“Yo parto del dato histórico duro”: Ignacio Solares

A propósito de su novela Un sueño de Bernardo Reyes, donde recupera “al oficial, funcionario, gobernador y hombre honesto”, el escritor juarense conversa sobre su método de trabajo, la creación de ...
Escritor Ignacio Solares
(Arturo Bermúdez)

Ciudad de México

¿Cree que el éxito del general Bernardo Reyes frente a Porfirio Díaz fue a la vez su perdición?

Totalmente, creo que ése es el centro y corazón de la novela, eje y flecha, porque habiendo sido reconocido por Díaz, habiendo sido de alguna manera lanzado por él a la Presidencia, cuando le pide que se espere un periodo más, ahí viene la debacle para Reyes, y creo que se llevó al país entre las patas. Porque, si Reyes se lanza… Díaz estaba muy viejo, él hubiera podido entenderlo, lo hubiera asimilado, lo hubiera dejado, pero se doblegó ante su institucionalismo, ante su fidelidad a quien todo le debía. Creo que el gran drama de Reyes es que no supo actuar en el momento adecuado, lo cual nos lleva sin remedio a un problema brutal que es la decisión humana: hay que pensar que la historia la escribimos “todos” y todos los días y de alguna manera cada decisión tuya crea ondas en el agua que van, a su vez, a crear otras ondas. Creo que ese es el centro, en tu pregunta planteas exactamente lo que sucedió, que el momento en que México estaba en clamor, que era manifestaciones y manifestaciones a su favor, a Reyes le dice su hijo Rodolfo —lo cual está en el libro— doblegarte es tu suicidio político, y así fue.

¿Qué lo motivó a empezar esta investigación y cuánto tiempo le llevó?

Yo no puedo escribir sobre personajes de los que no me enamoro. Había leído lo que escribió su hijo Alfonso sobre él, me pareció un personaje admirable pero no había encontrado la veta, por dónde agarrarlo para hacer un libro, esa veta oro para el novelista. Y, de repente, echando un vistazo a la autobiografía de su hijo Rodolfo, encontré un pasaje determinante para el libro. Porque Rodolfo se le subía la temperatura a más de 38 grados y que tenía constantes pesadillas producto de la fiebre; ahí fue. El novelista tiene la ventaja de que puede llenar los huecos dejados por la historia, ahí donde la historia no puede ir más allá, el novelista puede utilizar la imaginación, siempre y cuando parta del dato histórico. No se vale inventar de la nada. No. A mí me encanta la historia, y por eso yo parto del dato histórico duro. Y cuando leí esa declaración me pregunté en qué podía haber consistido su pesadilla, qué podía haber soñado, si no era la realidad misma del país, porque cuando estaba apresado en Tlatelolco se agarraba de los barrotes y gritaba ya medio enloquecido: “¡Nadie podrá impedir que salga de aquí a salvar a mi patria, porque la debilidad de Madero nos va a llevar a una guerra civil!”. Ahí encontré a mi personaje.

Llama la atención que usted retrate al general como el Reyes central de la familia. Rescata ese detalle, soslayando a su hijo Alfonso.

Lo que pasa es que Bernardo Reyes fue estigmatizado muchos años; durante toda la historia lo ha estado porque fue clasificado del lado de “los malos”, los porfiristas, y sobre todo porque luchó contra el mártir de la Revolución, que era Madero. De ese panteón era difícil salir porque la historia la escriben los que triunfan, y triunfó Madero finalmente —¡qué bueno!—, con sus conceptos de la democracia y la libertad. Pero la verdad es que —hay que reconocerlo, eso es lo apasionante de la historia— la realidad es mucho más compleja. No es negro y blanco, es una línea intermedia en la cual tú puedes abordar un personaje aparentemente “malo” que, sin embargo, su complejidad lo hace ser interesante para la historia y para su lectura. No creo en el maniqueísmo en la historia, creo que hay que humanizar a los personajes, quitarles su condición de estatuas de piedra, volverlos nuestro prójimo, tenerlos enfrente, porque finalmente venimos de ellos, somos polvo de aquellos lodos.

Me interesó el tratamiento narrativo que da a las escenas, porque a pesar de ser breve, el lector revive cada escena de los momentos cruciales de Bernardo Reyes, ¿cómo eligió qué episodios retomar?

Hice una investigación exhaustiva a lo largo de año y medio, y me centré en lo que consideré los momentos climáticos, no me quise perder en un libro farragoso. Espero que me haya resultado. Espero que el lector tenga próximo al general tal cual lo entendí y lo conocí yo a través de todos los tratados históricos, a través de lo que se ha escrito sobre él pero, sobre todo, a través de lo que escribió su hijo Alfonso. La selección no fue fácil, a veces es más sencillo hacer una novela de 300 páginas que una de 150, pero preferí ir al grano y poner los momentos clave, los highlights, en lugar de perderme entre las ramas. La novelita casi tiene la estructura de un cuento. Es algo que aprendí de mi maestro José Emilio Pacheco —a quien le debo muchísimo—, si tienes una historia comprímela, si al final queda algo, eso es la novela. Quise retomar momentos esenciales, claves en su vida, y por eso no me quise perder… Tiene la estructura de un cuento y hay algo de eso; un cuento normalmente es una narración más lineal con un personaje central y, como decía Cortázar, tiene que ganar por nocáut. En cambio, la novela puede ganar por decisión porque cabe todo lo que quieras, muchos personajes, situaciones… pero prefiero —sobre todo en este caso— hacer una novela que intente mostrar esa breve semblanza del último romántico mexicano.

La obsesión del general por los valores y el honor de caballero recuerdan a personajes como el Gustl de Schnitzler o el Pasenow de Hermann Broch, ¿cree que esto sea una huella del idealismo del siglo XIX?

Tienes mucha razón porque, efectivamente, Reyes era un romántico en el sentido más amplio, era un hombre profundamente humanista, idealista, soñador, que se dedicó a las armas como una necesidad de su tiempo pero, como digo en el libro, se daba tiempo para leer y tener una cultura vastísima. Esto lo logró gracias a una disciplina y gracias a un sentimiento romántico–religioso. Él quería salvar a su país, realmente amaba a México, pero no amaba a México con un amor abstracto. (Como dice Albert Camus, “conozco algo peor que el odio, el amor abstracto”). Tú, cuando amas, tienes que amar a alguien concreto, alguien de carne y hueso, que te conmueva, que te estremezca, que puedas tocar, y ese amor se nota en quienes lo tienen. Reyes era un hombre absolutamente carnal respecto a su prójimo. Hay un pasaje que me impresiona mucho, de un enemigo suyo al que logra matar, pero éste en una carta le deja encargados a sus hijos, y lo primero que hace Reyes es conseguirles trabajo a los hijos y a la mujer. Ése era Reyes, un hombre que se compadecía de su prójimo porque, por otro lado, fue un gran oficial, fue un gran funcionario, fue un gran gobernador, siempre muy honesto. Me parece un personaje que nos puede dar muchísimo como ejemplo, incluso a pesar de sus equivocaciones y de su locura final.