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Viernes , 22.06.2018 / 04:37 Hoy

Pasión de antropólogo metalero

Al género “siempre se le asocia con lo sórdido, cuando solo es otra manera de afrontar un mundo musicalmente homogéneo”, asegura Stephen Castillo, investigador del INAH.

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Xavier Quirarte

Desde niño, a Stephen Castillo Bernal le ha gustado el heavy metal. Y aunque durante muchos años le ha apasionado el género, hasta que realizó su tesis doctoral pudo combinar este gusto con su carrera como antropólogo social. Así nació Música del diablo, libro recién editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Bajo el subtítulo de “Imaginario, dramas sociales y ritualidades de la escena metalera de la Ciudad de México”, la obra, escribe Francisco de la Peña Martínez en el prefacio, “revela la pasión de un antropólogo, que es también un metalero, para estudiar objetivamente el mundo del rock metálico, haciendo uso de una labor etnográfica intensiva y rigurosa”.

Además de situar históricamente el movimiento del heavy metal, así como su aparición y desarrollo en México, el investigador, quien tiene a su cargo la sala Tolteca del Museo Nacional de Antropología, analiza los diversos estilos por los que ha transitado. También aborda los lugares en los que se toca esta música y sus ritos, la indumentaria y aditamentos, el papel de las mujeres y los tatuajes metaleros, las formas de distribución de la música y otros temas.

Castillo Bernal dice en entrevista que inició la investigación en 2008 con el propósito de “desestigmatizar a la escena metalera. Siempre se le asocia con lo oscuro, con lo sórdido y con gente peligrosa, cuando en realidad solamente es otra manera de afrontar un mundo musicalmente homogéneo. El metal es algo completamente contestatario; si se le quita esa condición dejaría de ser lo que es. Tiene que ser periférico, subterráneo”.

El antropólogo afirma que el movimiento metalero “es un termómetro de una sociedad. Si hay algo que sustenta al heavy metal, con sus diferentes subgéneros, es que abraza temas poco abordados por la música tradicional o por la sociedad tradicional. Es un termómetro de ciertos elementos que no son muy bien recibidos por los actores sociales en el estado nación, en este caso México.”

¿Consideras que se mantienen ciertos estigmas contra el heavy metal?

Afortunadamente, hay cada vez más apertura a nuevos estilos musicales, pero si nos remontamos a finales de los ochenta o principios de los noventa, hubo muchas campañas de represión contra estos actores sociales. Se argumentaba que eran satánicos, violentos, mariguanos, cuando en realidad hay mucha gente que produce y vive dentro de la legalidad.

Pero el genero mantiene su status subterráneo...

En realidad el metal siempre tiene que ser subterráneo para que sea heavy metal como tal, pero hay bandas que, por su trayectoria, empiezan a alejarse de esto y se vuelven rock stars. Esto se vuelve una paradoja. De repente tienes bandas multinacionales como Metallica, Iron Maiden o Judas Priest contra grupos que apenas van emergiendo. Ese es otro tema de estudio: la vieja escuela contra los que se adscriben a las nuevas tendencias del metal.

¿Cuál es el subgénero más arraigado en México?

Creo que es el death metal, quizá porque es el abrazo a la morbilidad, más vinculado a nuestra tradición mexicana prehispánica de la muerte. Eso ha potenciado que convivan viejas bandas de este género con grupos pujantes que apenas están emergiendo.

¿Cómo abordaste el tema siendo que has formado parte de la escena?

Si bien sigo formando parte de esa escena cultural, siempre tuve que mantener una distancia, tenía que ver las cosas de manera objetiva, independientemente de mi propia subjetividad. En ese sentido creo que los enfoques antropológicos que eché en marcha para la investigación en los lugares de reproducción del metal me exigieron afinar más el ojo. Si bien me sigue interesando, ahora lo analizo desde una mirada más antropológica.

¿Cómo ha sido recibido el libro entre sus protagonistas?

Creo que ha tenido una buena acogida, al menos entre algunos participantes del movimiento, ya sea como seguidores del género o como músicos, porque no pretende agotar el tema, más bien es como la punta de un iceberg. En el libro se asoman temas en los que no profundicé demasiado, pero que permiten ahondar en cuestiones como el género, el metal prehispánico, los géneros asociados a estados nación, etcétera. Da la pauta para otra clase de estudios.

La voz del legado prehispánico

Un mundo subterráneo dentro del subterráneo. Tal es el caso de los grupos mexicanos que tocan el llamado metal étnico o prehispánico, como Mictlán, Xibalba, Balam-Akab, Maluc Pax o Mictlantecuhtli, de Los Ángeles, formado por descendientes de mexicanos. También hay algunos grupos europeos que hacen alusión a las culturas prehispánicas.

Para Stephen Castillo Bernal el tema es muy interesante. “Actualmente hay un movimiento bastante fuerte de metal prehispánico. Es un tema interesante porque apela a nuestras raíces precolombinas, pero también exacerba este malinchismo que muchos metaleros tienen sobre esta escena”.

A quienes cultivan este género, dice el investigador, “se les ve como grupos que tocan ‘música de indios’, argumentando que el metal se canta en inglés. El tema es muy interesante porque no nada más permite situar el pasado precolombino en una música periférica, sino que permite reinventar los imaginarios asociados con la mexicanidad desde un punto de vista musical”.

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