad, para tratar de abrir nuestra mente y nuestra metodología al periodismo exhaustivo, perseverante, de fondo.”

Los peligros del periodismo

Al reflexionar acerca del tema, Carl Bernstein aseguró que uno de los dilemas más grandes que se producen cuando se asesina a un periodista es que se convierte en una forma de intimidación a toda la sociedad, “porque eso significa que si protestas estás en riesgo”.

“Hoy tenemos culturas y sociedades que están menos interesadas en la verdad. Tenemos en línea miles de sitios web, en donde millones de personas buscan no aprender lo que está ocurriendo, ni el contexto, sino reforzar lo que ya creen.

“Además, hay muchos más reporteros en prisión hoy día que en cualquier otro momento de la historia. Exponencialmente se asesina a más reporteros no en el campo de batalla, sino por las fuerzas gubernamentales o por cárteles.”

De alguna manera, si hubiera una forma en que la gente de buena voluntad que se dedica al periodismo, en el gobierno, las iglesias o las organizaciones de la sociedad civil tuvieran la manera de formar algún tipo de movimiento de protesta unificada, podría ser el camino, “pero es muy fácil que yo lo diga cuando no vivo aquí”, reconoció Bernstein.

Es una tarea que debe asumirse, de tal manera que se proteja a los periodistas y a sus familiares y que, al mismo tiempo, se comprometan con esa causa. “Eso sí lo esperaría”, porque desde su perspectiva, cuando se vive en ese ambiente, no se puede tener un gobierno libre, no se puede gozar de la libertad, “o de la seguridad de saber que uno puede ejercer sus derechos o creencias sin el peligro de que te disparen en la nuca”.