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Otro diseño

La Crítica / Espacios

El mejor homenaje que podemos hacer a nuestros predecesores es releerlos e intentar aportar nuestras propias ideas con actitud humilde y profesional.
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El diseño arquitectónico, gráfico e industrial, derivado de la condición de alteridad, que se ha dado en los países como el nuestro, considerados como periféricos, sin duda está en vías de replantearse. En la mayoría de los casos sigue siendo una postura regionalista crítica, dada la formación académica de corte positivista que han recibido casi todos los teóricos de la arquitectura en México. Pero es notable que la composición geopolítica en América Latina se ha dinamizado de modo muy veloz, al mismo tiempo que la parte anglofrancesa de Norteamérica ha visto una disminución de su influencia, sensible a nivel continental. Esta posibilidad de reversión entre centro y periferia, además de todos sus estados intermedios entrelazados con las condiciones interiores de cada región, puede resultar en un cambio de paradigma para el “otro diseño”, que tienda a centralizar la atención en las regiones antes consideradas como periféricas.

Según el doctor Rafael López Rangel, a quien se le rindió un homenaje el pasado lunes en la Casa de Cultura de la Universidad Autónoma del Estado de México, “lo social le da a la arquitectura su totalidad como un fenómeno estético”. En sus escritos apuntaba que: “hay otro diseño que debe atender necesidades sociales, como la pobreza y la desigualdad”. López Rangel reconoció la complejidad del fenómeno arquitectónico y su carácter dialéctico, por lo cual desde las etapas tempranas de su labor teórica y académica se apartó de la ortodoxia marxista dominante en el pensamiento de muchos de sus contemporáneos.

En 1967 Michel Foucault dictó una importante conferencia titulada “De los espacios otros”, en la cual elaboró su concepto de la heterotopía. Quizá por casualidad un año más tarde López Rangel publicó su célebre ensayo “La arquitectura y lo social”, en el que plantea la relación dialéctica entre la arquitectura, el arte y su contexto social. El mejor homenaje que podemos hacer a nuestros predecesores es releerlos e intentar aportar nuestras propias ideas con actitud humilde y profesional, sin pretender que lo que se discute actualmente se encuentra disociado de las discusiones académicas de los últimos 50 años. Un buen comienzo a mi parecer, sería intentar transmitir a los estudiantes de arquitectura la importancia de reflejar los conceptos teóricos y el pensamiento crítico en sus proyectos escolares. De este modo, cuando dichos estudiantes comiencen su práctica profesional, serán capaces de investigar por sí mismos la información necesaria para fundamentar sus proyectos y no se quedarán con la idea de que la arquitectura social y la participación ciudadana, por dar solo dos ejemplos, son conceptos inventados en el siglo XXI.

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