Al arte no le gusta el palo-selfie

Algunos de los museos más importantes alrededor del mundo han prohibido la utilización de la varilla extensible para sacar autofotos.
Una mujer usa un palo-selfie para hacerse una foto delante del retrato de Mao Zedong en la plaza de Tiananmen, en Pekín.
Una mujer usa un palo-selfie para hacerse una foto delante del retrato de Mao Zedong en la plaza de Tiananmen, en Pekín. (EFE)

El palo-selfie es el accesorio de moda y ya no hay turista que se precie que no lleve el instrumento para inmortalizarse a sí mismo en sus recorridos por el mundo. Pero los museos empiezan a plantearse si no puede convertirse en una amenaza para las obras expuestas.

Algunos centros han decidido atajar la cuestión de forma radical y han prohibido su uso. Es el caso de la Galería de los Uffizi de Florencia, que justifica una decisión tomada el pasado octubre como una medida de prevención para proteger las obras.

Al igual que los Museos Vaticanos. Tal y como se puede leer en las normas escritas en la página web de estos museos, "está prohibido el uso de la varilla extensible para sacar autofotos".

O el popular Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), que aplica la prohibición desde febrero y lo hace tanto para garantizar la seguridad de los visitantes como de las obras de arte.

La decisión del MoMA fue imitada por otros importantes museos neoyorquinos como la Frick Collection, el Guggenheim -que no permite fotografías en la mayor parte del recinto- o el Museo Metropolitano.

La situación se repite en Berlín, donde sus principales museos -como el Pérgamo o el Nuevo- permiten tomar fotos pero sin usar "herramientas aparatosas" entre las que puede considerarse el palo-selfie.

Menos radical se muestra el museo más visitado del mundo, el Louvre de París, que permite la utilización del instrumento en las salas de sus colecciones permanentes, mientras que el Centro Pompidou aún está decidiendo qué hacer.

Uno de los países más flexibles es el Reino Unido, donde el uso del palo-selfie se permite en los principales museos, como el Británico y las galerías del grupo Tate, incluidas la Tate Modern, de arte contemporáneo, y la Tate Britain, de arte británico, que aprueban su uso con precaución.

En Argentina no hay norma específica para los palos. Si se deja hacer fotos, se deja con los complementos, aunque no con el flash.

En Brasil, el Museo de Arte de Sao Paulo, el más visitado, permite las fotografías en todo el espacio expositivo para uso privado y la Pinacoteca del Estado de Sao Paulo, el principal museo público de la ciudad, sólo aplica restricciones "si el artista expresamente no autoriza fotografías".

Es la misma política que aplica el Centro Cultural Banco do Brasil (CCBB) de Río de Janeiro y Museo de Tamayo, de Ciudad de México. Mientras que responsables del Museo Frida Kahlo van más lejos y consideran que los "selfies dan oportunidad para interactuar al público".

Tampoco lo prohíbe uno de los más prestigiosos de Holanda, el Rijksmuseum, cuyos responsables aseguran que "no han tenido problemas" con el uso del palo-selfie.

En el debate palo-selfie sí o no, Rusia han decido adoptar una posición más pragmática. Los principales museos del país no los prohíben, pero para emplearlos los visitantes deben comprar un billete adicional que da derecho a captar fotografías y que, por ejemplo, en la galería Tretiakovskaya de Moscú, que alberga la mayor colección de pintura rusa del país, tiene un coste de 200 rublos (unos 3,3 dólares).