Las paredes desnudas

El Santo Oficio.

Ciudad de México

Imanol Caneyada tiene una manera de narrar clara y directa; agarra al lector y no lo suelta hasta el final. Su anterior novela: Tardarás un rato en morir, es una historia sobre el dinero, el poder, la violencia, la corrupción, el narcotráfico y el exilio. En la nueva, Las paredes desnudas (Suma de Letras, 2014), se lanza al abismo de la trata de mujeres.

Periodista de larga trayectoria, Caneyada no se extravía ni engolosina con las palabras; sus descripciones son precisas y sus observaciones agudas. En la novela, el narrador es Jerry, enfermero en un hospital a donde una noche —después de haber sido noqueada— llega Jaqueline La Perra Saldívar, gloria deportiva local, único motivo de orgullo en una ciudad de “secuestradores, narcotraficantes, violadores, asaltantes, padrotes, alguna estrella porno, mucha puta”.

Esa ciudad indefinida —en el norte del país— está rodeada de asentamientos irregulares y paupérrimos. En ellos el futuro no existe excepto para los líderes y políticos expertos en usufructuar la pobreza. En uno de esos lugares nació La Perra Saldívar, ahí viven su madre y su hermana, una adolescente hermosa y provocativa. Un día la hermana desaparece y La Perra Saldívar comienza a buscarla por todas partes. Jerry la acompaña en ese infierno de incertidumbre, mientras vive sus propios dilemas.

Las paredes desnudas conmueve, molesta, subvierte. Los hechos no solo parecen reales, sino cercanos. Han sido contados una y otra vez en los periódicos, pero Imanol los transforma en literatura.

Para la periodista y escritora Berna González Harbour, autora de Margen de error y creadora de la célebre comisaria María Ruiz: “La novela negra es la otra cara del periodismo. En esta profesión puedes dar pinceladas, ofrecer retazos de fotos sobre un tema, pero la novela es un cuadro amplio y detallado donde están todos los elementos de una investigación”. En Las paredes desnudas, Imanol Caneyada hace precisamente eso: ofrecernos un cuadro amplio y detallado de una realidad siniestra, mostrar los escenarios de la violencia y la pobreza, la demagogia de los políticos, los límites de la desesperación, el sexo como ancla para no desaparecer del todo, para seguir siendo humanos. Como le sucede a Jaqueline a los 16 años, cuando se mete entre las sábanas de un inválido “con una lengua y unos dedos entrenados en los burdeles más sórdidos”.

La solidaridad no está ausente en esta historia. Pero el amor apenas está esbozado en la relación de La Perra Saldívar con su hermana, a quien está dispuesta a salvar a costa de cualquier cosa.

Hace mucho tiempo el cofrade no leía una novela tan intensa, tan opresiva, tan oscura. Es el lienzo sobre el cual Imanol traza un mundo donde la fantasía parece devorada por una realidad espeluznante, y sin embargo nunca deja de ser un ejercicio de la imaginación.

Queridos cinco lectores, rumbo a Chalma donde espera conjurar la presencia de la muerte en la cultura mexicana, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.