ENTREVISTA | POR CARLOS JORDÁN

Aka Hirokazu Kore–eda

El núcleo familiar es el hilo conductor de un relato que medita sobre la relación filial, los vínculos que se crean a lo largo de la vida y, sobre todo, las paradojas afectivas que detona el pasado.

“La paternidad es una cuestión de convivencia”

Aka Hirokazu Kore–eda
Aka Hirokazu Kore–eda (Archivo)

Ciudad de México

Ryoata, un arquitecto obsesionado por el éxito profesional, forma con su joven esposa y su pequeño de seis años, una familia aparentemente estable. Su mundo se tambalea cuando los doctores del hospital donde nació su primogénito, le informan que dos bebés fueron cambiados y  el niño que crió no es el suyo, mientras que su hijo biológico vive con una familia modesta. Motivado por una reflexión alrededor de la paternidad, el cineasta japonés Aka Hirokazu Kore–eda rodó De tal padre tal hijo, filme ganador del Premio del Jurado en Cannes y del Público en San Sebastián. 

¿De dónde viene el interés por tocar el tema del intercambio de hijos?

La idea no habría germinado de no ser por mi hija de seis años. Mientras filmaba Milagro, entre 2010 y 2011, pasé mucho tiempo fuera de casa. Todo ello propició que mi presencia ante ella se desvaneciera. Así surgió la inquietud de trabajar sobre la relación padre–hija. Maduré la idea y salió como una reflexión sobre cuál es el soporte de la relación filial: la sangre o el trato cotidiano.

¿Cómo fue el trabajo con los niños?

Cuando trabajo con menores no suelo dejarles el guión, simplemente trato de estar cerca de ellos e incluso de murmurarles casi al oído.

Varias de sus películas giran alrededor de cuestiones familiares, ¿por qué?

Es difícil responder. ¿Qué será? No tengo una respuesta satisfactoria y debo limitarme a decirle que la familia es el espacio donde un ser humano se desempeña de distintas maneras, puede ser padre, hijo, hermano o esposo. Es decir, me permite indagar sobre diferentes facetas del Hombre.

En la película hay un diálogo donde uno de los personajes habla sobre la problemática que representó la suplantación de hijos, particularmente a partir de la Segunda Guerra Mundial.

Hace cuarenta o cincuenta años este tipo de fenómenos eran relativamente comunes. Y cuando salían a la luz, la mayoría de los padres elegía a los hijos de sangre. De hecho, creo que en ciertos sectores de la sociedad japonesa aún prevalece la idea de que la paternidad tiene más relación con la sangre que con el trato. Si me pregunta mi opinión al respecto, debo decirle que para mí, la paternidad es una cuestión de convivencia, pero en la película no se trataba de imponer mi punto de vista sino de contrastarlo. En Japón, el sistema de adopción no es tan común.

La película está contada desde la perspectiva masculina, ¿fue porque le interesaba el punto de vista paterno o porque esa es la posición dominante en la familia japonesa?

Mi interés era hablar sobre el proceso de ser padre, así que fue algo premeditado. No podría decir que el machismo es una condición predominante en las familias. Incluso en el comportamiento de los hijos, el énfasis está centrado en las reacciones que tienen hacia los papás.  

Dada la reflexión personal que detonó De tal padre tal hijo y pensando que Nadie sabe partió de la muerte de su madre, ¿el cine tiene un efecto catártico en usted?

No sé si pueda hablar de un proceso catártico pero sí tiene algo de autobiográfico. No obstante, debo resaltar que son ficciones y por lo mismo mantengo cierta distancia con mi experiencia personal. En la película sobre mi madre partí del objetivo de homenajearla, mientras que ahora busqué reflexionar sobre la relación con mi hija.

La actuación de los protagonistas, hombres sobre todo, es muy contenida en términos emocionales, ¿por qué?

Por el tema podría haber dirigido a los actores rumbo al llanto, pero entonces habría conseguido un melodrama, género que me resulta poco atractivo. Al privilegiar el proceso de paternidad, me parecía más efectivo mantener cierta contención. Todo se resume a una cuestión de intereses, entre más claro tengas hacia dónde quieres llegar, mejor será la película.

¿La constante comparación con Yasujiro Ozu le perjudica o beneficia?

En realidad, ya estoy acostumbrado y no me molesta. Creo, incluso, que me ha facilitado la circulación en festivales internacionales. Es interesante porque en los últimos años, la fama del cine japonés se limitaba al género de terror, cosa que no me sorprende porque en mi país existe una tradición muy importante en este terreno.  Aun así, debo decirle que la producción anual en Japón oscila entre 350 y 400 películas, en las que hay de todo.