• Regístrate
Estás leyendo: Pasiones fratricidas
Comparte esta noticia
Lunes , 24.09.2018 / 20:39 Hoy

Pasiones fratricidas

Reseña

Publicidad
Publicidad

Dentro del panorama de la narrativa mexicana contemporánea, hay que saludar la reciente reedición de Luz estéril de Iván Ríos Gascón como una alentadora evidencia de que sigue existiendo literatura que es, no que simula ser.

Para nadie es un secreto: la mercadotecnia prima sobre los contenidos; las peculiares condiciones del campo literario nacional, tan dependiente de las modas de la globalización, privilegian lo solemne y aburrido, una casta de escritores que son más publicadores que escritores, obsesionados por que su foto pueda borrarse de un día para otro en el caprichoso contexto del star system.

Pues bien, Luz estéril reivindica aquella otra literatura: la que se entiende como vida, como apuesta y sentido estéticos; la que implica un esfuerzo genuino por dar voz a una visión personal del mundo. ¿Qué mundo? El de la megalópolis del primer Hoy No Circula y su juventud clasemediera, ese Defe de los años noventa al que a nadie se le hubiera ocurrido amputarle el nombre, recorrido por sus tribus urbanas en la búsqueda frenética del grial del éxtasis y la felicidad.

Ríos Gascón consigue el encantamiento de reconstruir toda una época y un ideal de vida, la promesa del viaje hedonista sin fin que abrazó la Generación X, con sus escalas de alucine en antros legendarios donde los acólitos de la religión del placer se postraban ante el altar de la música pop y electrónica de infinidad de bandas, algunas excelentes y otras cuyas baterías hoy siguen rebotando en alguna emisora radiofónica retro como una bola de ping-pong dentro de una lata. Todo ello contra el telón de fondo del subcomandante Marcos, el narcoEstado y la corrupción. De un país, entonces como ahora, "de euforias sin sentido. Un muladar tradicionalista, mojigato y subdesarrollado".

Y en el corazón de esa atmósfera de la que es imposible sustraerse, la historia mayor que va entretejiendo las otras historias y subtramas: el incesto entre Gabriel y Alejandra, la progresiva desnaturalización de dos hermanos que ven la Otredad en su contraparte, que se entregan sin remedio a la pasión improductiva —el calor, la luz estéril— de un tabú biológico y social.

En este punto, hay que subrayar que el planteamiento argumental de Ríos Gascón supera un doble examen. Por una parte, la parranda química y musical como medio de sublimar el hastío rutinario, el tópico del paraíso artificial que provee la alteración de los sentidos, cuenta con numerosos y cercanos antecedentes: José Agustín, Irvine Welsh, Xavier Velasco, Nick Hornby, por citar unos ejemplos.

Por otro lado, en la propia novela de Ríos se alude a diversos referentes literarios o culturales que tratan sobre la carnalidad gemelar: Quetzalcóatl y Quetzaltépatl, poemas de Baudelaire y Shelley, un epitalamio de Richard Wagner. No se puede sostener, por tanto, que los temas centrales de Luz estéril sean novedosos. Sin embargo, aquí cobra vigencia la máxima literaria según la cual lo que importa no son los temas, que son los mismos de siempre, sino su tratamiento. Y el texto de Ríos no solo se edifica a partir de un diseño arquitectónico eficiente, sino que está escrito con una honestidad y naturalidad contagiosas. Está escrito con literatura.

Hay, entre otros, dos aciertos dignos de ser resaltados. Lo que podría despertar la suspicacia del lector quisquilloso al preguntarse: "Pero bueno, dónde diablos están los papás de Alejandra y Gabriel" mientras cogen culposa y apasionadamente en la casa familiar o en el depto de la Del Valle cuando él consigue independizarse, se transforma en una situación que enfatiza la soledad compartida que acabará marcando la tragedia de los hermanos. La ausencia casi omnipresente de los padres acaba por doler, el inverosímil probable triunfa sobre el verosímil improbable.

El otro gran hallazgo de Ríos es la caracterización de los personajes femeninos, no solo de Alejandra: Mayela/ Mallory Knox de los crueles Knox de una película de Oliver Stone, Penélope, Katya Robbins Molina. Sensibles vampiras de la mota, la coca, el sexo y el alcohol, almas extraviadas en sus empeños por definirse como seres metafísicos o hipervacuos.

Tratado de mitología generacional, videoclip, radiografía y obituario, Luz estéril atestigua la extinción de un tiempo en el que MTV suplantaba a los antiguos penates, donde al anhelo de una conquista fácil sucedía el terror al sida. El paso irrecuperable del scrash de los acetatos al mundo digital y del narcisismo de las redes sociales.

Iván Ríos Gascón

Luz estéril

Ediciones B

México, 2016

393 pp.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.