Mi papá no es Santo…

El universo ficcional desdobla el mundo del boxeo y las ansiedades de los padres por lograr que sus hijos triunfen en los cuadriláteros.
"...ni enmascarado de plata", de Antonio Zúñiga.
"...ni enmascarado de plata", de Antonio Zúñiga. (Especial)

México

Subo, empapado, al vagón del Metro en la estación San Antonio Abad. Ha de ir —va— lento hasta casa. Nada qué hacer: un trayecto de diez minutos se convertirá en media hora. Veo a la gente, observo, y un par de chicas llaman mi atención. Una lleva shorts muy holgados y trae una mochila al hombro; la otra pants, parece ligeramente mayor que la primera. La de los shorts se acerca a la de los pants, que sostiene una botella de agua. Muerde la tapa de la botella con una sensualidad extraña mientras mira a su interlocutora a los ojos. Es entonces cuando llaman completamente mi atención y veo en la del short holgado una herida que baja de la comisura de la boca y un hematoma en un ojo. Hablan de un hombre al que la del short holgado no duda en sentenciar a unos madrazos si se sigue pasando de lanza. Bajo la vista y me encuentro con la mochila con un cierre abierto apenas, por el que asoma un guante de box. Me río: el teatro —no la casualidad— siempre te pone cosas en el camino.

Antes de empaparme con la lluvia torrencial que caía sobre la colonia Obrera, disfrutaba dentro de la sala de Carretera 45 Teatro el nuevo montaje que Sixto Castro Santillán hace de la obra Mi papá no es Santo ni enmascarado de plata, de Antonio Zúñiga, con el elenco de dicha agrupación. El universo ficcional desdobla el mundo del boxeo y las ansiedades de los padres por lograr que sus hijos triunfen en los cuadriláteros. A pesar de la síntesis dramatúrgica que hace Zúñiga en esta pieza breve sentimos al barrio bravo del que emergen los personajes y sus conflictos, que también son pan de cada día del contexto social. Un padre y una madre solteros, solos, entrenan a sus hijos adolescentes atrincherados en un amor seco y agresivo. Las historias que parecen no tener raíces enredadas en el tiempo darán cuenta de la circularidad del tiempo y los azares. Julián Estrada, Erandeni Durán, Christian Cortés y David Bravo encarnan a los personajes que lleva a buen puerto la dirección.

Si bien los actores arrancaron en aquella lluviosa tarde de estreno con la energía a todo lo que da, lo cierto es que la misma se tradujo en un tono exaltado ayuno de matices que le irán muy bien conforme las palabras y la gestual encuentren su acomodo, y así las pausas y la contención le habrán de dar mayor profundidad y relieve a la puesta. La escenografía minimalista y funcional de unos vestidores de un gimnasio o arena de box y la iluminación corre a cargo de Natalia Sedano y la producción estuvo bajo el cuidado de David Castillo.

 

Carretera 45 Teatro, Juan Lucas de Lassaga 122, colonia Obrera. Metro San Antonio Abad. Sábados y domingos a las 13:00 horas.