CRÓNICA | POR GILBERTO LASTRA GUERRERO

La alquimia del abismo

El dilema del pensamiento es la locura

Detrás de la mirada de un loco se percibe fuego que no terminará, constante intensidad de la dislocación del pensamiento. Una retina hecha hielo. Opus nigrum.


Durango

Detrás de la mirada de un loco se percibe fuego que no terminará, constante intensidad de la dislocación del pensamiento. Una retina hecha hielo. Opus nigrum.

Golem en gestación. Tal vez el único estado puro de la existencia humana, fuera del tiempo y del espacio, fuera del orden y del caos, de la moral y la ética. Incluso, fuera del instinto.

La locura es el primer estado del hombre fuera del lenguaje, por eso la incomprensión social tras barrotes hechos de fármacos. El único animal que conoce la locura es el hombre y tal pareciera que sólo el género humano la encarna.

Para el poder y su orden, la locura es un castigo que debe regresar a la zona abisal que lo creó y los manicomios y la calle, son la mazmorra occidental del sin control y sin sentido.

En las fotografías de Fermín Soto, un hombre mira una pelota rojo y azul para introducir figuras geométricas en la infancia. El tipo la mira con toda la atención que el mundo le ofrece, para su entendimiento la forma no existe.

Una mano trata de incrustar figuras, sin éxito. Juegos infantiles imposibles para los hombres. El quebranto del lenguaje.

En el primer plano de la placa, una mano trata de incrustar en una tabla de madera figuras, sin éxito. Juegos infantiles imposibles para los hombres.


El quebranto del lenguaje. Otra placa, la de un hombre amarrado a una cama para evitar lastimarse. Impotente, el tratamiento y los avances científicos.

El hombre, lesionado en mente y cuerpo intenta sacar esa dolencia, la herida química. Busca, en el fondo, autosanar.

La muestra es amplia y sin maquillaje retórico, incluso la sinestesia abreva en los sentidos del espectador. En algunos casos son imágenes y elipsis, momentos que resumen la condición humana del exilio más profundo: el del prejuicio y la incomprensión.

El mismo espacio para la distancia que el lenguaje permita. La vida en momentos es absurda, contradictoria en los linderos del lenguaje, pero no de la fisiología. El dilema del pensamiento es la locura, un estado de sin palabras.

Un estado gobernado por las hormonas y las secreciones. Cada loco es un aludel en completa reconstrucción, inerte, inmóvil e improductivo para el sistema de producción occidental, desechable.

Una lectura en la visión de Paracelso sobre la vida en un microcosmos que no reconoce su hechura macrocósmica. ¿La vida se resume a la cordura? ¿Entonces dónde quedarían los milagros, los mitos y la vida inconsciente del mundo? ¿Qué no acaso son las religiones una fuga a la razón?

El único hilo que mantiene unidad a la humanidad es el instinto, no la razón, ni la economía, ni la política. Foucault escribe sobre la locura al situarla en el tiempo de la obra de William Shakespeare y Miguel de Cervantes Saavedra:

“La locura no es ya considerada en su realidad trágica, en el desgarramiento absoluto, que la abre a otro mundo; se la considera solamente en el aspecto irónico de sus ilusiones. No es un castigo real, sino imagen de un castigo, y así falsa apariencia; no puede estar ligada más que a la apariencia de un crimen o a la ilusión de una muerte”. Así el exilio de los locos en la humanidad.

La locura es la clave del mundo, y la razón no lo comprenderá. Ni el desarrollo ni el progreso. No se comprende la comunicación fi siológica, el instinto.

El lenguaje, antes la casa del ser, convertido en dogma, el dogma de la moral y le ética, de la religión y la política. El control. Al fi nal, no somos más que carne, hueso y nervios. Sin lenguaje. Sólo alquimia, un milagro.


dcr