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Miércoles , 20.06.2018 / 17:09 Hoy

¿Para qué teatro (2018)? /y II

Llevar a cabo una evaluación crítica de lo conseguido en 2016 y 2017 podría ayuda a enderezar problemas que, en algunos estados, han llevado al franco caos en este noble emprendimiento.

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Jaime Chabaud Magnus

Preguntarnos sobre la utilidad del teatro en un año electoral en el que la rebatiña por los dineros para la campaña ya se anuncia inmoral y sin mesura, viene bien para arrancar 2018. ¿Qué quiere el gremio teatral para construir un país diferente? Hay que reconocer que en las gestiones de Tovar y de Teresa y García Cepeda al frente de la Secretaría de Cultura se reactivaron las muestras estatales y regionales, que volvieron a darle impulso al teatro en los estados. La corrección que merece hacerse en ambas iniciativas es la de recorrer las fechas para que, como en épocas anteriores, sirvan también como mecanismos para la selección de la Muestra Nacional de Teatro. Anticiparlas permitiría una mayor congruencia en la selección artística que se realice.

Otro gran paso fue extender el Programa Nacional de Teatro Escolar a todas las entidades federativas. El acceso a la cultura para niños y jóvenes, así como la formación de nuevos públicos para las artes escénicas, depende de que dicho proyecto crezca, se fortalezca, se articule de manera adecuada con la Secretaría de Educación Pública y se le dé seguimiento para cuidar su calidad. Como toda acción que se implementa, es perfectible, y al haberla extendido a una cobertura nacional en serio, es evidente que los problemas de operación se multiplican. Llevar a cabo una evaluación crítica de lo conseguido en 2016 y 2017 podría ayuda a enderezar problemas que, en algunos estados, han llevado al franco caos en este noble emprendimiento.

En un país en donde más del 90 por ciento de la población nunca ha pisado un teatro, parece increíble que los creadores nos empeñemos en pelear los mismos espacios de prestigio cultural que nos pueden validar como artistas. ¿Ante quién? ¿Ante el poder y los otros artistas? ¿Para eso trabajamos? ¿Para ellos? Y nos llenamos la boca con palabras como “resistencia”, “denuncia”, “conciencia”, “lucha”, “servicio” y otras varias de dulcísimo sonido. ¿Servimos realmente?, ¿a quién, además de a nuestros egos adormecidos?

Llegó un 2018 que no promete nada bueno, con una Ley de Seguridad Interior que ha reprobado incluso Jan Jarab, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Entonces no nos vendría mal preguntarnos: ¿para qué el teatro?, y buscar otras formas de hacerlo para llegar a los 100 millones de mexicanos que aún no han tenido acceso a él. “No les interesa”, diría el pesimista; “tenemos uno de los mayores mercados potenciales de habla hispana en el mundo”, contrapuntearía el optimista. Prefiero estar del lado de éste.

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