Sin percances, fue estrenada la obra musical de Nitsch

En ausencia del artista, fue estrenada su sinfonía dedicada a la Ciudad de México.
“Cuando "Sinfonía Für Mexico City" terminó, el zumbido seguía allí”.
“Cuando "Sinfonía Für Mexico City" terminó, el zumbido seguía allí”. (Xavier Quirarte)

México

Todo era como un thriller. Hermann Nitsch, artista multidisciplinario que ha causado polémica —y furor— por emplear sangre, restos de animales y otro tipo de elementos provocadores en sus obras, había sido invitado a exponer en febrero en el Museo Jumex. De la noche a la mañana, en un escueto boletín, se avisó que la muestra se cancelaba.

En un artículo publicado recientemente en The New York Times, Victoria Burnett dice que el artista “no es extraño a la controversia. Pero en todos estos años, el señor Nitsch, de 76 años, dijo en una entrevista, nunca, a ninguna institución, le había cancelado una exposición”.

Se rumora que la muestra fue cancelada por presión de un grupo de ambientalistas, en el que había hasta personalidades del ambiente, pero no del medio ambiente, sino del ambiente del espectáculo. También se dice que fue porque sus obras, salpicadas de sangre, llegarían a México en un momento políticamente incorrecto. Sea lo que sea, la embajadora de Austria en México aseguró que el acto de cancelación había sido resultado de una “lectura errónea” de lo que el artista propone con su obra.

Con motivo de la exposición, se había programado en el Museo Ex Teresa Arte Actual el estreno de Sinfonía Für Mexico City, obra musical de Nitsch que sería dirigida por Andrea Cusumano. El proyecto siguió adelante y, despojado de su exposición, el artista viajó a México. Se programó una charla sobre su obra con Cuauhtémoc Medina, pero se canceló porque Nitsch enfermó aquí. Y aunque hubo hermetismo en torno a su convalecencia —que no debe ser cualquier cosa, pues estuvo hospitalizado—, el programado concierto no fue cancelado.

Llegamos al Ex Teresa esperando que se apareciera el chamuco, pero no fue así. El señor Nitsch no llegó a un concierto que había sido anunciado con localidades agotadas, aunque una vez que estaba a punto de comenzar sobraban lugares. Había medio centenar de sillas, pero estaban destinadas a los invitados de la embajada de Austria, y, por ende, todas ocupadas —quienes pagaron boleto permanecieron parados—.

Esperar de pie, con el torturante sonido agudo de un teclado como fondo, no era lo ideal, pero suponemos que la idea del artista era provocar al público, meterlo en un estado de conciencia. Pero la gente platicaba campechanamente, pues en México si estamos acostumbrados a algo, es al ruido.

Comenzó el concierto y el sonido persistió a lo largo de toda una obra que, en sus inicios, tiene un aire pueblerino. Un teclado —o una laptop— se unió al tono todavía torturante, aunque luego devino en un ruido que sepultaba el sonido de los violines, cuyos ejecutantes parecían hacer mímica.

En un momento dado tocaron varios silbatos de juguete, que se fueron transformando en una especie de canto de grillos. También hubo matracas de madera y una especie de tañidos de campanas. La obra, de un tono ligetiano, tal vez por problemas de amplificación, dejaba escuchar más el sonido del teclado —o laptop—, sepultando por momentos al resto de los instrumentos (aunque tal vez fuera esa la intención).

Cuando Sinfonía Für Mexico City terminó, el zumbido seguía allí, o era, acaso, el eco que se había instalado en el inconsciente. Reportamos, con gusto, que no hubo ningún sacrificio animal, y que la pequeña pantalla instalada afuera para quienes no tenían boleto animó a una veintena de fans del artista, quien, lamentablemente, no llegó a su estreno.