El arte organístico actual según Víctor Morales

El músico presenta su disco 'Colores', cuyo objetivo es realizar un homenaje a compositores vivos y difundir su obra.
"Cada autor tiene una forma particular de ver el presente", dice el músico.
"Cada autor tiene una forma particular de ver el presente", dice el músico. (Especial)

Ciudad de México

Al referirse a Colores (Quindecim, 2016), disco del organista Víctor Manuel Morales, la Unión de Compositores de Letonia le agradeció haber grabado las obras de dos compositores contemporáneos: Imants Zemzaris (Pastorales pour une flûte d'eté) y Pëteris Vasksy (Viatore).

Las piezas, junto con Música para teatro IV, de Federico Ibarra; Percepciones, de Leonardo Coral, y Segundo libro de órgano. Hommage á Gillaume de Machant, de Gustavo Delgado, forman parte del álbum que Morales ha subtitulado Música para órgano en los confines de nuestra era. Está convencido de que una de las tareas del músico es reflejar el arte de su tiempo.

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Uno de los retos del organista es interpretar música contemporánea, “obras que nunca han tenido un espacio en la programación musical relativa al órgano. Este fue el detonante de Colores, donde mi principal idea fue tocar música de autores vivos, con los cuales pudiera tener una interrelación para poder las obras con ellos. Se trata de un homenaje a nuestros autores vivos”. 

Para mí es una suerte de obligación hacer la música de nuestro tiempo: Víctor Morales

El disco es resultado de una beca del Fonca como creador escénico, proyecto que involucraba tocar obras dedicadas al órgano de compositores contemporáneos de los últimos 30 años, tanto nacionales como extranjeros. “Hice una selección que permitiera que las estéticas estuvieran de acuerdo unas con otras, porque no es fácil embonar una pieza con la otra”, indica el organista. 

Sin embargo, agrega, “lo que los caracteriza a todos, y que es el hilo conductor, es lo personal de cada una de sus propuestas. Ningún autor está inscrito en determinada tendencia estilística o una vanguardia, sino que cada uno suscribe su propio estilo, una visión muy personal y su propio lenguaje. Cada autor tiene una forma particular de ver el presente”.

Morales explica que grabó Música para teatro IV, de Ibarra, porque nunca se había tocado, mientras que Percepciones, de Coral, la estrenó en China, pero tampoco se había escuchado en México. “Quise involucrar la obra de Gustavo Delgado, dado que él mismo ya había grabado su Primer libro de órgano. Si la obra de Imants Zemzaris también fue pensada para teatro, la de Pëteris Vasksy, con la que cierra el disco, es una suerte de música programática, en donde el autor nos cuenta la historia de un viajero”.

Además de que existen otros repertorios, Víctor Manuel Morales considera para él “es una suerte de obligación hacer la música de nuestro tiempo. Hay un fenómeno muy curioso: prácticamente durante todas las épocas una música se escribía y se tocaba inmediatamente. Por ejemplo, Liszt tocaba a Liszt y a todos sus contemporáneos (aunque también tocaba a Beethoven a Mozart. Sin embargo, lo más común era que lo que se acababa de escribir se tocaba prácticamente de manera inmediata”.

Esto cambió paulatinamente al grado de que ahora “se toca más música de otros siglos que música contemporánea. Eso ha dado un auge a festivales donde no se escucha la música de nuestros días. Es un fenómeno curioso. Considero que, en general, cualquier intérprete debe tener un compromiso con su tiempo, lo que implica estar al tanto de lo que se está escribiendo, de las corrientes y los autores y tener este espacio para tocar esta música”.


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