Las tres patrias de Gabo: Colombia, México y el español

“El más grande novelista de América Latina de todos los tiempos”, afirma Enrique Peña Nieto.

Ciudad de México

Colombia, México y el español, las tres patrias de Gabriel García Márquez, se fundieron ayer en el homenaje que se le rindió al escritor en el Palacio de Bellas Artes: “El más grande novelista de América Latina de todos los tiempos”, afirmó el presidente de México, Enrique Peña Nieto; “el más grande colombiano de todos los tiempos”, según el mandatario de Colombia, Juan Manuel Santos.

“La imaginación es una de las más grandes herramientas humanas”, aseguró el Presidente mexicano, y añadió: “Gabriel García Márquez la llevó por caminos inexplorados, y en ese extraordinario recorrido nos invitó a viajar con él. Para orgullo de México, nuestro país fue el segundo hogar de García Márquez, donde encontró el espacio y la libertad para vivir su vocación y consagrarse en la literatura. Los mexicanos vimos crecer a ese árbol frondoso y eterno”.

“Un hombre”, destacó por su parte el mandatario colombiano, “que incorporó en sus obras la esencia misma del ser latinoamericano y muy especialmente del ser Caribe. México y Colombia, hermanadas por tantos motivos, nos unimos otra vez en esta ceremonia de afectos, porque Gabo era, ante todo, una persona de afectos”.

Por su parte, Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), recordó que la vida del escritor “marca la trayectoria extraordinaria de un hombre y sus tres patrias: Colombia, México y el idioma español. Esos territorios, que tienen mucho que ver con la imaginación pero también con las raíces que uno echa en el periplo de una vida, ya pueden reclamarse como patrimonio de la humanidad”.

Despedida

Diferentes miradas alrededor de un mismo escritor, pero la coincidencia de que se despedía a un personaje al que trascendería su obra. Cinco días habían transcurrido desde la muerte del Nobel de Literatura 1982, y allí estaba Mercedes Barcha, su pareja durante más de 60 años, y quien apenas ayer se dejó ver en público.

Acompañada por sus hijos Rodrigo y Gonzalo, el presidente del Conaculta y la directora  del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), María Cristina García Cepeda, colocó la urna que contenía las cenizas del escritor sobre un mueble negro, al centro del vestíbulo del recinto. Pasaban 15 minutos después de las cuatro de la tarde.

Ellos fueron los encargados de hacer la primera guardia de honor y luego se sucedieron muchas más, en las que pasaron familiares y amigos. Para las exequias se usaron alrededor de 10 mil flores amarillas distribuidas por todo el vestíbulo, con un retrato del autor colombiano acompañado de la frase “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

Desde antes de las 10 de la mañana comenzaron a arribar los primeros lectores, algunos con sus libros preferidos de García Márquez, unos más con frases escritas sobre cartulinas o sobre pedazos de cartón que hallaron en el camino. Después de las cuatro de la tarde comenzaron a ingresar, cuando la fila ya parecía interminable.

Isidro Aragón venía de Morelos. Había salido a las cinco de la mañana y cerca de las once ya estaba entre los primeros que hacían fila para entrar al Palacio de Bellas Artes; entre sus manos, casi como un tesoro, traía una primera edición de Cien años de soledad, de 1967, publicada por Sudamericana, ya desgastada, amarillenta, la cual lo hizo ingresar al mundo de las letras.

Katia había hecho más de hora y media entre su casa, en Neza, y el recinto, a lo que hay que agregar las cuatro horas de espera para poder despedirse de Gabo durante unos cinco... segundos, el tiempo que tardó en cruzar frente a las cenizas.

Pasaban las horas y más personas llegaban. Llegó el momento en que la fila iba desde el Palacio de Bellas Artes hasta la avenida Balderas. Así transcurrieron poco más de tres horas, hasta que las puertas fueron cerradas para comenzar los preparativos del acto oficial.

Pérdida

El primero en tomar la palabra fue el titular del Conaculta, quien dijo que estábamos en la celebración de un escritor que siempre había pensado en su infancia, en ese “gran asombro de ojos desorbitados de la realidad que vivió de niño y que jamás se fue”.

“Celebramos que sus recuerdos hayan sido atizados por la invención o motivados por ella. Celebramos que haya absorbido con asombro y con talento de artesano la cultura (alta y popular) que lo rodeaba. Y celebramos su curiosidad voraz. De ahí que su obra sea aplaudida por el público y por la crítica, en la plaza popular y en el aula erudita”.

Y en especial recordó que García Márquez nos había dejado un Jueves Santo, “entre una luna roja, una granizada épica y un temblor de miedo, digno marco cósmico para el inventor y cronista de la realidad mágica de Latinoamérica”.

Después correspondió al presidente de Colombia evocar el legado de las obras de García Márquez, el cual está representado en sus novelas, sus cuentos, sus crónicas y sus anécdotas, “pero antes que nada nos deja la esperanza, la tarea, la determinación de unirnos por el bien de nuestros pueblos”.

“Gabo se lo dice a Colombia, se lo dice al mundo: no estamos condenados al mal. Hoy venimos desde Colombia hasta México, y vienen admiradores y amigos de Gabo desde todos los rincones del planeta para ratificar nuestro compromiso con nuestra utopía posible, con una América Latina que supera su soledad y encuentra su segunda oportunidad sobre la Tierra”.

Por eso, para el mandatario sudamericano, hay que reconocer que sigue y seguirá vivo en sus libros y en sus textos, pero sobre todo “vivirá para siempre en las esperanzas de la humanidad. Gloria eterna a quien más gloria nos ha dado”.

Peña Nieto recordó que millones de personas de otros continentes y de diversas lenguas han conocido y amado a América Latina gracias a la obra de Gabriel García Márquez, quien se asumió como un fabulista que buscaba escribir una historia aún no contada, que hiciera más feliz a sus lectores: “Su vida y su obra son, además, inspiración, guía, luz y ejemplo para miles de escritores alrededor del mundo”.

“Gabo colocó a la literatura latinoamericana a la vanguardia de la literatura mundial. Desentrañó precisamente la esencia y la identidad de nuestra América Latina y la proyectó al mundo. Si quisiéramos personificar a Latinoamérica con un símbolo de emoción, generosidad y grandeza, Gabriel García Márquez sería una figura ideal”, destacó el titular del Ejecutivo.

Entre los invitados estaban políticos como el ex presidente de Colombia, César Gaviria, y el Jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, y escritores como Héctor Aguilar Camín, Ángeles Mastretta, Jorge F. Hernández, Xavier Velasco, Adolfo Castañón, Carmen Boullosa y muchos familiares y amigos más, colombianos y mexicanos.

El Presidente de México señaló que su recuerdo y su obra, su inspiración y su ejemplo, estarán siempre con amigos y con millones de personas alrededor del mundo.

“Sus palabras y sus libros sobrevivirán los límites de la efímera vida humana. García Márquez vive entre nosotros, en las generaciones de hoy y en las que habrán de sucedernos. Ha partido un grande, un hombre verdaderamente grande, pero se queda con nosotros su obra. Descanse en paz don Gabriel García Márquez”.

Una noche, un adiós

Y cuando la noche terminaba, la familia García Barcha emitió un comunicado en el que agradecía “los innumerables y cariñosísimos gestos de admiración y afecto por Gabo, en particular en Colombia y en México, su patria y su casa”.

Luego de reconocer a los presidentes Peña Nieto y Santos, lo hicieron también con los funcionarios culturales y con los médicos y enfermeras que atendieron al escritor en el Instituto Nacional de Nutrición.

“Pero lo más conmovedor, por supuesto, ha sido la infinidad de gestos, comentarios y mensajes de admiradores y lectores del mundo entero. Gente de todas las edades, extracciones y culturas ha expresado su amor por Gabo más allá de la tristeza de perderlo. Nos han hecho sentir que no lo han perdido sino ganado para siempre, y que les pertenece a ellos. Gracias”.

Cuando las vallas fueron retiradas, los lectores seguían ahí, a la espera de que se abrieran las puertas del Palacio de nueva cuenta, por lo menos para tomarse una foto. Sí lo lograron, luego de algunos enojos, pero 10 minutos antes de las 10 de la noche se volvieron a cerrar; mientras adentro se quedaron unos cuantos afortunados, afuera se quedaron muchos más.

Miles de mariposas amarillas volaban por la explanada para despedirse de Gabriel García Márquez, quien una vez imaginó que “muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.  


 UNA MAÑANA EN FUEGO

En el portón de la casa de Gabriel García Márquez permanecían ramos de flores amarillas y una bandera de Colombia. Desde temprano, decenas de policías controlaron la calle Fuego y apostaron una guardia enfrente. A las 11:45 horas, el rector de la UNAM, José Narro Robles, llegó para externar sus condolencias; declaró: “Es una pérdida extraordinaria, de un gigante del pensamiento, de un hombre maravilloso con cuya pérdida perdemos parte de la imaginación y, para quienes formamos parte de una generación, algo simplemente insustituible. García Márquez es un gigante de las letras, de la imaginación, de la creatividad y el pensamiento”.

Fernanda Familiar llegó a la casa a las 14:12 horas. Dio instrucciones a los mandos de la SSP sobre el orden del cortejo, y poco después de las 15 horas, los familiares de Gabo salieron con una flor amarilla y abordaron camionetas. Entre aplausos, a las 15:18 horas salió de la casa la camioneta gris de García Márquez para iniciar el cortejo fúnebre rumbo al Palacio de Bellas Artes.

El bullicio se apagó y policías, reporteros y vecinos abandonaron la calle. Solo quedaron las flores amarillas y la bandera colombiana.
(Fanny Miranda/México)