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Miércoles , 17.10.2018 / 11:35 Hoy

'Pequeño Pushkin'

Mauricio Carrera hace una antología de sus doce cuentos más representativos. 




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Mauricio Carrera (Ciudad de México, 1959) es un escritor que frecuenta la narrativa y el ensayo. En esta antología se encuentran recopilados sus cuentos más representativos, doce estampas que emergen de un caleidoscopio multicolor (y a la vez homogéneo).

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Algunas de sus historias presentan remembranzas a novelas policíacas o bien son una crónica de días aciagos en la frontera, como ocurre en “Aretes”. (Este texto en particular tiene una referencia directa a las muertas de Juárez). El narrador es un detective, un periodista que olfatea los más intrínsecos movimientos del hampa y de la gente que suele conducirse en los bajos fondos.

Carrera es un autor motivado en contar historias divertidas, seductoras; no le interesa extraviarse en juegos narrativos ni en sutilezas del lenguaje sino en mostrar una manera de narrar directa. Los relatos reflejan inseguridades, infortunios y arrebatos que desencadenan ráfagas de locura y mala suerte. Sin sutilezas de por medio, corta cartucho para advertirle al lector que lo que viene es un manojo de imágenes violentas, una descarga dirigida a un punto medular de la conciencia.

Los temas que aborda tienen esos matices y, acaso, una imagen perdurable: un hombre que intenta recuperar algo (el amor de una mujer, de su hijo, su prestigio literario, dinero, su dignidad para que ya no se burlen de él, su trabajo, un instante de placer, el luchador en busca de fama). También incorpora referencias literarias y cinematográficas.

En este compendio de habitan personajes hechos de anécdota y detalle físico que, condenados a vivir en el perímetro escueto y primitivo de sus propias emociones, parecen estar destinados a desenmascararse continuamente, a delatar toda la debilidad y torpeza que los vuelve realmente humanos.

El relato que da nombre al libro, “Pequeño Pushkin” remite a un malentendido que trae consigo un entretenido alboroto. ¿Acaso la vida no está hecha de malentendidos que los seres humanos nos empeñamos en explicar? Un escritor gordo, con cierto número de lectores, debe contratar a alguien para que le ayude a cocinar y a cuidar de su madre. La mujer que toma el empleo se da cuenta que el autor no conoce de lo que escribe y no vive todas las cosas que recrea en sus libros. Así que le consigue un maestro de esgrima para que pueda tener mejores armas narrativas. Lo que obtiene Carrera es un atractivo desenlace.

Al leer estos cuentos se piensa en Rubem Fonseca, cuando dice: “Escribir es urdir, tejer, zurcir palabras, no importa si es una receta médica o una pieza de ficción. La diferencia es que la ficción consume el cuerpo y el alma”.

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