ENTREVISTA | POR EMILIANO BALERINI

A partir de hoy se exhibirán 23 filmes en una retrospectiva que le organiza la Cineteca Nacional.

Mi cine es pobre, pero honesto: Óscar Menéndez

Menéndez fue perseguido político y se exilió en Chile cuando gobernaba ese país Salvador Allende.
Menéndez fue perseguido político y se exilió en Chile cuando gobernaba ese país Salvador Allende. (Jesús Quintanar)

Ciudad de México

“Mi cine es pobre, con muchas limitaciones, pero honesto”, dice Óscar Menéndez (México, 1934), contento por la retrospectiva de su trabajo documental que se proyectará desde hoy y hasta el 22 de enero en la Cineteca Nacional a las 19:00 horas, y que incluye 23 filmes.

Creador de cintas como Todos somos hermanos, México bárbaro, 2 de octubre, aquí México; Homenaje a José Revueltas, México Vietnam, dos pueblos hermanos y Marcos, Marcos, entre otras, Menéndez fue perseguido político, se exilió en Chile cuando gobernaba ese país Salvador Allende, y su trabajo cinematográfico es parte de la historia contemporánea del siglo XX mexicano.

En entrevista con MILENIO, quien alguna vez metió clandestinamente una cámara a la vieja cárcel de Lecumberri para filmar cómo vivían los presos, reflexiona sobre las razones por las cuáles se hizo cineasta y por qué le interesó trabajar temas de la realidad política nacional.

Usted ha dicho que uno de los proyectos que se ha ganado en los últimos tiempos es la Cineteca Nacional…

Claro. El trabajo de los cineastas es el que ha logrado este espacio. Las películas representan una época, pero ¿quién las hizo? Bueno, las realizó alguien; yo hice algunas y represento una etapa de la historia, pero lo que peleamos siempre fue la libertad de expresión y finalmente ganamos este espacio.

¿Le gusta ser un cineasta underground?

Esa posición era la que teníamos que tener porque si no nos mataban. A nosotros nos perseguían por hacer películas, en especial en el régimen fascista de Gustavo Díaz Ordaz. Había una persecución contra cualquier persona que se oponía al régimen. Ahora ya no, hemos ganado espacios. Aunque cuando fue el conflicto del Casino de la Selva en Cuernavaca nos metieron a la cárcel a muchos de los que nos oponíamos al proyecto. Hay una película que cuenta esta historia.

¿Qué significa para usted esta retrospectiva?

Es el recuerdo de los tiempos de utopías, cuando éramos jóvenes. Con estas cintas el público actual se podrá dar cuenta de la fuerza que teníamos en los años sesenta. El movimiento de 68 fue pacífico, y la única represión vino del Estado. Esto hay que recordarlo porque, además de la Revolución, fue el principal evento del siglo XX que hubo en nuestro país.

¿Y el zapatismo de 1994, al cual usted le dedicó dos películas?

El zapatismo surgió a raíz del movimiento de 1968. Eso es indudable. El movimiento de 68 fue el único proyecto de masas que trató de modificar el sistema político. Duro tres meses, pero fueron meses de lumbre.

¿Sigue creyendo en las utopías?

Sí, claro. El hombre siempre buscará la libertad.

Usted estudió en la Antigua Academia de San Carlos. ¿Por qué decidió hacerse cineasta?

Había organizado el cineclub de la Academia, y nos nutrimos de las películas clásicas de cines como el soviético, el italiano, el francés, la nueva ola. Me gustó más esta disciplina artística, y decidí estudiarla porque para mí era la mejor forma de comunicación.

¿Qué relación existe entre la pintura y el cine en sus trabajos documentales?

Acabo de hacer una película sobre un grabado del artista de Adolfo Mexiac. Hicimos la historia de un grabado. Él la platica, y a través de su relato pudimos comprender de mejor forma el Taller de la Gráfica Mexicana.