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Domingo , 19.08.2018 / 07:33 Hoy

Perforarán el corazón del cráter Chicxulub K-Pg

Los científicos esperan poder descifrar algunos enigmas sobre la evolución geológica del planeta y la extinción masiva de especies con una muestra del núcleo del cráter, que está en Yucatán.

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La próxima semana un grupo de 13 investigadores de varios países tratará de recuperar una muestra o núcleo de aproximadamente 30 centímetros de diámetro del cráter conocido como Chicxulub K-Pg, el cual resultó del impacto de un meteorito hace 65 millones de años en la costa norte de Yucatán, que fue la causa de la extinción de los dinosaurios y de al menos 70 por ciento de otras especies.

Jaime Urrutia, presidente de la Academia Mexicana de Ciencias y uno de los líderes de la expedición, indicó en entrevista con MILENIO que se recuperará una muestra de aproximadamente seis centímetros de diámetro para poder descifrar algunos datos sobre la evolución del planeta y lo que acabó con los dinosaurios.

Posteriormente los núcleos se cortarán en tramos de tres metros para identificar el tipo de roca y observar las características de la misma.

Un barco sostenido por tres soportes asentados sobre el fondo del mar funcionará como plataforma que se levantará aproximadamente a 20 metros sobre el agua, desde donde se perforará el Chicxulub K-Pg a mil 500 metros de profundidad.

Urrutia destacó que esta es la primera perforación marítima profunda que se va a realizar en el cráter, pues los científicos ya han estado trabajando en la región previamente. Hasta el momento, indicó el investigador, se tienen perforados 13 pozos en tierra.

Objetivos

Chicxulub Puerto es un pequeño poblado costero de Yucatán con apenas 5 mil habitantes, dedicados en su mayoría a la pesca y el turismo. El 13 de abril la comunidad científica a escala global pondrá sus ojos sobre este punto de México.

“Queremos conocer las condiciones inmediatas de temperatura, calidad del agua, oxígeno en la atmósfera, al (momento del) choque y explosión del meteorito en la Tierra, esto con el objetivo de entender cuáles fueron los mecanismos que provocaron varias extinciones”, señaló en entrevista para MILENIO, Mario Rebolledo, geofísico del centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) y quien participará en la expedición.

“Pero también queremos saber qué pasó para que surgiera vida de nuevo y cuánto tiempo tuvo que transcurrir”, abundó.

Otro objetivo se refiere al comportamiento de las rocas en la corteza terrestre tras el impacto; “los modelos que hasta el momento tenemos, señalan que el material rocoso se comportó como un fluido, al generar una especie de onda para alejarse del centro; es decir, de lo que fue el cráter (como cuando se arroja una piedra a un lago)”, explicó.

“En este punto deseamos saber cómo lograron las rocas esa acción al ser un material sólido”, detalló el geólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El último objetivo, que es secundario al proyecto, busca conocer las características de las rocas del cráter que mantienen controlada el agua subterránea en la región norte de Yucatán.

Cráter único

La historia se remonta al momento en el que un meteorito de más de 10 kilómetros de diámetro impactó contra la Tierra a más de 20 kilómetros por segundo, lo que provocó la formación del Cráter Chicxulub K-Pg que hasta la fecha es parte de varias exploraciones de científicos, desde astrónomos hasta geólogos, que buscan revelar los misterios de ese fenómeno.

Según los estudios previos, la explosión al momento de impactarse el meteorito contra la Tierra generó incendios, cenizas, polvo y aerosoles; lo que provocó que la luz solar se bloqueara durante algún tiempo, motivo por el que millones de seres vivos entre plantas y animales, incluidos los dinosaurios, no lograron sobrevivir a la catástrofe.

Esta investigación se ha llevado a cabo durante las dos últimas décadas, entre actividades de mapeo, estudios satelitales, toma de muestras, análisis de rocas y capas de suelo en tierra firme.

El cráter —también conocido como “cráter de la muerte”— tiene más de 2.5 kilómetros de profundidad y aproximadamente 200 kilómetros de diámetro, lo que lo convierte en uno de los de mayores dimensiones y el mejor preservado en todo el planeta.

Otra de sus características es que alrededor tiene un anillo de picos formado por elevaciones semicirculares que parece ser una cadena de montañas formada por encima del boquete.

A principios de 1980, Antonio Camargo, gerente de Exploración de la empresa Petróleos Mexicanos (Pemex) y Glenn Penfield, descubrieron en un pozo de Chicxulub rocas de silicato con textura ígnea.

Fue hasta 1990 cuando las muestras de Pemex fueron analizadas, arrojando la evidencia de un impacto de gran magnitud. Según explica Mario Rebolledo, este cráter es único en su especie, pues existen otros de mayor tamaño y más antiguos en Canadá y África; sin embargo, se encuentran muy erosionados, lo que no permite que sean estudiados.

La expedición

En el proyecto, que será realizado bajo el nombre de Expedición 364, están involucrados 45 especialistas de varias disciplinas, entre geólogos, paleontólogos y astrónomos, provenientes de países como Canadá, Japón, Estados Unidos, Alemania, Francia, Austria, España y Puerto Rico, entre otros.

El equipo será liderado por Sean Gulick, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas; Joanna Morgan, del Imperial College en Londres, Inglaterra, y Jaime Urrutia, del Instituto de Geofísica de la UNAM.

Se prevé que 13 de los científicos, entre los que está confirmada la única mexicana, Ligia Pérez-Cruz, permanecerán dos meses en la plataforma; sin embargo, el trabajo de los 45 especialistas involucrados continuará aproximadamente 60 días después de la perforación.

Una vez que se tengan los núcleos , serán enviados a Alemania para continuar con los estudios en centros especializados, en los que los expertos mexicanos también participarán.

Urrutia puntualizó que la extracción de muestras depende de la técnica para evitar que la expedición tenga problemas con el pozo, ya que si este es inestable las paredes pueden colapsar. Por eso emplearán tuberías del menor diámetro posible en la perforación.

Al final, las piezas rocosas que sean rescatadas dentro de la investigación serán donadas al Museo de Yucatán Chicxulub.

“Ahora los científicos mexicanos no solo son observadores como hace varios años, participamos en proyectos que son de alto impacto como esta perforación, es importante decir que además llevamos la batuta en varios aspectos, al ser especializados en diversas áreas a escala internacional”, abundó Rebolledo.

El investigador aseguró que desde que se formó el grupo de expertos han mantenido varios programas de difusión para que los mexicanos conozcan las acciones que se llevarán a cabo y sepan que el proyecto es amigable con el ambiente, con los ecosistemas y con las actividades económicas.

La perforación tendrá una inversión de 10 millones de dólares y está financiada por el Internacional Ocean Discovery Program y el International Scientific Drilling, que pagan una cuota anual con el propósito de costear investigaciones de este tipo.

“Este proyecto brindará proyección a la ciencia en México y también es motivo de reconocimiento a los pobladores de la zona, pues si se ha logrado concretar la investigación es gracias a la política científica en el estado de Yucatán, no solo moralmente, sino con recursos económicos”, finalizó el geólogo.

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