“La palabra es más poderosa que una condena”: Rushdie

El escritor indobritánico rememora la "fatwa" dictada hace 25 años por el ayatola Jomeini.
Conversación con la periodista británica Gaby Wood.
Conversación con la periodista británica Gaby Wood. (Cortesía Hay Festival)

Xalapa

Hace 25 años se lanzó la fatwa contra el escritor Salman Rushdie, que lo condenó a muerte tras la publicación de Los versos satánicos. Hoy recuerda que la palabra escrita en una hoja de papel “a veces resulta mucho más poderosa”.

“La literatura es poderosa, los débiles somos nosotros. Es fácil torturar o asesinar a un hombre, nos debemos de preocupar de salvaguardar a los autores, porque la obra como quiera sobrevive”, suelta el escritor durante su presentación en el Hay Festival Xalapa.

El indobritánico ha estado varias ocasiones en México. Durante la apertura de la Casa Refugio Citlaltépetl, hace 15 años, venía acompañado por un equipo de seguridad. Ahora camina entre escritores y periodistas sin tanta tensión, aun cuando la amenaza no haya desaparecido (el gobierno de Irán se comprometió en 1998 a olvidar la fatwa, pero algunos radicales musulmanes consideran que sigue vigente).

Vino a su memoria aquel pasaje de su vida, experiencia de la que trató de aprender, sin cambiarlo como escritor: “Si ustedes nunca hubieran escuchado nada sobre mi vida y todo lo que tuvieran frente a ustedes fueran los libros que he escrito, no creo que hubiesen dicho ‘algo terrible le sucedió a ese escritor en 1989’”, aseguró mientras se dirigía a los lectores asistentes al Teatro del Estado.

“Si alguien trata de hacerte cambiar, no lo hagas; más bien haz oír tu voz más fuerte. Ahora mis libros tienen su propia continuidad y van por su propio camino, no hay cosas relacionadas con lo que estaba sucediendo en ese momento”.

En una charla con la periodista británica Gaby Wood, Rushdie recorrió los diferentes caminos de sus recuerdos: desde su amistad con Carlos Fuentes hasta una conversación telefónica con Gabriel García Márquez (quizá la única) a instancias del mexicano.

También habló de su novela “mexicana”: El suelo bajo sus pies, que tiene como origen un encuentro con Fuentes en Tequila, o de su acercamiento a Juan Rulfo a través de Pedro Páramo, cuya primera lectura no lo dejó satisfecho por la traducción, pero después volvió a leerla “y me quede impresionado con cada una de sus páginas.

“Mi tema en la literatura tiene que ver con un mundo que se encoge cada vez más. Hoy día, todas las historias chocan entre sí, ya no están separadas una de la otra; antes, si vivías en México, tu historia tenía que ver con México, y si vivías en India, lo mismo. En la actualidad todas las historias chocan entre sí; es una colisión sobre cómo el mundo se vincula, se une; qué pasa cuando todas las historias se topan con la otra, qué pasa con la historia, cómo impacta al mundo donde existe la novela, porque así está el mundo hoy día”.

Si su padre fue quien lo introdujo al mundo de la fantasía, a las fábulas de su propia tradición literaria, su madre le enseñó a interesarse en la vida de los otros: desde niño ama los libros, “los considero como una enfermedad genéticamente transmitida por mi madre y por mi padre”.

Esa es una de las razones que lo condujo a la escritura: vivía en Londres, alejándose del lugar de su infancia, y la sensación no le gustó, por lo cual entendió que debía hacer algo grande: necesitaba “mostrar que eso me pertenece, que forma parte de mí: tenía memorias muy vívidas de Bombay y de mi infancia, y sentía que esa era una manera de encontrarme a mí mismo”.