Los opuestos se atraen

La niñez de los personajes trasciende; es una infancia que oscila entre la locura y la barbarie.
Atracción de los polos.
Atracción de los polos. (Especial)

México

Leonel e Irina son personalidades diferentes, apenas conectadas por lo que son: él es un albañil que trabaja en el futuro restaurante que quiere poner ella. Desde el principio nos damos cuenta de que son opuestos y por eso se atraen, lo que provoca una serie de “explosiones” emocionales que trastocan el sentido cotidiano de su existencia.

La niñez de los personajes trasciende; es una infancia que oscila entre la locura y la barbarie; a él, su padre lo obligó a matar a su mascota porque lo importante en la vida es no aferrarse a nada; a ella, su madre la encerró en un armario por ser una comedora compulsiva, cuando un desconocido entra a casa y la asesina.

La construcción de personajes nos atrapa: Irina es independiente, con un objetivo fijo: su restaurante de buena comida, es el sustento de su casa y de su perro —al que adora—, le gusta vestir bien y comer mejor y, además, es una buena clarinetista; es ella la que hace de Leonel un tipazo para intercambiarlo con Clemente y Marlene, una pareja swinger, pero Leonel aguanta el juego, su mirada torva, revela un comportamiento enfermizo.

Los opuestos se atraen en cualquier condición, es una ley científica; en la película es una especie de malestar natural: entre más se odian, más dolorosa resulta la separación. Entonces descubrimos que a Irina le place sufrir, cuando Leonel sale de casa, ella lo sigue como un sabueso para enterarse de lo peor.

¡Bravo por el tono! En ese momento el espectador cree que es tiempo del melodrama, que Irina lo va a correr de su casa, pero el silencio se vuelve un leitmotiv porque es mejor no reclamar nada para que el reencuentro sea más hedonista. Es el momento en que el misterio y la alucinación adquieren fuerza: una de las amantes de Leonel ha sido asesinada y el perro de Irina habla. Esa atracción de los opuestos convierte los acontecimientos en golpes de efecto bien estructurados en el suspenso por los autores, y por eso queremos saber qué va a suceder.

Lo valioso de esta producción mexicana de cine independiente es el experimento del guionista y realizador: decidieron jugar con la historia para obtener un resultado ambivalente, y por un lado respetan las claves dramáticas, pero también se dan el lujo de traicionarlas, como en la escena implícita de zoofilia. Los autores logran un entretenido y delirante thriller-erótico-policiaco con lúdicos toques de surrealismo.

Polos se estrenó ayer en la cadena de Cinemanía en nuestra ciudad y en el interior de la República. No se la pierda.

 

“Polos” (México, 2013), dirigida por Alan Coton, con Iván Arana y Aline Marrero.