“El periodismo es un género mayor de edad”

"Soy como los cuenteros que no pueden vivir sin contar algo. Real o inventado, eso no importa. La realidad para nosotros no es sólo lo que sucedió, sino también y sobre todo, esa otra realidad que ...

Puebla

"En mi doble destino de periodista y escritor...", así hablaba siempre de sí mismo Gabriel García Márquez (1927-2014). Así, afirmó: "Creo que el periodismo merece no sólo una nueva gramática, sino también una nueva pedagogía y una nueva ética del oficio, y visto como lo que es sin reconocimiento oficial: un género literario mayor de edad, como la poesía, el teatro y tantos otros".

Los tres temas propuestos por García Márquez nos dan como para hablar no sólo en una jornada, sino en un simposio, en un encuentro de varias semanas, y para reflexionar en ellos las próximas semanas y los años por venir.

Pero sobre todo para ponerlos en práctica todos los días. Por ello, vale la pena centrarse en la propuesta de tratar al periodismo como un género literario mayor de edad gracias a escritores como el propio autor de Crónica de una muerte anunciada, pese a que no se le quiera dar el reconocimiento oficial. Y el hecho de que este género necesita una nueva gramática.

De las otras dos propuestas, no podemos hablar de ellas de manera superficial, pero tampoco ignorarlas sin más, así es que queden por ahora en espera, al menos en mi caso, para el futuro, porque sin duda el periodismo necesita urgentemente de una nueva pedagogía. Y una nueva ética del oficio periodístico es irrenunciable. Aquí, qué duda cabe, García Márquez y Ryszard Kapuscinski coinciden totalmente: una mala persona no puede ser un buen periodista. Es cuanto adelantaré del tema.

Amar las palabras

Gabriel García Márquez, lejos de lo que sucede a otros escritores, jamás se ha avergonzado de ser periodista, de haberse iniciado en la literatura impresa mediante el periodismo.

Su propuesta de una nueva gramática para el periodismo nos lleva a varias interrogantes.

Tomemos, de entrada, dos definiciones. Una, la de gramática como la "parte de la lingüística que estudia la estructura de las palabras y sus accidentes, así como la manera en que se combinan para formar oraciones; incluye la morfología y la sintaxis...".

La segunda definición que nos conviene recordar es la que el diccionario da de la "gramática generativa", cuya paternidad es de Noam Chomsky: "Modelo gramatical cuyo objetivo es formular las reglas y principios por medio de los cuales un hablante es capaz de producir y comprender todas las oraciones posibles y aceptables de su lengua".

Así, tenemos que la propuesta de García Márquez respecto al periodismo es que éste necesita según entiendo, una nueva manera de combinar palabras para formar oraciones. Y nuevos principios para que un periodista sea capaz de producir y comprender todas las oraciones posibles de su lengua.

Porque no hay otra herramienta de trabajo para intentar una nueva gramática del periodismo que con las palabras. Y si lo propuso García Márquez, ¿qué escribió al respecto? Casi nada, según escribió y se publicó en el 2003: "he escrito nueve novelas, treinta y ocho cuentos, más de dos mil notas de prensa, y quién sabe cuántos reportajes, crónicas y guiones de cine. Todos los he hecho día tras día con la punta de los dedos en más de sesenta años de soledad, por el puro, simple y gratuito placer de contar el cuento. En resumen: mi vocación y aptitud son de narrador nato. Como los cuenteros de los pueblos, que no pueden vivir sin contar algo. Real o inventado, eso no importa. La realidad para nosotros no es sólo lo que sucedió, sino también y sobre todo, esa otra realidad que existe por el sólo hecho de contarla".

El mismo García Márquez se retrató tratando de obtener palabras para su escritura, a la cual se enfrentó todos los días: "Un pobre hombre solitario sentado seis horas diarias frente a una máquina de escribir con el compromiso de contar una historia que sea a la vez convincente y bella agarra sus palabras de donde puede. La guerra es más desigual aún si el idioma en que se escribe es el castellano, cuyas palabras cambian de sentido cada cien leguas, y tienen que pasar cien años en el purgatorio del uso común antes de que la Real Academia les dé permiso para ser enterradas en el mausoleo de su diccionario".

Así es que vayamos tomado nuestras palabras, como siempre, de donde podamos.

La mujer que escribió un diccionario

A propósito de palabras, Gabriel García Márquez escribió: "María Moliner tenía un método infinito: pretendía agarrar al vuelo todas las palabras de la vida. 'Sobre todo las que encuentro en los periódicos', dijo en una entrevista. 'Porque allá viene el idioma vivo, el que se está usando, las palabras que tienen que inventarse al momento por necesidad'".

El idioma vivo, donde tenemos que inventar palabras por necesidad. Ése es el reino en que nos vemos inmersos para formular una nueva gramática del periodismo. Y, además, nos encontramos, en nuestro caso, con que estamos en México, donde se habla un español distinto al de España o al del resto de Latinoamérica y del mundo. Ni mejor ni peor. Sólo distinto.

García Márquez escribió sobre ello: "Para mí, el mejor idioma no es el más puro, sino el más vivo. Es decir: el más impuro. El de México me parece el más imaginativo, el más expresivo, el más flexible".

¿Se refleja esto en la prensa, en ese reino de la invención por necesidad?

Carlos Monsiváis en su libro A ustedes les consta: antología de la crónica en México, donde ha reunido a los cronistas mexicanos más destacados, desde el siglo XIX hasta finales del siglo XX, nos ha mostrado que sí.

Hoy, entonces, la pregunta no es si vamos a inventar más palabras o nuevas —ya lo hacemos, todos los días—, sino cómo hemos de combinarlas para formar oraciones, y cómo hemos de ser capaces, como escritores, como periodistas, de producir y comprender todas las oraciones posibles y aceptables en nuestra lengua, el español.

La novelista española Almudena Grandes ha citado a otro escritor para hablar del caso: "Dice Manuel Vicent que el periodista que ama la palabra, la belleza y la precisión es un escritor mientras escribe".

¿Realismo mágico en los periódicos?

Amar las palabras mientras se escribe, evitar los ripios, las cacofonías, el hipérbaton, la repetición innecesaria o la invención increíble y estorbosa. ¿Qué hacer, entonces, para tener una nueva gramática del periodismo como propone García Márquez además de lo enumerado?

El escritor y periodista Tomás Eloy Martínez ya se lo preguntó antes, y respondió: "¿Podemos, entonces, intentar un realismo mágico sembrado de adjetivos fulgurantes, como se lee en el Otoño del patriarca? ¿O la reproducción al infinito de los artículos que García Márquez escribió a partir de 1980 para la agencia Efe y ahora están reunidos en el tomo V de su Obra periodística, publicada en 1991 y 1999?

Por supuesto que, realismo mágico en el periodismo, diario o semanal, quincenal o menstrual, no. El mismo Gabriel García Márquez lo ha advertido: "la ética y la política... plantea[n] también las preguntas de siempre sobre las preguntas de siempre sobre las diferencias entre el periodismo y la literatura, que tanto los periodistas como los literatos llevamos siempre dormidas, pero siempre a punto de despertar en el corazón... cuál es la verdad esencial en su relato...".

Siempre recordando lo propuesto, en los hechos por García Márquez, pues de él viene la propuesta de una nueva gramática para el periodismo, cabe citar o escrito por el autor de Noticia de un secuestro:

"Lo malo es que en periodismo un sólo dato falso desvirtúa sin remedio a los otros datos verídicos. En la ficción, en cambio, un sólo dato real bien usado puede volver verídicas a las criaturas más fantásticas. La norma tiene injusticias de ambos lados: en periodismo hay que apegarse a la verdad, aunque nadie la crea, y en cambio en literatura se puede inventar todo, siempre que el autor sea capaz de hacerlo creer como si fuera cierto".

No se trata, entonces, de adjetivos fulgurantes. Tampoco de inventar palabras, sino combinaciones de palabras. Evitar, como lo hizo el propio García Márquez, el uso del punto y coma. Ser claro desde el principio, desde el uso elemental del sujeto, el verbo y el predicado en una oración. Así de simple y complicado.

¿Cómo se puede lograr? Gabriel García Márquez lo dijo citando a su maestro Hemingway:

Hemingway "enseñó para siempre... que una de las dificultades mayores es la de organizar bien las palabras, que es bueno releer los propios libros cuando cuesta trabajo escribir para recordar que siempre fue difícil, que se puede escribir en cualquier parte siempre que no haya visitas ni teléfonos, y que no es cierto que el periodismo acabe con el escritor, como tanto se ha dicho, sino todo lo contrario, a condición de que se abandone a tiempo. 'Una vez que escribir se ha convertido en el vicio principal y el mayor placer —dijo—, sólo la muerte puede ponerle fin'. Con todo, su lección fue el descubrimiento de que el trabajo de cada día sólo debe interrumpirse cuando ya se sabe cómo se va a empezar al día siguiente. No creo que se haya dado jamás un consejo más útil para escribir. Es, ni más ni menos, el remedio más absoluto contra el fantasma más temido de los escritores: la agonía matinal frente a la página en blanco".

Una nueva ortografía

¿Qué se puede agregar a lo dicho y escrito por García Márquez? Quizá retomar en serio lo que entre veras y burlas afirmó en Zacatecas: la necesidad de una nueva ortografía para nuestro idioma, el español, donde será necesario desechar la hache muda, la repetición de la ge y la jota cuando una pude sobrar, y, en fin, amar las palabras, sobre todo en el periodismo, cuando por necesidad las inventamos y revivimos nuestro idioma, el cual no merece ser uno más en el mausoleo de la Real Academia de la Lengua, como sus más cuadrados y acedos directores.

Así, asumir que el periodismo es un género superior, acabado, nos enfrenta entonces, también, al papel del escritor, de sus preguntas y sus cuitas, de lo cual escribió Gabriel García Márquez:

“…Por qué escribimos los escritores. La respuesta, por fuerza, es tanto más melodramática cuanto más sincera. Se es escritor simplemente como se es judío o se es negro. El éxito es alentador, el favor de los lectores es estimulante, pero éstas son ganancias suplementarias, porque un buen escritor seguirá escribiendo de todas maneras aún con los zapatos rotos, y aunque sus libros no se venda. Es una especie de deformación que explica muy bien la barbaridad social de que tantos hombres y mujeres se hayan suicidado de hambre, por hacer algo que al fin y al cabo, y hablando completamente en serio, no sirve para nada”.