Metallica y el confort que da la fama a los afortunados

Entre nubes de humo de mariguana, cervezas y una larga espera, se anunció a la banda como de costumbre con "Ecstasy of Gold". Antes, Halcón 7, banda lagunera, se dio a conocer en el Foro Sol.
Bisemanario cultural Pata de Perro, concierto de Metallica en el Foro Sol.
Bisemanario cultural Pata de Perro, concierto de Metallica en el Foro Sol. (Cortesía)

Durango, Durango

A Metallica le bastaron cuatro álbumes para convertirse en leyenda. La consistencia de la furia en los acordes. Los cuatros discos de la rabia, de la inconformidad: el recelo.

"Battery" cerró con la parte intensa del concierto. Los brincos y los empujones acabaron. "Nothing else matters" comenzó. Y en "Enter sandman" pelotas enormes negras y blancas en el público. Un show tan pop.

Es cierto, es una banda con una carrera con la misma fórmula musical. Para mí infalible. Es la banda que me ha acompañado por la vida. Los mismos riffs, el mismo doble bombo y la misma voz chillante. Ese sonido de garaje de las grabaciones analógicas de los ochenta.

Metallica después del "And Justice For All", encontró la zona de confort que otorga la fama a los afortunados.

El disco llamado con el mismo nombre lo testifica y al menos los demás antes de "Hardwired... To Self-Destruct", son la muestra de un fallido intento por cambiar la alquimia de la confrontación con el mundo y sus formas de poder.

El disco "Hardwired To Self-Destruct", del mismo nombre de la gira, es al parecer la resaca de la fama por la que pasa cualquier banda, aunque con Metallica parece demasiado prolongada.

En el nuevo disco se escuchan rescoldos de "Kill 'em All" en las guitarras, un poco de la osca batería de "And Justice For All". En síntesis: emana la furia.

La furia de tipos de más de cincuenta años. ¿Qué esperar? No una bocanada de lava. Aún así se escuchan reminiscencias.

La suerte de adquirir boletos a la distancia me alcanzó para el segundo concierto en Ciudad de México. La banda que abriría, Halcón 7, cumplió con el cometido de darse a conocer como una banda sólida y de argumentos musicales. Un baterista duro, consistente.

Apenas serían las siete de la noche. Iggy Pop salió a escena unos 40 minutos después. Una leyenda sin avejentar. Debo admitir que hasta el concierto no había escuchado la versión original de "The Passenger", solamente covers de otras bandas como Bauhaus o Siouxsie and the Banshees. Puedo morir tranquilo.

"Lust for life" fue la canción que más prendió la audiencia, y a casi la mitad del Foro Sol. Fue inevitable. Cada individuo en el mundo oculta un junkie entre las neuronas.

Iggy Pop como todo artista pendenciero, no conoce el tiempo. Paseó su renga existencia por todo el escenario. Cerró la ceremonia de los outsider.

"Ecstasy of Gold", del soundtrack de la película "El bueno, el malo y el feo" suena. El público conoce la tonada y tararea.

En las enormes pantallas la imagen distorsionada de los cuatros músicos. Algo, una simpleza de la furia, el gesto de liberarse mientras la pista de Hardwired es un rugido que comienza el concierto.

El coro, la frase "We're so fucked", resume el lugar al que se acude para descargar la garganta de la malsana vida posmoderna, ultramoderna, según la presunción intelectual le dicte su estatus social y liberal.

Pero, ahí, a pesar las críticas de la banda, que en parte tienen razón, Metallica decía otra cosa. "Atlas rise" sigue en el repertorio, de esas rolas como "Creeping death", épica.

James Hetfield por fin habla. Pregunta por color, la militancia del público, y el bajo de Robert Trujillo entona sobresaturado, el intro de F"or whom the bell tolls" y las escenas de cintas viejas en la mente, de libro de la Segunda Guerra Mundial. El tufo a marihuana escalaba. En todas los grupos de gente, uno, siempre agachado suelta la nube. La vieja escuela.

"Fuel" con sus fuegos artificiales subió los ánimos de los jóvenes que asisten a los conciertos de Metallica, a la generación después del álbum con la portada negra y la serpiente de la revolución americana.

"Unforgiven" fue el siguiente nombre en la final, al menos fue el uno, de la varias versiones que compuso la banda.

De regreso a Hardwired, "Now That We're Dead" y su potente batería convertida en una parte circense cuando James, Kirk, Robert, dirigidos por Lars Ulrich con tarolas acomodadas escenario intercalando saludos entre golpes a las percusiones. Lars Ulrich y la estúpida sonrisa de sus caprichos.

Al retomar la rola, el bochorno de la audiencia comenzaba a desaparecer. Y es que la rola entera está empalada un juego de bombos parecidos al crepitar de las vértebras en condiciones extremas. Un arreglo intenso.

"Mouth Of The Flame" y "Harvester of sorrow" levataron el ánimo al punto de abandonar los celulares para levantar el puño. Trujillo después de un pequeño descanso, tocó "Anesthesia", hipnótico himno sobresaturado.

Las cualidades de los bajista en la historia de la banda son de insospechadas ejecuciones, desde Cliff Burton hasta Trujillo. Ese doodle fue el aperitivo para que en "No remorse" comenzara el slam en varios lados del Foro Sol. El olor a mota en el aire y los chorros de cerveza fría.

Hetfield saluda de nuevo. Reconoce al público mexicano, que en la gira entera, es el único país en el que se abrieron tres fechas, y como en otros conciertos de otras giras, si le gusta el Heavy, y los brazos al aire y los alaridos: "Sad but true" suena.

En las pantallas las calaveras de las litografías de la banda avanzan en un campo minado mientras las balas rajan el aire imaginario de una guerra, la guerra en la que Jimmy queda atrapado en su cuerpo.

"Master of puppets" salió al público hace 31 años, el 3 de marzo. No podría faltar en el repertorio, y a repuesta fue unánime, coreo general, incluso los niños acompañantes de sus padres levantaron los brazos con los estribillos clásicos. Justo, al escribir, Spotify en la selección aleatoria reproduce la rola en la versión de estudio.

A Metallica le bastaron cuatro álbumes para convertirse en leyenda. La consistencia de la furia en los acordes. Los cuatros discos de la rabia, de la inconformidad: el recelo.

Kirk Hammet comenzó un doodle de guitarra con "Disposable heroes", una de las mejores canciones del disco que cumplía 31 años de nacer. Por un momento la emoción hecha adrenalina explotó en mi cabeza.

Luego Hammet se cuelga la guitarra, la azota contra el suelo, la toca con los zapatos, y "Fade to black" comienza. El himno a la inexistencia en la juventud. Imagino cuánto no pensaron en irse el mundo con canciones así. Recordé que Ian Curtis, el vocal de Joy Division, se suicidó por una rola de Iggy Pop. Idiota.

La banda esperaba seguir con canciones de viejos discos, y Hetfield presentó la rola preguntando por las tres palabras que los asistentes sabíamos: "Seek and destroy" y de nuevo el pogo y la cerveza al aire junto con el humo de la marihuana. La fiesta en ciernes.

"Battery" cerró con la parte intensa del concierto. Los brincos y los empujones acabaron. "Nothing else matters" comenzó. Y en "Enter sandman" pelotas enormes negras y blancas en el público. Un show tan pop. Lars Ulrich es el verdugo de su propia banda.

JFR