Secuestrados por el centro

La retórica flamígera e incendiaria casi siempre ahuyenta a los electores y los conduce a la opción menos mala.
Slavoj Zizek.
Slavoj Zizek. (AFP)

México

Una de las grandes paradojas que producen las figuras políticas extremas es que, salvo en los contados casos en los que no son derrotadas por la vía de las urnas, normalmente terminan por reforzar a las opciones centristas que, por lo general, representan casi por definición el ofrecimiento de conservar las cosas en su estado actual. Así, la retórica flamígera e incendiaria casi siempre ahuyenta a los electores y los conduce a la opción menos mala, la que por lo menos asegura que el estado de cosas continuará favoreciendo o desfavoreciendo a los que ya favorecía o desfavorecía en primer lugar. De ese modo, pasado el adictivo ciclo de histeria y pánico a que ahora sí gane el monstruo repudiable, podemos volver a nuestras casas con la confianza de saber que como sociedad hemos elegido a quien garantiza que la realidad seguirá siendo aquella que ya conocíamos.

El problema es que el actual centro político se asemeja a un vórtice hambriento que engulle a todos quienes no ostentan las credenciales de pertenencia adecuadas. Desde distintos ángulos, pensadores como Thomas Frank, George Packer y George Monbiot, por no hablar del más radical Slavoj Zizek, han detallado convincentemente el contubernio ideológico, económico, político e incluso social, que se produce entre los sectores más prominentes del entorno político, empresarial, mediático, artístico y demás, de una manera que cada vez estrecha más el círculo que separa a quienes participan de la euforia financiero-creativa que nos ofrece la globalización tecnologizada, de quienes se encuentran condenados desde la cuna a ser, en el mejor de los casos, los choferes, meseros, sirvientas o profesores de yoga que ayudarán a volver única e irrepetible la experiencia vital de la sonriente élite que lava su conciencia social apoyando causas justas en change.org, o donando algunas migajas con gran nobleza en proyectos de crowdfunding.

Cualquier opción política que se etiqueta como lo que antes se entendía como izquierda en realidad hoy defiende un modelo de meritocracia sumamente vertical, pasando por alto la irrefutable conexión entre el mérito y las oportunidades recibidas para formar parte de los que merecen una vida tan irrepetible. El galopante proceso de gentrificación de nuestras ciudades no se reduce a la proliferación de cafés estilizados y tiendas para veganos, sino que se hace extensivo para materializar la exclusión de todos aquellos que, independientemente del color de piel, credo religioso o preferencia sexual (la tolerancia pasa por tener más o menos los mismos ceros en la cuenta bancaria), definitivamente no son uno de los nuestros. Afortunadamente, contamos con un repertorio insuperable de monstruos políticos para descargar sobre ellos nuestra mala conciencia, y de ese modo podemos, una vez que han sido derrotados gracias a la mayoría silenciosa de la que formamos parte, continuar reproduciendo los esquemas sociales y mentales que aseguran que en algún lugar insospechado se esté ya incubando el próximo monstruo al que volveremos a odiar con todo nuestro corazón.