[Los paisajes invisibles] La rebelión del vendedor de lavadoras

Fitzgerald escribió en el New York Herald del 4 de marzo de 1923, que la novela de Anderson, Muchos Matrimonios,  no solo era premonitoria desde el título, sino que era violentamente antisocial.
Muchos matrimonios,  novela de Sherwood Anderson.
Muchos matrimonios, novela de Sherwood Anderson. (Especial)

Ciudad de México

Francis Scott Fitzgerald consideraba a Muchos matrimonios como la mayor novela de Sherwood Anderson (escritor que contaba con admiradores de la talla de Dreiser, Faulkner, Edmund Wilson y Carl Sandburg y, con el tiempo, Bukowski también iba a sumarse la lista de sus lectores), porque el refinamiento, la elegancia con que trató los espinosos temas del fracaso conyugal y la libertad sexual lo eximió de las absurdas etiquetas de pervertido e inmoral que le endilgaron sus puritanos detractores de los años veinte del siglo pasado: repentinamente, John Webster razona que su vida matrimonial es un fiasco total. Al borde de cumplir 40, el tiempo se decanta entre su fábrica de lavadoras y el hogar en la campiña que comparte con su esposa e hija. Webster puede sobrevivir a las deudas bancarias, a la nómina de sus empleados, al aburrimiento cotidiano e inclusive, a la resignada introversión, pero hay algo que definitivamente podría arruinarlo: la insatisfacción de un cuerpo que se resiste a anquilosarse en los monógamos y escasos encuentros íntimos, y entabla una relación con Natalie Swartz, su secretaria, huérfana de un hombre que dedicó toda su vida a regentar un bar de mala muerte e hija de una anciana bebedora y abusiva. En suma, Natalie no es, ni de lejos, una mujer modelo pero sí un buen prospecto de manceba.

Fitzgerald escribió en el New York Herald del 4 de marzo de 1923, que la novela de Anderson no solo era premonitoria desde el título (Muchos matrimonios, aparentemente un relato simple sobre un affaire entre jefe y secretaria, se refería a las miles de historias reales que acontecían en un mundo que se negaba a reconocer el fracaso de la institución "sagrada", el pilar de una sociedad conformista, sin libertad y sin imaginación, motivo por el que fue vetado en muchas librerías de Estados Unidos e Inglaterra), sino que era violentamente antisocial: "no justifica la postura del protagonista, pero da un giro sorprendentemente curioso sobre la relación entre hombre y mujer. Es la reacción de un hombre sensible y altamente civilizado ante el fenómeno de la lujuria, aunque se diferencia de Dreiser, Joyce y Wells, por ejemplo, cuyas obras ignoran tanto el concepto de realidad como un todo como la necesidad de desafiar y renegar de tal concepto. El héroe de Muchos matrimonios, debido a su fábrica de lavadoras, se acerca más que otros personajes a la existencia de un vacío absoluto" .

¿Pero en verdad John Webster era un ser despojado de sensibilidad, de romanticismo? Para ilustrar la revuelta ética e intelectual que volcó a su héroe en la desobediencia social, Sherwood Anderson recurrió a una idea simbólica: el cuerpo como hogar de lo que hay dentro de nosotros; la genitalidad, las sensaciones transfiguradas en morada de la que debíamos abrir todas sus puertas, de lo contrario se corre el riesgo de que esa casa, nuestra casa, termine por volverse cárcel y destruya deseos y placeres, la plenitud existencial.

La residencia como espacio verdaderamente íntimo: John Webster se obsesiona con irrumpir, con penetrar la casa de Natalie para purificar su propia vivienda desastrada por el tedio y aquel empeño, pese a las múltiples tragedias que detona, termina por convertirse en una tabla de salvación para ese desahuciado que, como todos los agonizantes, lo único que quiere es vivir un poco más o vivir realmente.

Con la revuelta del vendedor de lavadoras de Muchos matrimonios, Sherwood Anderson trastornó a los lectores de su tiempo y, a su modo, fue fiel a su personaje: se casó tres veces y volvió a abordar el tema en La risa negra y otros textos pero no, jamás obtuvo un reconocimiento por esa obra que concibió, lo dijo él mismo, a partir de los contrastes entre el espíritu y la carne.

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