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Domingo , 16.12.2018 / 00:09 Hoy

Panóptico

Enzensberger fija su mirada analítica en cuestiones aparentemente banales, para así ofrecer soluciones, o no soluciones, a los nudos de la modernidad.

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Es un panóptico diferente. Nos lo advierte de entrada el pensador alemán Hans Magnus Enzensberger (1929). No aquel que, tecleando la computadora, se explica el ingenio del jurista inglés Jeremy Bentham. Ese que se inventó una prisión ideal donde un único centinela, sentado a oscuras, pudiera vigilar a un máximo número de reclusos. El que trajo como resultado el levantamiento de innumerables centros de reclusión en el mundo. La cárcel de Lecumberri en este país, por ejemplo. Panóptico a partir de cual nuestro José Revueltas imaginó la geometría enajenada manifestada en la gran pequeña novela que es El apando. No. Sí en cambio el panóptico de Karl Valentin, Panoptikum, “gabinete de curiosidades y horrores” inaugurado en 1935, espacio ideal para admirar, “junto a peculiares herramientas de tortura, una gran variedad de inventos, anomalías y artefactos sensacionales”. Este el panóptico que el autor ofrece en Panóptico, su nuevo libro después de Tumulto.

Sobreviviente de una oleada de ensayistas (pensadores) activa a partir de los cambios mundiales del 68, ¡este año hace ya cincuenta!, Enzensberger fija su mirada analítica en cuestiones aparentemente banales, para así ofrecer soluciones, o no soluciones, a los nudos de la modernidad. Ejercicio de suyo ensayístico, y que rinde una especie de homenaje a los grandes del género. Recuérdense a Montaigne y Lichtenberg. Todo cabe en este panóptico: veinte textos breves que aluden a la economía mundial, el concepto y la realidad de Nación (ahora que Trump habla de la disyuntiva Tel Aviv-Jerusalén y el independentismo catalán avanza), la imagen, el malestar de la cultura, la novela (Orwell) y el totalitarismo y hasta el sexo.

De éste último apartado, “¿Es necesario el sexo y, en caso afirmativo, cómo practicarlo?”, unas líneas para comenzar un nuevo año, ciclo también de las neosexualidades contemporáneas.

“Una breve mirada retrospectiva a las ricas tradiciones de épocas pasadas enseña humildad, pues, comparado con lo que aprendemos en las viejas fuentes, las neosexualidades contemporáneas se antojan más bien grises o incluso francamente rancias. Si nuestros sociólogos se animaran a estudiarlas, palidecerían de envidia.

“Hasta en las sagradas escrituras podrían encontrar las fantasías más exuberantes, por ejemplo, la historia de Sodoma y Gomorra o los detalles sadomasoquistas del Antiguo Testamento y del Immerwährender Heiligenkalender, el Santoral Eterno. También podrían abrir nuevos horizontes los relatos de la inmaculada concepción y, sin que se deba confundir con ella, la partenogénesis.

“Pero incluso aquellas revelaciones espeluznantes resultan casi inofensivas si las comparamos con la conducta desenfrenada de la Grecia antigua. Allí, la bella Helena nace de un huevo porque Zeus preñó a su madre (…); Atenea, diosa de la sabiduría, brota completamente armada d la cabeza de su progenitor después de que Hefesto le partiera a éste el cráneo con una hacha (…); el hijo de Hermes y Afrodita se unen en un abrazo con una ninfa, de modo que sus cuerpos se funden dando origen a un ser con genitales masculinos y femeninos (…).

“Vamos ahorrarnos, ya por razones de espacio, las diversiones, preferencias, castraciones y violaciones de egipcios, indios, islandeses y otros pueblos, pero nuestros sexólogos reconocerán, espero, que comparados con los poetas del Majabhárata y las Metamorfosis, ellos son unos meros pardillos”.

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