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Jueves , 18.10.2018 / 20:01 Hoy

Pequeños monstruos inclasificables

Reinventar de forma libre un pasado para que el escritor se acerque a sí mismo o mire un retrato.

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La novela corta es el terreno natural en donde realiza sus desplantes narrativos el argentino César Aira (Coronel Pringles, 1949). Ello implica un límite casi estricto de cien páginas, según la familia tipográfica o su disposición (tamaño de la letra e interlineado), lo que podría equivaler a una carrera de cien metros. Aunque no: por tiempo de lectura se pensaría en una o dos horas (pues también hay lectores rápidos y pausados), que es lo que lleva a un profesional consumar el medio maratón o el maratón completo.

Quizá el mejor símil serían los cien metros captados en cámara lenta, con lo que un instante terminaría por extenderse; y Aira sería tanto un velocista feroz como un corredor de fondo. Tanto ha frecuentado el género, que en él se mueve a sus anchas: puede realizar en ese espacio y tiempo mil cabriolas y parecer, al fin, que ha estado estático, en una inmovilidad activa.

Entre los indios, editada originalmente en 2012, se publica en México cuando en Argentina apareció ya Eterna juventud, que es un regreso del narrador a ese mundo mapuche que poco y mucho tiene que ver con la realidad sudamericana. No es antropología ni aspira a la idealización o el rescate de una cultura perdida o subterránea. Es solo un resorte imaginativo: reinventar de forma libre un pasado para que el escritor se acerque a sí mismo o mire un retrato.

El protagonista, Cafulcurá, líder de la tribu, es un nuevo alter ego de Aira. Recuerda que en su infancia tuvo como mascota a un lagarto raro, y esto lo conduce a armar la siguiente figura: “Quizás el mundo animal estaba lleno de especímenes inclasificables, únicos, hechos para el recuerdo más que para el consumo. Monstruos, en definitiva, que en tanto tales seguían siendo únicos hasta el fin de los tiempos”.

Esto habla por Aira y por sus sesenta o setenta y tantas novelas cortas: cada una de ellas es como un pequeño monstruo inclasificable. Quien lo frecuente sabrá que hay una idea narrativa común, un método en su escritura que parte algunas veces de la divagación y otras de la fuga; construye así de forma aparentemente distraída un artefacto esférico. Lo que parece no ir a ningún lado termina, de modo inesperado, por cerrarse.

Acá hay, además, algunas paradojas interesantes, como el hecho excepcional de un fantasma limosnero que pide algo a quienes no tienen nada, lo que genera en la tribu tremendo desconcierto.

Entre los indios se agrega, también, a esa tradición de la literatura fantástica de las apariciones diabólicas, notable en relatos como “Enoch Soames”, de Max Beerbohm, o “Un pacto con el diablo”, de Juan José Arreola.

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