El pecado, inherente al ser humano: Claudia Guillén

El libro "Pecados predecibles" presenta historias acerca de personajes comunes pero complejos, y de figuras socialmente olvidadas.
“Cualquier tipo de abuso me puede enloquecer, me indigna”.
“Cualquier tipo de abuso me puede enloquecer, me indigna”. (Grace Navarro)

México

Historias acerca de personajes comunes pero complejos, y de figuras socialmente olvidadas y marginadas que pareciera que para nosotros “no existen”, son las que Claudia Guillén (Distrito Federal, 1963) nos presenta en su libro Pecados predecibles (Lectorum y la Universidad Autónoma de Nuevo León, 2013).

Guillén estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, y ganadora del 35 Premio Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés.

¿Cómo seleccionó  los cuentos para este libro?

Un volumen de cuentos debe tener una lógica interna; no es que agarres un montón de los que ya tengas y los juntes, sino que hay un hilo conductor que los lleva a poder aparecer en un volumen. Son relatos que he trabajado durante 14 años.

En los cuentos aparecen personajes socialmente olvidados.

Sí, pareciera que es gente que no existe. Nosotros hacemos a un lado la mirada, pero en un país donde hay millones de personas en pobreza extrema los marginados son un parte importante. A mí me interesa indagar, sin carga moral, en esos mundos que normalmente no nos gusta ver.

¿Por qué casi todos sus personajes son mujeres?

Curiosamente son las mujeres los personajes principales, pero no hay una intención de que lo sean. No narro la vida de las mujeres porque sienta que deben ser contadas, sino porque son los personajes con los que más me acomodo.

Me llama la atención su cuento “Cristo negro”, en el que hay una carga erótica, lo cual es fuerte para una sociedad católica.

Es desacralizar un poco la idea del pecado. Soy católica, pero cuando era niña a mí me impresionaba mucho la imagen de Cristo sufriendo con los clavos, y fue el afán de sacarlo de ese sufrimiento eterno, de ver lo que nos recordaba que había muerto por nosotros y de una manera francamente brutal. Entonces el personaje principal se apropia tanto de él que lo vuelve un poco humano y con un erotismo que también es humano.

¿No le gustan los finales trágicos?

No; la vida cotidiana tiene una curva de dolor, y llega a tal grado que ya no aguantas más. Tu cotidianidad no puede ser sufrir y sufrir porque te desgastas. Ninguno de estos cuentos tiene la intención de caer en lo trágico permanentemente, aunque las historias ya lo son. Un ser humano, salvo excepciones, no pude sufrir todo el tiempo porque el nivel de tensión se rompe.

¿Por qué le llama tanto el tema de la trata de blancas?

Es un abuso, y cualquier tipo de abuso me puede enloquecer, me indigna. Cuando haces algo sin el consentimiento del otro es peor que cualquier cosa. Esta cuestión del empoderamiento a partir de doblegar al otro me parece de las cosas más deleznables de la condición humana.

El título y la portada del libro son muy sugerentes.

A la palabra pecado la hemos tenido como un adjetivo para descalificar. Todo el mundo peca; yo puedo decirte que soy una mujer honesta, pero de niña inventaba unas cosas que no te puedes imaginar. El pecado es inherente al ser humano, y justamente por eso es predecible. Se le llama pecado a una mentira, pero también se le llama así a una violación. Esto fue desacralizar la idea de la palabra pecado.