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Orfandad

Hombre de celuloide.

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Hace años, un guionista me dijo que quería escribir una película “basada en la poesía de la vida cotidiana”. Pensé que para eso tendría que vivir mucho más. Al menos tanto como Kore–Eda Hirokazu quien en Umimachi Diary desarrolla una historia que, si no hubiese sido realizada por un hombre con tanta experiencia, no pasaría de telenovela en japonés. La película está basada en un shōjo (cómic para chicas) y desde el título uno tiene la impresión de que aspira a ser lo que en Estados Unidos llaman un chick flick. Pero no. Hirokazu trasciende los clichés con sensualidad propia del cine oriental. Como Kim Ki–duk en Las estaciones de la vida, retrata no solo el cambio en el paisaje a lo largo de un año, también las costumbres, la comida y todo lo que hace que a los humanos nos guste vivir. Además, el realizador imprime en esta historia búsquedas personales: los padres ausentes, la orfandad.

En 2004 Hirokazu se hizo famoso con Nadie lo sabe, historia de un niño de doce años que vivía con su madre y sus hermanos en un pequeño y caluroso departamento de Tokio en el que estaba prohibido tener niños. La madre deja de venir un día, de modo que Akira debe cuidar a sus hermanos y permanecer escondido en el departamento. Nadie lo sabe es el equivalente japonés de Los olvidados en México o Pixote en Brasil. En Umimachi Diary, Hirokazu usa el mismo tema, pero con perspectivas muy diferentes: las hermanas Koda han sido abandonadas por sus padres, pero han llegado al inicio de la edad adulta sin grandes traumas. De hecho, la vida de las muchachas es suficientemente buena como para compartirla con la hermana del título, una chica que hace catorce años tuvo su padre en un lejano pueblo japonés. A pesar del tema, Umimachi Diary ofrece una visión rosa del mundo, de modo que incluso los pleitos familiares tienen sabor a manga japonés. En esta película lo que más importa es la imagen: los retratos de las niñas, la pulsión que brilla en los ojos del muchacho que se enamora de la protagonista, las fiestas con sus hermanas.

Visto que el material original se sigue publicando en Japón no es de esperar que la película marche hacia un sitio claro. En realidad los personajes no terminan por crecer. Así, aunque tocan a menudo el tema de la muerte, no se mueven. Pareciera que las escenas, lejos de estar tejidas con base en suspenso, son un desfile de haiku en que el director se detiene a admirar cómo florecen los cerezos o cómo se marcan las huellas de estas hermosas niñas en la arena gris. El Tokio de Nadie lo sabe ha quedado lejos; en Umimachi Diary la vida se disfruta en un pueblo donde las chicas usan vestidos tradicionales para ir al mar a ver los fuegos artificiales. Esta película de Kore–Eda Hirokazu me ha recordado una obra sueca que se llamó Mi vida como perro. La dirigía Lasse Hallström y en ella el niño abandonado por sus padres se hacía con una nueva vida en el campo; una nueva familia en la que reencontraba su infancia: jugando futbol y viendo caer las hojas de los árboles.

Nuestra pequeña hermana (Umimachi Diary). Dirección: Kore-Eda Hirokazu. Guión: Kore-Eda Hirokazu basado en el manga de Akimi Yoshida. Con Haruka Ayase, Masami Nagasawa, Kaho y Suzu Hirose. Japón, 2015.

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