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Lunes , 10.12.2018 / 11:51 Hoy

Palabras de los muertos

Ensayo 

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'Gestos de aire y de piedra. Sobre la materia de las imágenes' (recientemente publicado en español por Cantamares) condensan las temáticas del historiador francés. Ofrecemos un fragmento de este libro con autorización de sus editores.


Quizá hablamos porque tenemos un rostro. En cada palabra, en cierto modo, es el rostro lo que se pronuncia. Pero también imaginamos. Quizá imaginamos porque nuestro rostro tiene un reverso que se nos escapa, y porque este reverso del rostro aparece en sí como la impronta, por dentro, de los rostros que nos hicieron nacer y que hemos perdido: los rostros de nuestros muertos. A Pierre Fédida lo había fascinado el lazo antropológico de la imago romana con el rostro de los muertos, con su impronta y su función genealógica. Desde hace varios años trataba de elaborar —fue una parte importante de sus últimos trabajos— las consecuencias metapsicológicas de una función tal de la imagen, lejos de toda reducción a la imago–personaje de la doctrina psicoanalítica clásica: “toda imagen constituye las localidades temporales de las transferencias. Con la condición de que el analista no llegue a ocupar el sitio de tales localidades y no se considere destinatario de su imago”.

De ahí su interés por las sustancias espectrales, por los “sueños blancos”, que describió Bertram Lewin, o bien por las imágenes–soplo, como podría llamárselas, que le “parecen al soñador no tener otro soporte y consistencia de material que su aparecer fantasmal”. Entonces, la hipótesis metapsicológica puede cobrar toda su fuerza: ¿estas imágenes–soplo no serían acaso los “formantes” —moldeados no de yeso ni de cera, sino de aire, formas plásticas invisibles de un aliento— de la palabra de los muertos?

Pero esta hipótesis trae consigo nuevos problemas: una vez planteada la relación entre imágenes–soplo y palabras de los muertos, queda por saber de qué están hechas estas imágenes y cuándo vienen estos muertos. En suma, para profundizar en la hipótesis metapsicológica, hay que interrogar más a fondo la materia de las imágenes y el tiempo de los ausentes, que nos “soplan” en ella sus palabras.

*

Aire y piedra se encuentran en la imagen porque, en muchas imágenes fuertes, se encuentran una gracia superlativa y un duelo inmenso, un gesto y un suspenso del gesto, un deseo y un renunciamiento, un atisbo de consolación y una pérdida inconsolable. Hablé a menudo con Pierre acerca de mi fascinación por la pintura de grisalla y, en escultura, de una obra en particular que me conmueve desmesuradamente: se trata de un gran mausoleo que hizo construir en Janto, hacia 400 o 380 antes de Cristo, un griego de Asia menor cuyo nombre no llegó hasta nosotros.[1] Es un mundo de piedra con sus frontones, sus columnas, sus frisos de bajorrelieves, sus esculturas de bulto redondo, su tumba mineral para el muerto. Pero es en la misma medida un mundo del aire, puesto que ese hombre deseó rodearse para siempre de ninfas que corren o bailan en el viento, alrededor de su sepultura. Se trata quizás de las Aurai, personificaciones del viento. Cada vez que visito Londres, paso largos momentos frente a ese conjunto de piedras antiguas. Un día, una señora de edad que observaba mi juego, vino hacia mí para decirme que esas estatuas eran miraculous. Al principio creí que se trataba de una metáfora, pero la señora me explicó que, en otro tiempo, había sido psicoterapeuta y que había visto a un niño autista ponerse a hablar, dibujar, pintar, volverse artista por un momento, ante una de esas bellas diosas del aire.

*

Una Aura que baila, esculpida en el mármol es gesto de aire y gesto de piedra. ¿Por qué baila en el viento, ella que está hecha de soplo? Para dar forma a lo que se mueve y a lo que se desvanece, ¿Por qué se le ha esculpido en el mármol? Para dar forma a lo que se petrifica y permanece. ¿Por qué esas cosas van juntas en la misma imagen? Para que se sueñe y se despierte a la vez, para que sea velada la memoria de un muerto. Constatar que el aire y la piedra se encuentran en la imagen —y particularmente en esta obra maestra del deseo y del duelo— significa entonces articular la cuestión de la materia de la imagen con la del tiempo de los muertos. Pierre Fédida consagró gran parte de sus últimos trabajos a esta problemática: lo que él llamaba admirablemente obra de sepultura, y que apuntaba hacia nada menos que una reformulación metapsicológica de la noción de ancestralidad.

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*Título de la Redacción.

Traducción de Melina Balcázar Moreno.


[1] Anónimo griego de Asia Menor, Monumento de las Nereidas de Janto, hacia 400-380 antes de J. C. [mármol], British Museum, Londres. Cf. B. S. Ridgway: Fourth–Century Styles in Greek Sculpture, University of Wisconsin Press, Madison, 1997, pp. 78-95.

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